Artículo de reflexión derivada de investigación
Entre el cuerpo enfermo y el cuerpo excripto en la novela Vista desde una acera de Fernando Molano Vargas
Between the sick body and the body exscribed in the novel View from a Sidewalk by Fernando Molano Vargas
Recibido: 11 de julio de 2024 / Aceptado: 27 de noviembre de 2024 / Publicado: 17 de diciembre de 2025
Carlos Andrés Gallego Arroyave
Forma de citar este artículo en APA:
Gallego Arroyave, C. A. (2025). Entre el cuerpo enfermo y el cuerpo excripto en la novela Vista desde una acera de Fernando Molano Vargas. Poiésis, (49), 66-77. https://doi.org/10.21501/16920945.5026
Resumen
Este artículo tiene el objetivo de analizar la novela Vista desde una acera de Fernando Molano Vargas a partir del discurso en torno al SIDA, la homosexualidad y la experiencia corpórea, para una reivindicación del cuerpo a través de la lente de la corporeidad vivida y la expresión narrativa. Basándose en la fenomenología de Maurice Merleau-Ponty y en el concepto de cuerpo narrado de Jean-Luc Nancy se explica cómo el compromiso de los protagonistas de la novela con la literatura les sirve como medio para reclamar el hacer sobre sus cuerpos; trascender el estigma social y reafirmar su existencia en el mundo. A través de la exploración de corporalidades pasadas y presentes, Vista desde una acera celebra, en última instancia, el poder transformador del amor, el lenguaje y la narrativa en la conformación y reivindicación de identidades corporales.
Palabras clave:
Cuerpo narrado; Cuerpo vivido; Estigma social; Fenomenología; Homosexualidad; Identidades corporales; SIDA.
Abstract
This article proposes to analyze the novel Vista desde una acera (View from a sidewalk) by Fernando Molano Vargas as from AIDS’s, homosexuality and corporal experience discourses, to be able body’s vindication through becoming of the lived corporeity and narrative expression. Based on Maurice Merleau-Ponty’s phenomenology and narrated body as Jean Luc Nancy’s concept, is explained how main characters of the novel and their commitment with literature, it helps them as a medium to claim their act on own bodies; to transcend social stigma and reaffirm their experience of world. Through past and present corporalities’s exploration, Vista desde una acera celebrates, in last, transformer power of love, the language’s and narrative’s in structuring and vindicating corporal identities.
Keywords:
AIDS; Body identities; Homosexuality; Lived body; Narrated body; Phenomenology; Social stigma.
Introducción
Sobre Vista desde una acera
Vista desde una acera puede catalogarse, al igual que Un beso de Dick, como una novela de culto, a pesar de la enorme difusión que comenzó a obtener dicha obra a partir de la primera edición en 2012. Se cataloga como de culto por el proceso de escritura, puesto que Fernando Molano (1961-1998), escritor bogotano, constituye la narrativa de la obra entre inconvenientes económicos y corporales que le impedían una concentración y atención profunda a cada detalle plasmado en su máquina de escribir:
Durante más de dos años se dedicó a escribir su segunda novela en un apartamento de la calle 45 con carrera 16 con un computador que le habían regalado sus amigos de universidad. Para cumplir con los requisitos de dicha beca, y acosado por la enfermedad, tuvo que entregar una copia en 1997, la cual tenía varios errores. (Urrea Ramírez, 2018, p. 91)
El tema de la homosexualidad en Vista desde una acera, la difusión entre diversos círculos intelectuales y demás público, y, esencialmente, el proceso de escritura, la pérdida del manuscrito dentro de los archivos de la BLAA y posterior descubrimiento llevan a la novela ya citada ser una obra excelsa, pura y profunda. La novela de Molano narra con decisión el amor puro de dos jóvenes universitarios entregados a la literatura. Entre Fernando y Adrián surge un vínculo transparente, pero ante los principios morales de las sociedades occidentales esta relación se considera un accionar contraproducente dentro de las dinámicas socioreligiosas. Sin embargo, los personajes principales ignoran diversos señalamientos familiares, médicos y académicos constituyendo, entonces, una verdadera historia de amor. Dentro de la narrativa surge un pasado donde el narrador-personaje (Fernando) describe con delicadeza la infancia y juventud tanto de él como de su amigo Adrián. Además, del paulatino encantamiento que sienten los dos por la literatura. Se construye, así, un vínculo amoroso que propicia el acontecer de la enfermedad de Adrián a través de unas “Escenas para un diario” que inicia el 15 de abril de 1988 y finaliza el 15 de junio del mismo año.
