Artículo de investigación científica y tecnológica
La conexión constante: vínculo existencial contemporáneo de los adolescentes1
The constant connection: contemporary existential bond of adolescents
Recibido: 11 de junio de 2024 / Aceptado: 3 de agosto de 2024 / Publicado: 21 de julio de 2025
Juan Sebastián Marín Rodríguez, Vanessa Correa Arenas, Jennifer Herrera Quiceno y Maria Isabel López Muñoz
Forma de citar este artículo en APA:
Marín Rodríguez, J. S., Correa Arenas, V., Herrera Quiceno, J., & López Muñoz, M. I. (2025). La conexión constante: vínculo existencial contemporáneo de los adolescentes. Poiésis, (48), 90-109. https://doi.org/10.21501/16920945.5014
Resumen
La investigación aborda cómo la conectividad contemporánea puede generar crisis existenciales en adolescentes. Analiza cómo la interacción constante en línea influye en su desarrollo personal y percepción del mundo, destacando la conectividad y su impacto en la identidad y las relaciones. La investigación cualitativa fenomenológica describió experiencias de adolescentes asociadas a la conectividad. Se entrevistó a adolescentes y expertos, validando datos mediante triangulación. Se respetaron consideraciones éticas y confidencialidad, con participantes dando consentimiento informado para uso académico y científico. La conectividad oculta crisis existenciales en adolescentes, quienes buscan en la red ocio y validación social. Esto refleja sus malestares emocionales y puede llevar a frustraciones. Aunque la conectividad facilita la información y socialización, también genera dependencia, ansiedad y posibles crisis existenciales a partir de la forma como se gestionan las emociones y el tiempo. La conectividad en adolescentes enmascara crisis existenciales. A través del uso intensivo de redes sociales, expresan malestares emocionales, lo que puede llevar a frustraciones. La conectividad facilita tanto la socialización como el aislamiento, influyendo en su autoconciencia y vínculos interpersonales, y reflejando su búsqueda de sentido en un mundo digitalizado. La conectividad en adolescentes genera hábitos, prácticas y vínculos que impactan su identidad y bienestar, reflejando tanto aspectos positivos como crisis existenciales debido a la influencia y necesidad de conexión constante.
Palabras clave:
Adolescencia; Conectividad; Existencialismo; Psicología existencial; Redes sociales; Relaciones interpersonales.
Abstract
Introduction: The research addresses how contemporary connectivity can generate existential crises in adolescents. Analyzes how constant online interaction influences your personal development and perception of the world, highlighting connectivity and its impact on identity and relationships. Method: Qualitative phenomenological research described adolescent experiences associated with connectivity. Adolescents and experts were interviewed, validating data through triangulation. Ethical considerations and confidentiality were respected, with participants giving informed consent for academic and scientific use. Discussion: Connectivity hides existential crises in adolescents, who seek leisure and social validation on the Internet. This reflects your emotional discomfort and can lead to frustrations. Although connectivity facilitates information and socialization, it also generates dependency, anxiety and possible existential crises, based on the way emotions and time are managed. Results: Connectedness in adolescents masks existential crises. Through the intensive use of social networks, they express emotional discomfort, which can lead to frustrations. Connectivity facilitates both socialization and isolation, influencing their self-awareness and interpersonal ties, and reflecting their search for meaning in a digitalized world. Conclusion: Connectivity in adolescents generates habits, practices and bonds that impact their identity and well-being, reflecting both positive aspects and existential crises due to the influence and need for constant connection.
Keywords:
Adolescence; Connectivity; Existentialism; Existential psychology; Interpersonal Relations; Social networks.
Introducción
La idea de investigar el fenómeno contemporáneo de la conectividad y su manifestación a través de posibles crisis existenciales en las personas surge a partir de la pregunta sobre la necesidad que se tiene para permanecer conectados a la red. Esta necesidad, cada vez más imperante en la sociedad actual, parece estar vinculada a diversos factores emocionales y psicológicos que afectan profundamente, para este estudio en especial, a adolescentes entre los 15 y 17 años.
Al explorar cómo la constante interacción en línea puede influir en su desarrollo personal y en su percepción del mundo, se busca comprender las implicaciones de vivir en una era digital para los adolescentes. Según Acevedo (2015), al ser nativos digitales o tecnológicos, los adolescentes están rodeados de tecnología en los diferentes escenarios de su vida, a tal punto, que están inmersos en una hiperconectividad permanente; aspecto que enmarca un nuevo contexto tecnológico y generan la tendencia de convertir esta práctica en una actividad cotidiana (López Iglesias et al., 2023). Ante esto se pueden ocultar a nivel existencial la alienación del individuo, la pérdida de la profundidad en las relaciones interpersonales y una desconexión con la realidad interna y el entorno inmediato (Ostiz- Blanco et al., 2022).
Al pensar en la relación entre adolescentes, tecnología y conexión, surge en un primer momento la necesidad de comprender la idea de conectividad. Para Quan-Haase y Barry Wellman (2006), la conectividad está asociada al uso coordinado y sincronizado de varios medios y dispositivos de comunicación para mantenerse constantemente conectadas. Reig y Vílchez (2013) definen la conectividad como un estado en el cual las personas están constantemente conectadas a través de múltiples dispositivos y plataformas digitales, permitiendo una comunicación y acceso a la información de manera continua y en tiempo real.
Al entender estas definiciones, es claro que estos espacios virtuales generan una masificación del comportamiento, tales como: la necesidad de establecer contactos virtuales, procesos de identificación y reconocimiento, así como la integración social. Esto suscita el interrogante de si estas acciones están encaminadas a insertarse en una lógica existente para el otro, es decir, si buscan integrarse en una dinámica social preestablecida o si, por el contrario, están moldeando nuevas formas de interacción y conexión que pueden transformar las nociones tradicionales de socialización y pertenencia.
