Documento de reflexión no derivado de investigación

El papel de la psicología en la mitigación y adaptación ante la crisis climática

The role of psychology in mitigating and adapting to climate change

Recibido: 10 de junio de 2024 / Aceptado: 13 de septiembre de 2024 / Publicado: 21 de julio de 2025

Katy Luz Millán Otero y Cristian Gaviria Patiño

Forma de citar este artículo en APA:

Millán Otero, K. L., & Gaviria Patiño, C. (2025). El papel de la psicología en la mitigación y adaptación ante la crisis climática. Poiésis, (48), 56-68. https://doi.org/10.21501/16920945.5013

Resumen

Esta reflexión examina la contribución de la psicología para abordar la crisis climática global. Se analiza cómo los impactos de la crisis climática, como eventos extremos y disrupciones ambientales, pueden afectar la salud mental, generando estrés y ansiedad. Esto resalta la necesidad de una respuesta interdisciplinaria que involucre a la psicología. Además, se exploran los factores psicológicos que influyen en las respuestas individuales y colectivas ante esta crisis, como barreras cognitivas, emocionales y conductuales que dificultan la adopción de comportamientos sostenibles. La psicología enfrenta retos clave, como promover cambios de comportamiento efectivos, mejorar la comunicación climática, abordar desigualdades y fomentar la justicia ambiental. Finalmente, se enfatiza la importancia de un enfoque colaborativo donde la psicología se integre con otras disciplinas para brindar soluciones integrales que promuevan la mitigación, adaptación y resiliencia frente a los impactos del calentamiento global.

Palabras clave:

Adaptación; Crisis climática; Mitigación; Psicología; Salud mental.

Abstract

This reflection examines the contribution of psychology in addressing the global climate crisis. It analyzes how the impacts of the climate crisis, such as extreme events and environmental disruptions, can affect mental health, generating stress and anxiety. This highlights the need for an interdisciplinary response that involves psychology. Additionally, it explores the psychological factors that influence individual and collective responses to this crisis, such as cognitive, emotional, and behavioral barriers that hinder the adoption of sustainable behaviors. Psychology faces key challenges, such as promoting effective behavioral changes, improving climate communication, addressing inequalities, and fostering environmental justice. Finally, it emphasizes the importance of a collaborative approach where psychology integrates with other disciplines to provide comprehensive solutions that promote mitigation, adaptation, and resilience to the impacts of global warming.

Keywords:

Adaptation; Climate crisis; Mitigation; Psychology; Mental health.

Introducción

La crisis climática se ha consolidado como uno de los mayores desafíos ambientales y sociales del siglo XXI, con repercusiones significativas en la salud humana, la seguridad alimentaria, la biodiversidad y la estabilidad económica a nivel global (Berberian & Rosanova, 2012; Clayton & Parnes, 2025; Márquez-Jiménez & Padilla-Loredo, 2023). A medida que aumentan las temperaturas promedio, se intensifican los fenómenos meteorológicos extremos, se alteran los patrones de precipitación y se aceleran los procesos de desertificación. La urgencia de abordar este fenómeno se vuelve cada vez más apremiante.

Cuando se habla de la crisis climática, se suele nombrar desde distintos discursos académicos, públicos y coloquiales como cambio climático. Sin embargo, es importante repensar cómo se nombra esta problemática, que se está constituyendo en una crisis civilizatoria (Lander, 2011). El constructo cambio climático puede inducir percepciones de gradualidad y neutralidad axiológica, generando distancia psicológica y atenuando la urgencia percibida, mientras que el marco conceptual de crisis climática transmite con mayor fidelidad la gravedad, inminencia y magnitud de las perturbaciones ecosistémicas contemporáneas, alineándose con la evidencia empírica actual. Este reencuadre lingüístico facilita la reducción de barreras psicológicas, la disonancia cognitiva y la difusión de responsabilidad, potenciando la disposición hacia comportamientos mitigatorios y adaptativos.