El tiempo presente de la narración, que se expone en forma de Diario, constituye el proceso de enfermedad que enfrenta Adrián. Esta forma narrativa, que tiende a ser angustiosa, no debe evidenciar totalmente de esta manera, sino que dicha escritura se rige y fundamenta en el pasado de Adrián, por lo que la exposición de sensaciones y el deseo constante entre los dos anula por momentos la muerte a causa del SIDA que atormenta y aflige a Adrián:
Igual que desaparece este bobo sueño de morir en el mar en este suspiro que suelto: estamos en el salón de un hospital; esa palabra en el papelito del sobre no es la última palabra del final. Sólo que este libro no se puede cerrar. (Molano Vargas, 2020, p. 19)
La novela juega constantemente con los tiempos de los personajes, puesto que el presente se entromete en la narración del pasado o viceversa. No obstante, este acontecer del presente en medio del pasado arroja una reivindicación significativa del cuerpo no como elemento mecanicista, ni como noción peyorativa a causa de la tradición platónica y cartesiana, la corporeidad manifestada en Vista desde una acera “habita el espacio y el tiempo” (Merleau-Ponty, 1994, p. 156). La corporeidad en la novela de Fernando Molano exige una comprensión aislada de categorizaciones médicas o sociales que impiden una percepción del cuerpo como plena experiencia humana y vivencial. Las constantes críticas del narrador ante la moral cristiana, la sociedad occidental y las instituciones médicas respecto al homosexual y el cuerpo-enfermo dan cabida a una concepción del cuerpo como conciencia que no solo piensa, sino que también imagina, reflexiona, siente y conoce. La percepción vivida y experiencial del cuerpo, y su relación con el mundo —ser-en-el-mundo—, se logra, también, por medio del lenguaje, dado que este le permite a lo corporal referenciarse a sí mismo y ante las demás corporeidades. El lenguaje verbal y escrito posibilita al cuerpo considerarse como propio y vivo; es por esto que, en Vista desde una acera, el lenguaje verbal a través del roce y el sexo deviene corporalidad al igual que el placer literario —lenguaje escrito— que sienten Fernando y Adrián.
Por lo tanto, los siguientes apartados se concentrarán, primero, en cómo el SIDA en la literatura se posiciona como acontecimiento discursivo y epistémico, y segundo, detallar cómo en Vista desde una acera la enfermedad de Adrián produce rechazo y estigmatización que deviene en la construcción discursiva de lo “otro” y lo “extraño”. Esto conlleva a que se presente dentro de la novela la significación del cuerpo-objeto ante la negligencia y ausencia de discurso médico y científico respecto al SIDA. No obstante, el propósito imprescindible de este escrito es la manera como la novela reivindica el cuerpo y elimina la idea de cuerpo-objeto a partir de la noción de cuerpo vivido que el narrador afronta ante la enfermedad de Adrián y cómo, por medio del dolor y el sufrimiento, se poetiza el cuerpo que se narra constantemente (excriptura)1.
Entre el SIDA como acontecimiento y el cuerpo desencarnado2
El tiempo presente de Vista desde una acera, es decir, las “Escenas para un diario” que aparecen en la novela son los momentos en los que el discurrir vivencial de Adrián con SIDA lleva a que la enfermedad se convierta en un acontecimiento dentro de diversos espacios médicos y académicos. Como lo arguye Alicia Vaggione (2013), el SIDA durante la década de los ochenta en las sociedades occidentales se convierte en “irrupción/aparición” y, además, en un acontecimiento discursivo que se inscribe en lo historiográfico, filosófico, ético y, sin duda, en lo literario (p. 29). El acontecimiento de la enfermedad causa modificación en el devenir histórico lo que lleva al ser humano a reformar hábitos y discursos que, supuestamente, ya estaban consolidados. De alguna manera el acontecer del SIDA en los ochenta “desestabilizó a la comunidad médica y científica que parecía haber detenido las grandes enfermedades infecciosas del pasado” (p. 29).