Ahora bien, al realizar la delimitación de la conectividad, es necesario acercarse al sentido que se les otorgan a las lógicas de esta. De acuerdo con Amichai-Hamburger y Etgar (2018), la población que utiliza internet tiende a hacerlo según sus preferencias personales y características de personalidad. En el caso de los adolescentes, que están en pleno proceso de formación de su personalidad y en búsqueda de alcanzar la madurez emocional y social, esto es especialmente relevante, debido a que encuentran en el mundo digital un espacio para explorar, vivenciar y expresarse de maneras que pueden influir significativamente en la construcción de una experiencia subjetiva que puede moldear su identidad en desarrollo y afectar profundamente su percepción del mundo y de sí mismos (Torralba, 2019).
La exploración y expresión en el mundo digital no solo influye en la construcción de la identidad del adolescente, sino que también despierta preguntas sobre su papel en este entorno virtual y su relación con el mundo real. En esa medida, Hanna Lavalle et al. (2020) argumentan que la adolescencia genera una transformación de pensamientos que hace cuestionarse a sí mismo por el lugar que ocupa en el mundo, en otras palabras, produce interrogantes acerca de la propia existencia. De acuerdo con Correa Bolívar (2017), “es en la adolescencia cuando la persona inicia a desarrollar la capacidad de ser consciente de su existencia en el mundo, capacidad que le permite construir y moldear su propia experiencia” (p. 3.). En esta etapa, entonces, surgen en los adolescentes preguntas como: ¿Quién soy?, ¿cómo soy? y ¿qué quiero hacer?, y al no tener respuesta a estos cuestionamientos puede desencadenar un sinsentido de su existencia. Según Ortega Allué (2011), “el adolescente se mueve entre el polo de la inestabilidad psicobiológica y la incertidumbre de su futuro aún brumoso” (p. 43).
Por lo tanto, se puede considerar que en la actualidad la conectividad engloba a todas las personas sin excluir edades. El entorno digital ha revolucionado el acceso y el intercambio de información, y por esa razón, según Ortega Allué (2011), las personas en la etapa de la adolescencia están habituados, desarrollan sus identidades personales, crean su propia cultura y tienden a pasar largos periodos de tiempo conectados a internet.
El atractivo de la hiperconectividad para los adolescentes se debe a la rapidez de las respuestas, las recompensas instantáneas, la interactividad y la posibilidad de realizar diversas actividades simultáneamente en múltiples ventanas, pues para los adolescentes actuales, vivir es estar enganchado a la pantalla y conectado a la red como una nueva forma de vida en medio de la conexión a la red (Lipovetsky & Serroy, 2009). Según Torralba (2019), la hiperconectividad y la interactividad brindan recompensas instantáneas a través de ordenadores, internet y aplicaciones multimedia. Estos avances tecnológicos permiten llenar vacíos existenciales y potenciar beneficios en diversas áreas gracias a su accesibilidad constante.
Los adolescentes empezaron a hacer uso de la tecnología en sus tiempos libres, adaptándola a sus actividades de ocio, explorando nuevas formas de entretenimiento y comunicación, además, permitiendo la vivencia de valores importantes para el desarrollo de la vida humana como la libertad, la satisfacción y la identidad. Según Viñals Blanco et al. (2014), el desarrollo de las TIC e internet “ha transformado la manera en la que los jóvenes experimentan y disfrutan de su ocio, dando pie al impulso de un ocio digital propio de la sociedad red” (p. 52). Asimismo, Huerta-Riveros et al. (2020) añaden que en el uso de las tecnologías proporcionan herramientas y plataformas que facilitan experiencias de manera accesible y variada. Los adolescentes encuentran formas de relajarse, estimularse, interactuar con los demás, desarrollar su identidad, pero también, escapar, esconderse, expresarse, buscar aceptación, entre otros.
En este sentido, se puede plantear si los adolescentes buscan con empeño la diversión para evitar el displacer, encontrando en la hiperconectividad una forma de aliviar ese malestar y sufrimiento propios de la edad. Esto se debe a que la búsqueda de placer puede ser ilusoria en comparación con la búsqueda de significado, que es fundamental para la existencia humana (Frankl, 2016). De la mano de este planteamiento, Guberman y Pérez (2005) afirman que la falta de sentido en la vida, común en la contemporaneidad y en adolescentes, se agrava con la incertidumbre sobre su lugar en el mundo. La conectividad ofrece recompensas instantáneas, pero a menudo insatisfactorias frente a la búsqueda de significado perdurable.
Los adolescentes buscan en lo digital compensar vacíos emocionales, en su intento por obtener satisfacción y validación. Sin embargo, esta pérdida de sentido también evidencia el riesgo de quedar atrapados en la tecnología, lo que puede conducir a una deshumanización y la pérdida de esencia espiritual. Ante ello Nizama Valladolid (2016) afirma:
Las causas de esta enajenación humana masiva son múltiples: poder atractivo de los dispositivos electrónicos de última generación, [...] necesidad de estar actualizado en tiempo real, facilismo, intolerancia a la espera, necesidad de reconocimiento, evasión de la soledad, vacuidad, apego a la banalidad, consumismo, necesidad de contactos y deseo irreprimible de estar globalizado. (p. 16)
La pérdida de la esencia espiritual da paso a posibles vacíos existenciales. Según Frankl (1982), son sentimientos que la propia existencia carece de meta y de contenido, no se manifiestan necesariamente, pueden permanecer latentes, larvados y enmascarados. El vacío existencial también puede evidenciarse en la falta de sentido, o “desesperación”, por lo cual, mientras el ser humano no haya dirigido su vida, enfrenta esta pregunta vital, ya sea de manera consciente o irreflexiva, utilizando el concepto de “sentido” u otros términos similares (Langle, 2008).
El vacío existencial puede manifestarse por medio de una crisis existencial, que se relaciona con la frustración existencial y la neurosis noógena. La primera, hace referencia a la frustración de la voluntad de sentido, que se manifiesta como un sentimiento de falta de sentido de la propia existencia, no patológico en sí mismo, pero sí puede ser patógeno y causar diversas formas clínicas (Frankl, 1982), es decir, existe la posibilidad que sea patógena. De ese modo, podría surgir la segunda, neurosis noógena, cuyo origen se encuentra en los problemas espirituales, los conflictos morales, o en esa dicotomía entre una verdadera conciencia y el superyó. Son consideradas importantes esas neurosis noógenas que resultan de la frustración de la voluntad de sentido (Frankl, 2016).