En Vista desde una acera, en las diferentes fechas del Diario que narran el proceso de enfermedad de Adrián surge un constante malestar y sorpresa por la insuficiencia discursiva de las instituciones médicas para comprender notablemente las dolencias del personaje: “Bueno, ya sabemos lo que sucede; pero nadie parece saber qué hacer; ni siquiera ese gastroenterólogo lo sabe, con todos los títulos que tiene . . . Nunca me sentí más decepcionado de los avances médicos de este siglo.” (Molano Vargas, 2020, p. 49). La aparición de una enfermedad de forma improvista produce conmoción y, además, genera una diversidad de lenguajes y discursos que producen un decir ambiguo. De alguna manera, el acontecimiento del SIDA constituyó diversidad de afirmaciones e hipótesis que establecen, en consecuencia, imaginarios y metáforas donde el cuerpo-enfermo se etiqueta y estigmatiza, evidenciando “la separación fundamental entre un «nosotros» y los «enfermos», en tanto «otros»” (Kottow, 2018, p. 248). La metaforización del SIDA acaece ante la necesidad de preservar, dentro de las sociedades occidentales del siglo XX, la normalidad y sanidad de las dinámicas sociales, por lo que aquella enfermedad se posiciona fuera del centro de las ciudades y países como sucedió con la peste. Por esto, los discursos biopolíticos tienen como “imperativo número uno, cercar la enfermedad, encerrarla, resguardando de este modo un espacio saludable, libre, de ello” (Kottow, p. 249).
Por otro lado, y conectado con el elemento del SIDA, la construcción homosexual dentro de Vista desde una acera también refiere un efecto de estigmatización y configuración de la otredad ante un ambiente social, político y económico que impide la inclusión a lo que puede denominarse como dinámicas normales o sanas. El amor homosexual descrito en la novela es constantemente mutilado por los señalamientos dentro de la familia, las instituciones académicas, religiosas y médicas. Álvaro Urrea (2018) en su tesis sobre la obra de Molano sostiene que “los homosexuales deben hacer frente a sus familias, a la religión, al estigma social e incluso a las dificultades económicas derivadas de todo esto: factores que atraviesan la obra de Molano” (p. 98).
Vista desde una acera realiza un proceso de exposición constante de corporalidades que se configuran a partir de los espacios y relaciones sociales en los que se exponen dichos cuerpos. Con el fin de llevar un proceso que alcance el objetivo del texto, esta pequeña sección mostrará cómo en la novela debido a la enfermedad y condición sexual de Fernando y Adrián se establece una estigmatización y etiqueta que lleva al cuerpo de los personajes a considerarse como objeto. Maurice Merleau-Ponty (1994) anuncia con contundencia que “el cuerpo no es, pues, un objeto exterior cualquiera” (p. 110), esto dentro de la fenomenología merleau-pontyana es la base para comprender el cuerpo como una apertura al mundo; un estar en este. Merleau-Ponty concibe el cuerpo-objeto como una relación exterior y mecánica entre cosas; no surge en este caso lo vivencial o experiencial que pueda tener el cuerpo ante su relación con el mundo. Esto es, sin duda, la noción cartesiana de situar el cuerpo como simple fragmento de la res extensa. La pretensión de Merleau-Ponty es poner en cuestión la idea de cuerpo-objeto, puesto que esta escinde la corporeidad en dos partes: Por un lado, la conciencia percibe el mundo por medio de ideas claras y distintas; y por otro lado, acontece la exterioridad del cuerpo que estudia y se relaciona con los objetos físicos3. Se acude a esta idea merleau-pontyana del cuerpo-objeto para fijar una presencia, en Vista desde una acera, del cuerpo como cosa que se relaciona de forma mecánica con los demás elementos exteriores debido a la deshonra que produce ser homosexual.
Durante la novela surgen acciones y espacios que muestran los cuerpos de Fernando y Adrián como simples objetos, simples artefactos mecánicos nulos de sensaciones. El inicio narrativo de la fecha “Abril 21” puede significar en la totalidad cómo las diferentes dinámicas sociales eliminan el sentir del cuerpo a través de la etiqueta, la marca de homosexual:
En fin, creo que nunca dejarán de castigarme por ser un marica; y el látigo siempre golpeará donde es más frágil mi piel. O donde la tenga herida, como ahora. Y habrá de ser así hasta el fin, me digo. Tan sólo no me acostumbro a la vulgaridad con que este mundo les manda a los perseguidos sus zarpazos de perro ciego. (Molano, 2020, p. 77)
Este fragmento puede catalogarse como un todo ante la concepción que se presenta de cuerpo-objeto en la novela, puesto que el narrador-personaje inserta a la historia sucesos diversos en los que se exhibe una anulación del cuerpo como experiencia vivencial; el rechazo, la soledad, la negligencia institucional y el juicio moral hacen que Adrián y Fernando se conviertan en cosas:
Cuatro estudiantes han entrado hace un rato y se han plantado junto a la camilla como si estuviesen velando a un muerto, mientras me miraban a mí como si yo fuese una especie de escultura traída de las ruinas de no sé qué planeta: de pies a cabeza me han mirado. (Molano, 2020, p. 52)
Cuando estoy aquí, solo, puedo ser como me gusta, y puedo hacer como me gusta. Afuera sólo puedo ser como les gusta a las personas. Por eso gusto de mi cuarto. Y cada vez estoy más sólo en él. (p. 110)
Del cuerpo enfermo al cuerpo vivido
El apartado anterior se concentró en la manera como Merleau-Ponty construye un aparato teórico que le permitiese eliminar la idea del cuerpo como objeto y su fisiología mecanicista, y conectado con esto, en la forma como el narrador de Vista desde una acera afronta las consecuencias de la homosexualidad dentro de una sociedad regida por principios excluyentes. El cuerpo-objeto en la obra literaria se presenta en varias situaciones públicas y privadas de Adrián y Fernando afectando la experiencia corporal de estos, y se extrema a una posición de incapacidad de sentir y relacionarse con otro que permita congregarse a un nosotros.
Ahora bien, como se mencionó, la novela de Fernando Molano representa no solo una noción de corporeidad, sino que entre el pasado y el presente se vislumbran diversos cuerpos en los personajes principales que se van configurando a través de la niñez, la adolescencia, el amor, la enfermedad, el temor, el sexo y la desgracia. En este caso es primordial percibir cómo, dentro de la novela, la presencia del cuerpo-enfermo —el de Adrián— conlleva paulatinamente a rememorar sucesos gratos e imprescindibles del pasado que, en consecuencia, constituyen la presencia del cuerpo vivido; de un cuerpo propio que habita espacio y tiempo, en que se-es y se-está en el mundo. En este sentido, Merleau-Ponty (1994) afirma que:
Otros enfermos, por el contrario, pierden su mundo en cuanto los contenidos se desvanecen, renuncian a su vida habitual antes de que ésta se haya vuelto imposible, se vuelven enfermizos antes de serlo y rompen el contacto vital con el mundo antes de haber perdido el contacto sensorial. (p. 99)