El vacío interior que siente el hombre hace que no consiga significar su propia vida, lo que lo lleva a intentar enmascarar esa frustración latente sumergiéndose en otros medios en los que pueda escapar de la realidad, huyendo de sí mismo, alejando la soledad traducida en esa angustia. Para Frankl (2016), es un sentimiento vital asociado a experiencias que sean para el sujeto amenazantes, donde prevalece el sentirse en peligro extremo, de cara a un abismo; que le suscita no lograr darle sentido a su vida, en este caso, refugiándose en la conectividad.
Diseño y método
La investigación se basó en un enfoque cualitativo, implicó centrarse en comprender y explorar fenómenos desde una perspectiva subjetiva y no cuantificable. A su vez, el método implementado fue el fenomenológico, puesto que el interés radicaba en la identificación de las experiencias y percepciones de los participantes, mientras que el nivel descriptivo indica que el análisis se enfocó en describir y examinar los datos sin aplicar pruebas estadísticas o cuantificación numérica.
Participantes
La elección de los participantes fue intencionada, seleccionando siete adolescentes escolarizados entre los 15 y 17 años de diferentes estratos socioeconómicos que contaran con redes sociales. Este criterio específico permitió capturar una muestra representativa de la diversidad social y económica presente en la juventud actual, facilitando así un análisis amplio y comprendiendo la experiencia subjetiva asociada a los comportamientos y actitudes en el entorno digital. Dentro de la investigación también se contó con la participación de dos expertos, uno perteneciente a la Universidad San Buenaventura, sede Medellín, y el otro, a la Institución Universitaria de Envigado, quienes contaban con una amplia experiencia en estudios sobre adolescencia, redes sociales y psicología humanista existencial.
Instrumentos
Se utilizó la entrevista semiestructurada tanto con los adolescentes como con expertos. Para la validación de la entrevista se hizo prueba piloto con el fin de revisar el diseño, hacer ajustes de acuerdo con las necesidades que se tiene con cada uno de los grupos poblacionales y que permitieran dar respuesta a los objetivos de la investigación. La categorización de la información se hizo por medio de una triangulación por agregados, colectiva e interactiva, para posteriormente ser analizada.
Aspectos éticos
Para el desarrollo de la investigación fueron puestas en práctica las consideraciones éticas establecidas en la Resolución N.º 8430 de 1993 del Ministerio de Salud “Normas Científicas, Técnicas y Administrativas para la investigación en salud”, definiendo esta investigación con un riesgo mínimo; se aclara que son estudios prospectivos que emplean el registro de datos a través de procedimientos comunes en los que no se manipulará la conducta del sujeto. Las personas que participaron en la investigación manifestaron a través de un consentimiento informado el interés voluntario de hacer parte de este estudio. Asimismo, autorizaron realizar el proceso de entrevista, bajo absoluta confidencialidad, aceptando que la información obtenida se utilizaría con fines académicos o científicos.
Resultados
La investigación revela que la conectividad en adolescentes enmascara crisis existenciales. Atraídos por el ocio y la necesidad de visibilidad, expresan malestares emocionales en la red, lo que puede llevar a frustraciones y crisis. Se identificaron temas clave como TIC, conectividad, vínculos interpersonales, atención al otro y autoconciencia, explorados en detalle en los resultados.
Hiperconectividad adolescente: ventajas y desventajas existenciales
La conectividad es un suceso que permea a la sociedad actual. El acceso a la red está mediado por el uso de dispositivos electrónicos y las diferentes plataformas online. Dicha conexión es entendida como “la forma o el método por donde uno puede acceder a diferentes plataformas, en este caso el internet, plataformas de educación y redes sociales” (E2). En cuanto a las redes sociales digitales, se destacan Facebook e Instagram, aplicativos que se caracterizan por ser audiovisuales y cuyos videos tienen una corta duración, captando así el interés de los jóvenes. “Las redes sociales que más usan los adolescentes son las que tienen dos características: son audiovisuales y los videos son cortos” (E3).
La conectividad es percibida por los adolescentes de este estudio desde sus ventajas y desventajas. Como aspecto positivo se encuentra el acceso inmediato a la información, si se quiere saber de un tema, se puede buscar en cualquier momento del día, basta con una conexión a internet para “darnos cuenta de lo que pasa en el mundo” (E1). Como desventaja, prevalece el abuso que algunos jóvenes le pueden dar a los medios digitales (compartiendo información sensible y accediendo a datos riesgosos), lo que puede generar afectaciones a sí mismo o a los demás. “No falta la persona que posiblemente se desvíe, busque cosas que tal vez no sean tan buenas para su persona o para las personas que lo rodean” (E8).
Los adolescentes participantes permanecen conectados a la red hasta 12 horas diarias. Esto atribuido a dos razones: la primera, a las demandas educativas que actualmente están mediadas por la virtualidad: “Suelo pasar entre 10 y 11 horas (conectada), pues durante los últimos meses más que todo es sobre cuestiones académicas y haciendo talleres en clases virtuales” (E4). La segunda razón, obedece al tiempo dedicado a la conexión a la red en términos de distracción, esparcimiento o entretenimiento: “Paso… no sé, como unas 12 horas (...). Me pongo a ver series o cosas así en el celular o en el computador” (E5).
La contemporaneidad en el mundo del adolescente se caracteriza por la hiperconectividad: “Las personas en la actualidad y, sobre todo, los jóvenes pueden pasar más de 18 horas accediendo a los dispositivos, redes e internet” (E9). “La época en la que nos encontramos y el ritmo al que vamos no es posible vivirlo sin internet y no va a existir un mundo sin internet” (E5). De este modo, la contemporaneidad y la era digital son los precursores de un mundo en permanente conexión donde se puede ingresar a la red a mirar, revisar, leer, interactuar con el otro, sin importar el lugar y el momento donde se encuentren las personas. Esta conectividad trae consecuencias a nivel existencial, dado que su uso desmedido puede dar paso a una crisis existencial reflejada en malestares emocionales como el aburrimiento y la soledad: “En ocasiones, los adolescentes experimentan dificultades significativas en el manejo de las redes sociales, el uso del internet y los dispositivos electrónicos, lo cual puede generar un malestar emocional y psicológico. Esta dificultad puede manifestarse en diversos aspectos, como la gestión del tiempo, la autoimagen influenciada por las interacciones en línea, la presión por mantenerse constantemente conectados y la dificultad para desconectarse y encontrar un equilibrio saludable entre la vida en línea y fuera de ella” (E8).
Una forma de entender la conectividad es verlo como el medio que permite la conexión con el otro. Una relación recíproca que da paso a un vínculo: “La conexión entre una cosa u otra (dispositivos) o una conexión entre personas, esa conexión permite conocer al otro, intercambiar ideas, encontrar gustos en común, convertirse en amigos” (E1). Asimismo, es concebida como una herramienta que permite la socialización con el otro por medio de las plataformas digitales, en las cuales, se facilita la interacción sin importar qué tan lejos o cerca estén las personas: “Me puedo contactar con otra persona que vive en otro país, me puedo contactar con otra persona que vive en otra ubicación geográfica, en vez de alejarnos, nos acerca” (E5).
Adolescentes, redes sociales y expresión emocional
Algunos adolescentes participantes de este estudio hacen uso de las redes sociales digitales como medio preferido para expresar sus sentimientos, dado que en un contexto cara a cara dicha expresión se les dificulta: “A través de redes es más fácil (comunicarse) porque como uno no ve en sí a la otra persona, uno puede expresar más fácil lo que se quiere decir, uno puede esconder si algo le duele, si le molesta, no se muestra vulnerable” (E6). Sin embargo, también se da una preferencia por la comunicación presencial, en la cual se permite la observación e interpretación de expresiones corporales y gestuales: “Personalmente me parece que es mucho mejor, porque la comunicación se hace mucho más fácil y los gestos que uno hace o las expresiones corporales son más fáciles de interpretar” (E4).
La adolescencia contemporánea encontró en las tecnologías de la información y la comunicación la manera de poderse relacionar y vincular con sus amigos. En el periodo de desarrollo en el que se encuentran los adolescentes, es necesario la interacción con su mismo grupo de coetáneos, con el que puedan resolver asuntos que en otras esferas de su vida no pueden solucionarse. “Como joven lo veo muy importante en estos momentos para socializar, porque es una de las maneras que tengo para comunicarme con mis amigos” (E1). La época actual exige el uso de dispositivos electrónicos y el acceso a la red como medio para comunicarse con el otro: “Para esta generación las tecnologías de la información y de la comunicación son un medio a través del cual ellos pueden relacionarse o vincularse, expresarse, manifestarse” (E9).
Los adolescentes que participaron en la investigación le otorgan importancia al estar conectado a la red, puesto que permanecen informados acerca de la situación actual del mundo y sus lógicas: “Muchas veces nos podemos informar de cosas que están pasando alrededor del mundo y sobre la actualidad, por medio de esas redes” (E3). Sin embargo, en internet hay tanta información que es difícil seleccionar cuál es real o no: “A veces nos puede hacer sentir algo que en ciberpsicología se llama ‘infoxicación’, que es un estado de confusión o malestar ante situaciones donde es difícil saber cuál información es real o no y cuál es de calidad o no” (E8).
La infoxicación puede generar en las personas miedo, ansiedad y fobias, dado que reciben una cantidad considerable de información por la red. Una de las respuestas ante esto es replicar aquel contenido: “La infoxicación puede exacerbar los sentimientos de incertidumbre y ansiedad que son comunes durante la adolescencia, ya que los jóvenes pueden sentir la presión de compararse constantemente con los estándares y expectativas que perciben en línea” (E9). El permanecer bajo esta lógica genera sentimientos que el adolescente participante en ocasiones no sabe nombrar: “Uno a veces no sabe lo que siente o le genera tanta información por permanecer conectado, yo diría que es agobio, angustia, confusión o también expectativas, interés, susto” (E2). Cuando prevalecen estas emociones, se da paso a una posible crisis existencial, puesto que reflejan la lucha interna del adolescente por encontrar su lugar en un mundo saturado de información y expectativas sociales.
Además, emerge la necesidad de estar pendientes del otro, en tanto a lo que hace, publica o muestra en sus redes sociales, debido a que puede encontrar algo que le ayude a regular ese malestar emocional y a sentirse conectado o validado en su experiencia: “Es más que todo para chismosear los perfiles de otros y mirar qué hay de interesante por ahí, puedo encontrar cosas del otro que me llamen la atención y me conecte emocionalmente, lo cual puede proporcionar un escape momentáneo de mi propia angustia o confusión” (E7).
Para acceder y hacer uso de las redes sociales digitales, es necesario crear un perfil, donde prevalece información básica como lo es el nombre, la edad y el lugar de residencia: “En Facebook e Instagram dejo ver donde nací, donde vivo y mi nombre, y ya, yo creo que es solo eso” (E1). Asimismo, aparece la creación de cuentas falsas, es decir, perfiles que no corresponden a la persona que los creó: “En Facebook la cuenta que tengo no es personal, es un nombre de usuario inventado, en Instagram también, no uso mi nombre real” (E7). Lo que puede indicar que los adolescentes se muestran ante el otro bajo “máscaras”, ya que la mayoría de ellos no suelen publicar contenido propio, sino que comparten información general y ajena a sí mismos: “En Facebook comparto información sobre equipos de fútbol y publicaciones de otras páginas” (E2).
También se destaca el hecho de compartir “memes” y demás: “Publico fotos o comparto memes” (E5). La idea de un perfil no personal por momentos “permite al adolescente expresarse de manera más libre y creativa en línea, sin preocuparse por las expectativas sociales asociadas con su nombre real. Le ayuda explorar diferentes aspectos de su identidad digital sin comprometer su privacidad” (E8). Adicionalmente, si se piensa como una forma de ocultar algo que pasa en él, una frustración existencial, “puede recurrir al uso de un nombre de usuario inventado en sus cuentas de redes sociales como una forma de escapar o distanciarse de su identidad actual” (E9). “El adolescente busca una forma de escapar de sus preocupaciones y explorar nuevas identidades o expresiones en un espacio virtual. Puede ser la sensación de estar atrapado en algo que no sabe cómo manifestar” (E8).