Esta sentencia del pensador francés acude a la problematización del cuerpo-enfermo como cuerpo-objeto debido a las insuficiencias fisiológicas que pueda padecer el cuerpo debilitado. No obstante, Merleau-Ponty (1994) sostiene que el cuerpo-enfermo sigue permaneciendo en el mundo: “es el vehículo del ser-del-mundo, y poseer un cuerpo es para un viviente conectar con un medio definido” (p. 100). El cuerpo-enfermo no debe desahuciarse, ni fijar una barrera ante lo vivencial, puesto que el juego del lenguaje médico creará la imagen del cuerpo en idea fragmentada dentro de un territorio de conocimiento científico que infringe la relación hombre-mundo:
Todo el sistema científico de interpretación que inaugura la medicina moderna verá a la estructura corporal como una cosa fragmentada, un territorio de conocimiento en el que existen parcelas claramente definidas: lo biológico, lo químico, lo fisiológico, lo mental, etc. El hombre y sus deseos, dolencias y emociones serán solo un epifenómeno. (Estrada, 2012, p. 282)
La construcción del cuerpo-enfermo en Vista desde una acera se trabajó en el apartado anterior a partir de la noción de cuerpo-objeto debido a la irrupción/aparición del SIDA que deviene acontecimiento y, en consecuencia, causa procesos de exclusión y estigmatización evidente. Sin embargo, dentro de las “Escenas de un diario” también surge un cuerpo-enfermo que a pesar del dolor y los malestares mantiene un contacto íntimo con el mundo y con los demás cuerpos. Como lo arguye Merleau-Ponty “el enfermo tiene consciencia del espacio corpóreo” (1994, p. 121), por lo que esta fenomenología de la enfermedad propicia que se exalte una interioridad y exterioridad del cuerpo, en el sentido que a pesar de las aflicciones y dolores que produzca la enfermedad no se concreta un aislamiento de la corporalidad como ser-del-mundo. A pesar de la diarrea, de los fuertes dolores de cabeza, las fiebres, la pérdida de peso corporal y los ataques epilépticos no surge una fragmentación en el cuerpo de Adrián; si bien aparece el deseo de muerte en la fecha de “Junio 15”, el estar-en-el-mundo perdura gracias al contacto con otro cuerpo —el de Fernando— verbal como sucede en los sucesos de “Mayo 17”:
•Venga, recuéstese aquí conmigo —me dice —, sirva de algo.
•Hoy está de gracioso. No sé por qué. No sé cómo puede.
•¿No dice que le duele mucho? —le digo mientras me tiendo a su lado.
•Sí, quédese calladito.
•…
Es un dolor… que… va subiendo… y subiendo… Despacito… Hasta que ya no lo soporto más… Y entonces se va… No digo nada. Mientras me pasa… (Molano Vargas, 2020, p. 130).
Lo verbal también concede lo sexual y de alguna forma es una reivindicación del cuerpo que está en el mundo y que experimenta y siente:
•Listo: ¿qué quiere, pues?
•No… sé… ¿Qué quiere usted?
•No, lo que quiera usted.
•Yo quiero darle
•¿Sí? ¿No se pondrá más débil?
•Demás… Pero después usted me va a hacer un chocolate, ¿no?
•Sí, yo le haré un chocolate, arrechito.
A partir de esta ejemplificación del cuerpo-enfermo por medio de la fenomenología merleau-pontyana y, acto seguido, la presencia de un cuerpo-enfermo relacionado con el mundo en Vista desde una acera puede lograrse, entonces, una transición —o transformación, también— a un cuerpo propio o vivido como lo expone el fenomenólogo francés: “Ya se trate del cuerpo del otro o del mío propio, no dispongo de ningún otro medio de conocer el cuerpo humano más que el de vivirlo” (1994, p. 213).