En la forma como los adolescentes participantes se muestran ante el otro en las redes digitales, se resalta lo que estos desearían ser y lo que quisieran que los demás vean: “Los jóvenes pueden utilizar estas redes para mostrar su personalidad, pero también les permite mostrar otros rasgos de su personalidad que ellos en ciertos casos no quieren que sean evidentes” (E9).
Aparece entonces lo que se denomina como “self ideal”, con el propósito de ser aceptado por otro o simplemente por pertenecer a un grupo. Algunas veces se evidencia la aparición de un self real, donde el adolescente se muestre ante el otro como en realidad es: “Me puedo mostrar en la red a través de lo real, pero puedo crear otros pseudónimos míos, otras identidades, para mostrar mi yo ideal, puede suceder, que yo no me muestro como real, sino que simplemente muestro el yo ideal” (E6).
El uso de pseudónimos por parte de los adolescentes revela cómo están abordando su identidad en el entorno digital: “La red les ofrece la posibilidad de adoptar una identidad ficticia o mantener su identidad real. A través de los pseudónimos, reflejan su yo ideal, una imagen que puede ser diferente de su identidad cotidiana. Este fenómeno evidencia el proceso de construcción de identidad en el contexto virtual, donde los adolescentes pueden explorar diferentes facetas de sí mismos y buscar una expresión que se alinee con sus aspiraciones y deseos o una forma de encubrir su malestar existencial” (E9).
Para los adolescentes implicados en la investigación, es importante considerar las respuestas obtenidas del resto de las personas a través de las redes sociales digitales. Cada vez hay una mayor tendencia de mostrar los niveles de aprobación social a través de las redes: “Los adolescentes empiezan a hacer una especie de estudio intuitivo sobre estas, de cuándo se puede publicar, qué se puede publicar, qué no, qué es más aprobado y más rechazado” (E8). “En muchas ocasiones yo publico esperando obtener likes o ‘me gusta’, esto me hace sentir validado y aceptado por mis amigos” (E4). De esta manera, en múltiples ocasiones sus publicaciones van a empezar a estar mediadas por el interés de un reconocimiento, por si obtienen más o menos visibilidad. Para los adolescentes partícipes la opinión del otro es importante, teniendo en cuenta que en la etapa evolutiva que se encuentran están desarrollando su identidad: “Si el otro que ve mi publicación y le da ‘me gusta’, significa que soy importante, que le gusta, eso reafirma lo que soy” (E1).
La red actúa como un terreno fértil donde el adolescente puede explorar diferentes aspectos de sí mismo, experimentar con diversas identidades y encontrar un sentido de pertenencia y validación en un entorno virtual. De esta manera, la interacción con el otro en el mundo digital se convierte en un elemento clave en el proceso de formación de la identidad del adolescente.
Conectividad adolescente: entre dependencia y frustración
La necesidad de estar conectado genera en los adolescentes que hicieron parte del estudio la posibilidad de presentar sentimientos de frustración, los cuales se manifiestan por medio del aburrimiento, rabia o aislamiento. Para algunos aparece cuando no pueden ingresar a la red por cuestiones meramente académicas: “A veces me aburre mucho o me siento frustrada si es por cuestiones académicas” (E2). “A veces si no logro conectarme me da mal genio, quiero saber si alguien me escribió” (E5). Mientras que en otros adolescentes participantes aparece la frustración cuando no se les permite acceder a la red: “El no estar conectada me frustra, a veces me da rabia con gente con la que estoy o cuando mi mamá me quita el celular o cosas así, ella me habla y ya me da rabia con ella, y empezamos una discusión” (E4).
Existe una motivación, deseo o impulso por el cual los adolescentes se sumergen en la red, convirtiéndola en el medio catártico donde ellos expresan sus emociones, sin embargo, cuando no se logra satisfacer esa necesidad o no pueden llevar a cabo una acción requerida, aparecen sentimientos que posiblemente den paso a una frustración: “En muchas ocasiones los medios tecnológicos terminan siendo para los jóvenes la manera de expresar muchas de las emociones y muchas frustraciones, y cuando no lo hacen por X o Y motivo, esas sensaciones se tienden a exacerbar” (E8).
En la actualidad, los adolescentes tienen un alto nivel de vinculación y relación con los dispositivos electrónicos, lo que eleva los niveles de conectividad y permanencia en la red. Esto genera dependencia y condiciones adictivas, a tal punto que, cuando los adolescentes partícipes no pueden conectarse, es posible que aparezcan signos de ansiedad. Lo anterior lleva a una pérdida de sentido, que probablemente se manifieste por medio de una crisis existencial: “Cuando no estoy conectada, soy muy ansiosa, siempre busco la manera de conectarme, me volví súper dependiente de esas redes como el WhatsApp, Messenger y el Facebook” (E1). “Yo pienso que eso de la conectividad es como una adicción, uno siempre quiere permanecer más tiempo ahí, buscar la forma de estar, navegar” (E3).
También, es posible que los adolescentes participantes tengan la percepción de sentirse atacados al no tener acceso a los medios digitales, ya que estos les permiten satisfacer la necesidad latente de sumergirse en la red. En el entorno digital encontraron el escape a sentimientos de soledad, angustia y aburrimiento: “Cuando ya no tengo ese medio que permite esa satisfacción inmediata yo me empiezo a sentir frustrado, inclusive puedo llegar a sentirme agredido o violentado si alguien no me permite acceder a ese medio que me da tanta satisfacción” (E9).