El cuerpo vivido como experiencia y vivencia dentro de la narrativa de Vista desde una acera no debe comprenderse solo como una postura optimista del vivir, también las angustias, los malestares, crisis y problemas llevan a Fernando y Adrián a constituirse como cuerpos propios y puestos en el mundo; las infancias de ambos que fluctúan en lo grato y despreciable, el despertar sexual de ambos en el que surgen, además, momentos memorables y desagradables permiten que el cuerpo vivido en la novela de Fernando Molano sitúe en un plano irrelevante la noción de cuerpo-objeto que ya se trabajó. Sin embargo, el elemento crucial que proyecta la novela para una presencia trascendental del cuerpo vivido es el amor; es indiscutible que el amor en Vista desde una acera se torna el eje principal que le permite a Adrián y Fernando constituirse como cuerpos propios:
Para Molano el amor es solo uno y no importa si se da entre un hombre y una mujer o entre dos hombres o entre cualquier par de individuos; en él todos tienen cabida, y actúa casi que por azar, como si fuera un feliz accidente del que no se pueden culpar a sus participantes. (Urrea, 2018, p. 98)
Además, el amor que profesa la novela no se sustenta en lo idílico, sino que debe atravesar cantidad de obstáculos sociales (homofobia, pobreza, rechazo, enfermedad, y así sucesivamente), pero que, a pesar de estar truncado, se alcanza a concretar y sentir: “Bueno, creo que todo aquello, por fin, era como el amor” (Molano, 2020, p. 208). El vínculo entre Fernando y Adrián se torna desde su primer encuentro e inmediato momento sexual (pp. 203-204) hasta la fecha “Junio 15”, una completa exaltación de afrontar el amor con respeto y un deseo a que sea reconocido ante las estructuras sociales:
Nunca nadie me había azotado tan fuerte. Y jamás nadie me cogería con tanta violencia. Y después… no sé, nadie me trató jamás con una ternura más grande. Lo juro. Era como vivir, en verdad vivir, todo mi sueño.
El sueño de ser de alguien que de verdad me amara. (2020, p. 233)
El cuerpo que (se) narra
Luego de haber logrado un recorrido por la fenomenología merleau-pontyana para comprender el proceso de reivindicación del cuerpo en las sociedades occidentales y, esencialmente, entender la diversidad de cuerpos que se encuentran en la historia de Vista desde una acera, se llega, entonces, al punto esencial del trabajo a partir de la lectura y hermenéutica literaria que puede desarrollarse en la obra de Molano. Dicho factor relevante en la segunda transición que se establece en la novela en cuanto a la noción de cuerpo, es decir, el cuerpo vivido a partir del amor en los personajes principales trasciende a un cuerpo que escribe y se escribe; la presencia del lenguaje poético en las vidas de Fernando y Adrián dan cabida a una exaltación superlativa del cuerpo, puesto que no solo se vivencia el cuerpo por medio del propio lenguaje verbal, sino que el lenguaje escrito posee un espacio adecuado dentro de la consolidación del cuerpo propio.
Jean-Luc Nancy (2003) en su obra Corpus afirma con contundencia: “Que se escriba, no del cuerpo, sino el cuerpo mismo. No la corporeidad, sino el cuerpo. No los signos, las imágenes, las cifras del cuerpo, sino solamente el cuerpo.” (p. 11). La relación cuerpo-lenguaje tiene como objetivo la recuperación del mismo cuerpo ante las dinámicas contemporáneas que abstraen y derrumban al cuerpo experiencial y vivencial. Es por esto que Nancy en Corpus recurre constantemente al cuerpo narrado4 que se vuelca intensamente al exterior a pesar de su precariedad y finitud; precisamente al cuerpo narrarse se perpetúa y concibe como una “exposición infinita de la existencia” (Vásquez Rocca, 2012, p. 67). Nancy por medio de la escritura reconstruye al cuerpo que se halla desprendido y escindido del mundo, es decir, para el filósofo francés no interesa el cuerpo de ideas y conceptos claros, sino la propia piel del hombre.