Al aparecer los sentimientos negativos, suelen refugiarse dentro de la red como un escape a situaciones en las que posiblemente están sintiendo malestar; para algunos, la red permite olvidar o esconder las sensaciones desagradables que se puedan estar experimentando: “En la conectividad se halla la forma de esparcirse, de olvidar ciertas cosas que pueden ser dolorosas” (E8). Por ejemplo, “uno ve un estado en Facebook o Instagram, vio un meme y eso lo hace reír, como que por un momentico lo hace olvidar de las cosas” (E4). Además, el permanecer conectado puede causar el aislamiento del adolescente participante del mundo real, dando paso a la pérdida del contacto cara a cara con el otro: “En ocasiones uno se mete demasiado en la conectividad y se aleja del mundo real, entonces hace que el contacto personal sea más aislado y es mejor estar en la red que estar compartiendo con otras personas” (E6).
Este constante refugio en la red y la hiperconectividad pueden profundizar el vacío existencial en los adolescentes de estudio, al depender excesivamente de las interacciones virtuales se alejan de las experiencias y relaciones del mundo real, lo que agrava sentimientos de soledad y desconexión personal. Así, la red se convierte en un paliativo temporal que no soluciona las causas subyacentes de su malestar, perpetuando un ciclo de insatisfacción y búsqueda de significado.
Discusión
La conectividad se ve reflejada dentro de una condición contemporánea, mediada por la cantidad de personas que permanecen conectadas a la red, donde encuentra un espacio de socialización y una forma de establecer nuevos vínculos. Es necesario analizar la conectividad no solamente como una condición que la época actual exige, sino también, desde factores influyentes como los avances tecnológicos, la digitalización de las relaciones interpersonales, la transformación de las formas de interacción, socialización y relacionamiento con el otro.
Los adolescentes atraviesan un proceso de desarrollo mediado por situaciones que genera la conectividad, como la búsqueda del reconocimiento del otro, la construcción de la identidad, y el vínculo desde la interacción y socialización por medio de las plataformas virtuales, tal como lo afirman Lardies y Potes (2022). La tecnología actual impulsa a los adolescentes a la construcción de una imagen personal, la consolidación de la identidad y la generación de espacios de relacionamiento significativos. El escenario virtual se convierte en un espacio donde los adolescentes plasman sus emociones y malestares más profundos. En este ámbito digital, encuentran un lugar para expresar su angustia, aburrimiento y soledad. La conectividad se transforma en un reflejo de su búsqueda de sentido y autenticidad, donde ponen en evidencia las manifestaciones psicológicas asociadas a sus problemas comportamentales y emocionales, y revelan su lucha por encontrar un propósito en un mundo cada vez más digitalizado (Marín-Cortés et al., 2020).
La conectividad ofrece un acceso ilimitado a la red facilitando el contacto con otros sin importar la ubicación geográfica. Dans Álvarez-de-Sotomayor et al. (2022) destacan que a través de internet los adolescentes se conectan con sus iguales, personas que comparten gustos, valores y actitudes similares. Esta conexión en línea promueve la construcción del sí mismo y la interacción recíproca con pares, lo que permite a los adolescentes formar vínculos y establecer relaciones interpersonales significativas, a pesar de la distancia física (Lardies & Potes, 2022).
En Sartre (1946) se destaca que el vínculo con otros es crucial, reflejando la importancia del otro en nuestra propia existencia. En la era de la conectividad, los adolescentes exploran diversas formas de relación, donde sus características individuales influyen en la dinámica social. En este proceso, los jóvenes participan activamente, influenciados por otros en un intercambio constante. Como lo validan Domínguez et al. (2016), la socialización y el desarrollo de valores están profundamente entrelazados con las etapas de la infancia, la adolescencia y la juventud, en estas fases se forjan los pilares fundamentales de la identidad del individuo como ser social. Es durante estos períodos cruciales donde se experimentan los encuentros con los otros, se exploran las relaciones interpersonales y se cuestionan los significados existenciales, lo que contribuye así al proceso de autoconstrucción y búsqueda de sentido en la vida.
La conectividad se presenta como una herramienta fundamental para establecer vínculos en el mundo contemporáneo. Este fenómeno se percibe como algo naturalizado y normalizado, lo que facilita la inmersión de los adolescentes en la red, permitiéndoles acceder a ella en cualquier momento del día. Esta constante conexión representa una búsqueda de sentido y pertenencia en un entorno digital que moldea su percepción del mundo y su interacción con él. Sin embargo, para los adolescentes la conectividad se convirtió en un refugio, donde evaden sentimientos de soledad, tristeza y aburrimiento. Como lo argumentan Marín-Cortés et al. (2020), la tecnología ofrece la sensación de compañía sin las demandas de la amistad cara a cara, lo que permite establecer relaciones superficiales en las que el componente emocional se reduce a emojis. Este tipo de conexión puede resultar atractiva para los adolescentes al proporcionar emociones placenteras que pueden ser difíciles de encontrar en la vida real.
El tiempo que pasan los adolescentes conectados a la red se da a partir de dos aspectos: el primero, tiene que ver con las demandas educativas mediadas por la virtualidad en la época actual, lo que exige gran parte del tiempo de los adolescentes; el segundo, se trata del tiempo de conexión establecido por cada joven con fines de ocio y disfrute. Estos dos aspectos dejan en evidencia que los adolescentes, en su mayoría, prefieren utilizar los dispositivos tecnológicos con fines recreativos en lugar de académicos. Las redes sociales, los juegos en línea y las aplicaciones de entretenimiento capturan su atención de manera efectiva en comparación que las plataformas educativas (López García, 2019). Esta preferencia se debe a que el contenido recreativo ofrece una gratificación instantánea y una forma de escape del estrés cotidiano, mientras que el uso académico de la tecnología suele percibirse como una extensión de las obligaciones escolares: “La utilización de redes sociales digitales es, en principio, favorable para la interacción y la comunicación entre iguales y también para la satisfacción de las necesidades de ocio” (Ochaita et al., 2011, p. 108).
Las relaciones que se establecen desde la conectividad son para la mayoría de los adolescentes relevantes en la forma como estas adquieren un sentido para ellos, sobre todo por los escenarios que permiten la interacción y socialización (Lardies & Potes, 2022). Los adolescentes destinan una parte considerable de su tiempo a estar conectados sobre todo a través de plataformas digitales que sirven como canales de comunicación. Estas herramientas no solo les permiten mantenerse en contacto en un mundo virtual, sino también compartir información, intereses y vivencias, convirtiéndose así en elementos esenciales que moldean sus interacciones y actividades cotidianas (Reolid-Martínez, et al., 2016).