Por lo tanto, la escritura, el narrar(se) toma relevancia en Vista desde una acera porque, tanto Fernando como Adrián hallan en el leer y el escribir el ubicarse en el mundo —ser-en-el-mundo—, brinda una exterioridad de la vida del individuo. Sin duda Molano comprende, al igual que Nancy, la necesidad de exteriorizar por medio de la excriptura las diversas sensaciones que produce el cuerpo al estar sumergido en el mundo:
Pero verán, al intentarlo, sólo me salía escribir acerca de lo único por lo que para mí la vida, mi vida, tenía algún sentido: que un hombre me tomara y me guardara entre sus brazos, para decirlo con palabras lindas. (Molano, 2020, p. 147)
Es indiscutible que Vista desde una acera, tanto en la narración del pasado como en las escenas del presente, posiciona el lenguaje literario, el narrar —escribir y leer—, en un sitio valioso; Fernando Molano comprendió cuán necesario es el decir escrito para expresar lo indescifrable del cuerpo. Y según Álvaro Urrea, este decir escrito entre Fernando y Adrián puede concebirse como ridículo, empero, es “un modo de expresar aquello que no puede ser nombrado, sino que debe ser sentido y que expresa no solo un compromiso, sino una conexión profunda entre los dos sujetos que participan de tales actos” (Urrea, 2018, p. 108). El cuerpo-enfermo y vivido deviene cuerpo escrito; el acercamiento de los personajes principales a la literatura y sus estudios en Letras ofrecen, de alguna forma, la reconstrucción de sus cuerpos. El amarse y amar el lenguaje literario permiten en Adrián y Fernando que la fragmentación que produce el señalamiento social por ser homosexuales se vuelve asunto fútil en su estar en el mundo:
Pero hubo un día en que, caminando calles, él dijo que me había traído un regalo.
—A ver mis chocolates —le dije pensando en chocolates.
—No, no son chocolates. Es una cosa que escribí cuando estaba en el INEM —me dijo—. Se la escribí a alguien que no existía, pero yo creía que un día iba a llegar y yo creo que ya llegó y es usted. Y sacó del bolsillo un librito hecho a mano y escrito a mano, con nueve poemas de amor. De lo más cursi, de lo más hermosamente cursi. Y tenía una dedicatoria: “A Fernando: mi cómplice, mi mejor amigo, mi amante perfecto”. Dos días después, en represalia, yo le regalé algunos míos que también había escrito para otros que no eran él, pero que de algún modo tampoco eran ellos mismos (Molano, 2012, pp. 207-208).
Los cuerpos escritos, según Nancy, son concretos y reservados, y a pesar los malestares que produzca el estar de alguna manera debe poetizarse ese dolor para lograr una reconstrucción y percepción total del cuerpo. El ensayo escrito por Fernando y Adrián intentando definir la poesía es la expresión pura y bella de una experiencia corporal dirigida por la narración, puesto que el detenimiento y análisis profundo de los personajes para comprender la poesía permitió la excripción de las emociones de los cuerpos que produce el lenguaje poético.
. . . o en el leve giro de una mirada que embruja y nos deja a punto de caer en el amor, y en todas las cosas que en amor o en dolor, amargura o gozo, vienen a nosotros tocadas por el encanto de lo que simplemente es bello: la poesía está. (Molano, 2020, p. 247)
Consideraciones finales
Durante todo el escrito se construyó una conversación entre cuerpos del pasado y el presente en Vista desde una acera; una conversación que permitió evidenciar las transiciones de corporalidades de Fernando y Adrián, puesto que la estigmatización, por ser homosexual o contraer SIDA, fragmenta el cuerpo y lo arroja a definirlo como un objeto más. No obstante, Fernando Molano comprende la necesidad de recomponer la visión de cuerpo homosexual y a través de la obra el narrador afronta, con decisión, la enfermedad de Adrián y convierte a este cuerpo enfermo en símbolo de actividad y vida, por lo que hay un juego constante entre cuerpo-enfermo y cuerpo vivido o propio, puesto que Adrián no se escinde ni crea una barrera ante el mundo. Y, por último, este estar-en-el-mundo propuesto por Merleau-Ponty se concreta en el vínculo cuerpo-lenguaje que surge en las vidas de Fernando y Adrián; la pasión por la literatura lleva a estos cuerpos a la excripción constante de sus emociones y sensaciones lo que precisa, entonces, la presentación de un cuerpo escrito, puesto que narra y se narra para sumergirse en la realidad y mantener el cuerpo propio y unido.
Conflicto de intereses
El autor declara la inexistencia de conflicto de interés con institución o asociación comercial de cualquier índole.