La red se ha convertido en un atractivo; los adolescentes encuentran allí un espacio que les permite la interacción con el otro y la obtención de información relevante acerca de lo que sucede en el mundo, una forma de estar en el mundo. Sin embargo, los adolescentes reconocen la posibilidad de un “mal uso” al estar constantemente conectados, debido a que la red puede exponer información sensible que podría ser utilizada de manera inapropiada. Es importante comprender que la tecnología en sí misma no puede ser etiquetada como “buena” o “mala”; su valía radica en cómo es utilizada y la intención detrás de su uso. En última instancia, son las decisiones y acciones de los individuos las que determinan el impacto positivo o negativo de la tecnología en sus vidas y relaciones.
Como afirma Reig (2015), la técnica y la tecnología no poseen inherentemente cualidades positivas o negativas. Su esencia radica en su capacidad para facilitar y ampliar las posibilidades humanas. Sin embargo, es el individuo en su singularidad y libertad quien otorga significado y determina el valor ético de su aplicación. La responsabilidad recae en el sujeto, quien al interactuar con la técnica y la tecnología moldea su existencia y define el impacto que estas herramientas tendrán en su vida y en la sociedad en general (Casasnovas de Vroomen, 2021).
Cuando los jóvenes usan la conectividad suelen sumergirse de manera significativa en ella haciendo uso de las denominadas redes sociales digitales y buscando tener una satisfacción inmediata, como lo afirman Ochaita et al. (2011). Cuando los adolescentes navegan por la red y acceden a aplicaciones como Facebook, Twitter, Messenger y WhatsApp, experimentan una satisfacción que está intrínsecamente relacionada con su búsqueda de pertenencia y reconocimiento en un entorno digital.
Estas plataformas brindan la oportunidad de establecer conexiones virtuales con otros, explorar identidades y expresar su individualidad en un espacio digital. A través de estas interacciones, buscan encontrar significado y pertenencia en un mundo cada vez más conectado, construyendo así su propia narrativa existencial dentro del entorno en línea. Dichas plataformas son un puente entre la necesidad de los jóvenes de permanecer conectados e interactuar con el otro, no obstante, dicho contacto no solo da cuenta de un mero relacionamiento, sino que va más allá, a tal punto de querer estar pendiente del otro; de lo que hace, de lo que publica y muestra ante los demás en la red (Lardies & Potes, 2022).
Las redes sociales generan influencia sobre los usuarios que hacen parte de ellas. Los jóvenes ingresan a la red adoptando una serie de roles implícitos, los cuales van desarrollándose según las diferentes lógicas sociales y a partir de estas, se toman posturas que hacen que el adolescente se sienta habilitado para publicar o mostrar en las redes sociales. Esto está directamente vinculado con la percepción de sí mismo en el terreno no virtual, es decir, en el contexto más amplio en que se emplaza la presentación del self (Lemus, 2019).
Dentro de los roles adoptados por los adolescentes en las diferentes redes sociales digitales resaltan los del usuario publicador, quien tiene como finalidad ser reconocido por los demás, entre más reciba aprobaciones representadas en “likes”, comentarios y reacciones en sus redes, más se motiva a seguir generando contenido. Por su parte, Lemus (2019) hace referencia al cuidado y al esfuerzo que tiene quien postea frecuentemente fotos y videos, ya sea relacionados con su imagen personal, paisajes o productos consumidos, con el objetivo de mantener una apariencia visualmente atractiva en sus publicaciones. La estética del contenido que publica, ya sea de la propia imagen, de paisajes o bienes que consume, es altamente cuidado. Asimismo, tienen una despreocupación por la privacidad y consideran que el contenido que publican es justamente para ser compartido (Fortier y Burkell, 2018). Por otra parte, se encuentra el usuario observador, cuya preferencia es permanecer pendiente del otro, puesto que siente temor a publicar y ser rechazado, de ser así, perdería la identidad y la autoestima que le ha costado construir. Tienen, además, una participación más limitada en las redes sociales virtuales en términos de exposición, donde publican de manera ocasional y prefieren compartir fotos de experiencias en lugar de autorretratos (Lemus, 2019). El miedo al rechazo persiste en ambos roles, tanto a publicar y no ser reconocido de manera constante como publicar por primera vez y perder su identidad dada la poca aceptación obtenida del otro, lo que genera posibles frustraciones traducidas en una crisis por la existencia.
Los adolescentes hacen uso de la conectividad como un medio de escape o refugio ante situaciones que acarrean malestares emocionales, sumergiéndose en ella con el fin de olvidar las dificultades o sensaciones negativas experimentadas, llegando incluso a aislarse de los otros. Yalom (1984) argumenta el aislamiento interpersonal como el aislamiento de otros individuos, que constituye un proceso a través del cual la persona se separa de algunas partes de sí misma, por medio de la soledad. Dicha separación en un contexto presencial da paso a la inmersión a la red. Esta cumple un papel fundamental sobre las emociones de los adolescentes, pues es un medio en el que ellos pueden plasmar cualquier tipo de sentimiento que se tenga en el momento.
La dependencia suele aparecer en el momento en que los adolescentes dejan de realizar actividades de la vida diaria para sumergirse en la hiperconectividad, perdiendo el contacto cara a cara con el otro y alejándose del mundo real. Como lo sustentan Carbonell y Oberst (2015), la adicción a las redes sociales se caracterizaría por un uso excesivo que resulta en una pérdida de control, síntomas de abstinencia como ansiedad, depresión e irritabilidad cuando se enfrenta a la imposibilidad temporal de acceder a la red, una creciente necesidad de pasar más tiempo conectado y efectos negativos en la vida diaria. Asimismo, la conectividad genera aspectos relacionados con el símil entre el consumo o la dependencia a la red y la necesidad por parte de los jóvenes de tener un reconocimiento y mostrarse al otro por medio de un self ideal, o uno real (Rincón Barreto & Marín Rodríguez, 2020).
Los adolescentes están en constante búsqueda de visualización y reconocimiento por parte del otro, acuden a la red para plasmar sus malestares, sentimientos y demás aspectos que se encuentren viviendo (Hernández-Peña, et al., 2020). En las redes sociales, los adolescentes crean perfiles y asignan contenidos a los campos que la interfaz tiene preestablecidos, esto implica la creación de una identidad digital por parte del individuo, donde tener un perfil en línea involucra gestionar su personalidad. Aunque intentan presentarse tal como son, también existe la oportunidad de mostrarse como les gustaría ser (Guzmán Brand & Gélvez García, 2023).
En la contemporaneidad los adolescentes tienen claro que de la presentación que ellos hagan de sí mismos en las redes sociales digitales, depende su socialización e interacción con el otro, sobre todo en el entorno virtual, lo que se hace esencial en la etapa de su vida. Como lo plantean Almansa et al. (2013), los jóvenes publican su fecha de nacimiento, su lugar de residencia, su lugar de estudio, sin embargo, no comparten públicamente sus creencias religiosas, afiliaciones políticas, deportes o libros favoritos. Es por lo anterior que estos suelen ser precavidos y cuidadosos al momento de postear contenido en sus perfiles, evitando una condición de rechazo o exclusión.
El reconocimiento en los medios digitales es significativo para los adolescentes, ya que aporta a su autoestima y a su construcción de la identidad. Al satisfacer esta necesidad de ser reconocidos, las personas se sienten seguras y valoradas dentro de una sociedad, lo que refuerza su sentido de autoestima y valía. Por otro lado, cuando estas necesidades no se satisfacen, las personas pueden sentirse inferiores y carentes de valor (Frankl, 1982).
En el contexto de la conectividad, los adolescentes experimentan no solo satisfacción, sino también malestares emocionales derivados del rechazo o la falta de aprobación en las redes sociales. Cuando no reciben la validación deseada, pueden experimentar una profunda frustración y sentirse desconectados de su propia existencia. Este ciclo de búsqueda constante de validación externa puede llevarlos a intentar encontrar sentido y significado en un mundo digital que a menudo carece de profundidad y autenticidad.
Consideraciones finales
Los resultados de la presente investigación permiten comprender la conectividad como un fenómeno contemporáneo donde los adolescentes están inmersos y a su vez establecen relación con esta. Allí adquieren hábitos, realizan prácticas, establecen vínculos y construyen aspectos de su identidad. Además, emergen elementos que demuestran la existencia de algunos factores experienciales que llevan a que estos busquen en la red una forma de refugiarse ante aquello que les genera malestar y que es manifestado por medio del aburrimiento, angustia, frustración y evasión de la soledad.
Este estudio revela el profundo significado que los adolescentes atribuyen a la conectividad, y evidencia cómo esta se entrelaza con sus motivaciones personales y su búsqueda de identidad. Además, resalta la importancia crucial de la influencia, aprobación y reconocimiento de sus pares en la formación de su autoestima. Estos hallazgos subrayan la necesidad de comprender y apoyar el desarrollo socioemocional de los adolescentes en un mundo cada vez más conectado y socialmente influenciado.
Algunos de los aspectos relevantes hallados son aquellas construcciones o elementos asociados que tanto los adolescentes y los expertos entrevistados le dan al hecho de estar conectado y cómo en esto se da la manifestación de una crisis existencial; coinciden en la medida que describen dentro de la conectividad elementos que responden a condiciones propias y situacionales, en las cuales, buscan plasmar sentimientos que requieren ser expresados. Cuando no se satisface la necesidad de estar en permanente conexión, emergen emociones traducidas en frustración que se desenlazan en un complejo de vacuidad.
La investigación identificó categorías clave sobre la conectividad como fenómeno contemporáneo que genera crisis existencial. Destacan: el vínculo como forma de relacionarse y conectar mediante la red; las demandas de la conectividad, que reflejan el tiempo que los jóvenes pasan en línea debido a actividades educativas y de ocio. También se aborda el uso de las TIC y la percepción adolescente sobre sus ventajas y desventajas. Además, se encontró un aspecto de vigilancia constante de lo que otros hacen, publican y muestran en sus redes sociales.
En el contexto actual, donde la virtualidad es indispensable, no puede ignorase una perspectiva divergente: la conectividad no debe entenderse únicamente como un fenómeno negativo, sino también como un elemento que favorece los procesos de aprendizaje y enseñanza. En este sentido, la red sirve para establecer pautas que llevan a los aprendizajes significativos, que no solamente radiquen en el aspecto memorístico, sino en el uso de recursos tecnológicos que permitan la apropiación del aprendizaje.
Conflicto de intereses
Los autores declaran la inexistencia de conflicto de interés con institución o asociación comercial de cualquier índole.
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Notas de autor
Juan Sebastián Marín Rodríguez
Candidato a Doctor en Psicología de la Universidad de Manizales. Magíster en Desarrollo Infantil. Especialista en Intervenciones Psicosociales y en Psicología Clínica y Salud Mental. Psicólogo. Docente del programa de Psicología de la Universidad Católica Luis Amigó (Medellín, Colombia). Pertenece al Grupo de Investigación en Farmacodependencia y otras Adicciones. Contacto: juan.marinju@amigo.edu.co. ORCID: 0000-0002-1598-8088.
Vanessa Correa Arenas
Psicóloga. Universidad Católica Luis Amigó. Contacto: vanessa.correaar@amigo.edu.co. ORCID: 0000-0003-1208-5235.
Jennifer Herrera Quiceno
Psicóloga. Universidad Católica Luis Amigó. Contacto: jennifer.herreraqu@amigo.edu.co. ORCID: 0000-0002-1314-3946.
Maria Isabel López Muñoz
Psicóloga. Universidad Católica Luis Amigó. Contacto: maria.lopezun@amigo.edu.co. ORCID: 0000-0001-7214-8598.
1 Artículo resultado del curso de trabajo de grado “Problemas contemporáneos y existencialismo”.