Referencias
Estrada, D. A. (2012). Hacia una fenomenología de la enfermedad. Iatreia, 25(3), 277–286. https://doi.org/10.17533/udea.iatreia.12416
Kottow, A., (2010). El SIDA en la literatura latinoamericana: prácticas discursivas e imaginarios identitarios. Aisthesis, (47), 247-260. https://revistaaisthesis.uc.cl/index.php/RAIT/article/view/3300/3134
Merleau-Ponty, M. (1994). Fenomenología de la percepción. Planeta-De Agostini.
Molano Vargas, F. (2020). Vista desde una acera. Seix Barral.
Nancy, J.-L. (2003). Corpus. Arena Libros.
Urrea Ramírez, Á. D. (2018). “Rome y Pablito”. La construcción discursiva del sujeto amoroso homosexual en la obra de Fernando Molano [Trabajo de grado, Pontificia Universidad Javeriana. Repositorio Pontificia Universidad Javeriana.
Vaggione, A. (2013). Literatura / enfermedad. Escrituras sobre sida en América Latina. Centro de Estudios Avanzados. Universidad Nacional de Córdoba.
Vásquez Rocca, A. (2012). Ontología del cuerpo y estética de la enfermedad en Jean-Luc Nancy; de la téchne de los cuerpos a la apostasía de los órganos. Nómadas. Critical Journal of Social and Juridical Sciences, 34(2), 1-26. https://doi.org/10.5209/rev_NOMA.2012.v34.n2.40746
Nota de autor
Carlos Andrés Gallego Arroyave
Candidato a Doctor en Español: Lingüística, Literatura y Traducción, Universidad de Valladolid. Docente de la Facultad de Educación y Humanidades de la Universidad Católica Luis Amigó, Medellín-Colombia. Contacto: carlos.gallegoar@gmail.com
1 La excriptura o excritura en/del cuerpo es un ejercicio de deconstrucción socio-ontológico, es decir, la relación cuerpo-mundo-escritura permite que el último elemento de esta tríada sea exposición patente (total) en el mundo donde el cuerpo desconfigura del marco (orden) social y genera una nueva manera de percibir el cuerpo. En esencia, la excriptura acude a una nueva manera de sentir y anudar lo corpóreo.
2 La “desencarnación” se percibe como una separación entre cuerpo y alma. Empero, en el contexto de este trabajo es importante asumir el cuerpo desencarnado en dos matices: Primero, el SIDA como significación de una otredad anulada y eliminada por Otro ideológico, lo que lleva al segundo matiz y es en relación con el cuerpo excripto; al generarse una desencarnación por una enfermedad “demoníaca” el cuerpo se deconstruye y produce nuevos sentires y experiencias a través de una reconfiguración ontológica.
3 Es menester aclarar la noción de “corporeidad” en cuanto la pretensión fenomenológica y ontológica de dicha noción. Puede acudirse que dentro del vitalismo nietzscheano y el historicismo de Dilthey se comprende al cuerpo como una experiencia lo que permite, entonces, la corporeización de dicha acción en un mundo (naturaleza). Con los inicios de la fenomenología clásica, Husserl asume el cuerpo fenomenológico como manifestación patente —vivida— de los procesos consciente del ego cogito. En este sentido, Heidegger asume el cuerpo (Leib) como manifestación fáctica y auténtica del Dasein; el “corporeizar” (Leiben) del Dasein es la presencia de ser-en-el-mundo. Y con Merleau-Ponty la “corporeidad” es la experiencia auténtica que se tiene con el espacio y con los objetos y otros cuerpos que habitan ese espacio.
4 El “cuerpo narrado” se puede establecer desde dos miradas filosóficas: Primero, con Ricoeur puede establecerse que la vida narrada es aquella que tiende a una configuración metafórica con la historia narrada (texto); esto propicia, entonces, asumir la vida como relato en cuanto la ficción se conjuga con la vida biológica. Por otro lado, con Nancy la escritura del cuerpo —o cuerpo narrado— no deviene una subjetivación o interpretación de lo que pueda significar, más bien se establece un “hacia afuera” donde la excriptura es un límite que posibilita una práctica o experiencia corpórea.