Los efectos de la crisis climática son inevitables, de ahí que ya no se hable de prevención, sino de adaptación y mitigación. Las acciones de mitigación se refieren a los esfuerzos por limitar, prevenir y contrarrestar las emisiones de gases de efecto invernadero, con el fin de frenar y eventualmente detener la problemática ambiental provocada por el ser humano. Los enfoques de mitigación apuntan a reducir el consumo general de energía, así como a modificar la forma en que se produce y utiliza. Estos esfuerzos buscan promover acciones individuales y organizacionales que favorezcan la producción y el uso de energía, alimentos, modos de transporte y otras actividades amigables con el clima, para disminuir la producción de gases de efecto invernadero.

La adaptación, por su parte, se refiere a los esfuerzos por reducir los impactos negativos actuales y futuros de la crisis climática, ayudar a las personas a adaptarse a sus efectos, desarrollar resiliencia para enfrentar sus impactos más dañinos y promover la planificación y el cambio a largo plazo. Estas acciones son necesarias porque, incluso según las proyecciones más optimistas, el clima seguirá cambiando durante gran parte de este siglo debido a los gases de efecto invernadero que ya se han emitido y se siguen emitiendo actualmente.

Desde una perspectiva de bienestar, se señala que los cambios en el clima debido a las emisiones de gases, resultado de las prácticas humanas como la generación y el uso de energía, la manufactura, el transporte y la agricultura, están teniendo impactos generalizados y dañinos para la vida en el planeta, incluida la salud y el bienestar humanos (Ágoston et al., 2022). De ahí que se requiera ser comprendido más como un problema humano, y no como un problema ambiental (Clayton, 2019).

En este contexto, se reconoce que la crisis climática no es simplemente un problema ambiental, sino también un desafío social y psicológico. Aunque la ciencia ha proporcionado evidencia contundente sobre la realidad y las causas de esta problemática ambiental, la acción para mitigar sus efectos y adaptarse a sus impactos sigue siendo insuficiente. Esta brecha entre el conocimiento científico y la acción política y social ha despertado un interés creciente en comprender los factores psicológicos que subyacen a la respuesta humana ante esta crisis.

La psicología ambiental y la psicología social han emergido como disciplinas claves para abordar esta brecha, al proporcionar comprensiones sobre cómo las percepciones, actitudes, valores, emociones y comportamientos de las personas influyen en su respuesta a la crisis ambiental. Estudios recientes han demostrado que la forma en que percibimos y respondemos a la problemática climática está mediada por una variedad de factores psicológicos, sociales y contextuales, que van desde la percepción del riesgo y las actitudes hacia el ambiente hasta las normas sociales y la autoeficacia percibida (Gifford & Nilsson, 2014; Heath & Gifford; 2006; Leiserowitz, 2006; Pearson, 2024).

En este sentido, la psicología desempeña un papel crucial en la identificación de barreras psicológicas que obstaculizan la acción climática, así como en el diseño de intervenciones efectivas para fomentar comportamientos proambientales a nivel individual y colectivo (Sierra-Barón & Millán-Otero, 2024). Al comprender mejor cómo funciona la mente y el comportamiento en relación con la crisis climática, se pueden desarrollar estrategias más efectivas para promover la mitigación y adaptación, y construir un futuro más sostenible y resiliente para las generaciones venideras.

En este artículo se buscará explorar el papel de la psicología en la mitigación y adaptación ante la crisis climática, examinando sus efectos en la salud mental, los factores psicológicos que influyen en las respuestas ante la crisis ambiental y discutiendo los retos que tiene la psicología ante esta problemática mundial.

Efectos de la crisis ambiental en la salud mental

La crisis climática es una preocupación global no solo por la incidencia en la productividad económica, sino que los efectos impactan la salud física y mental de manera desigual en las personas, grupos y comunidades (Karlsson et al., 2024).

Diversos estudios muestran, por ejemplo, que los niños pequeños –y sus familias– son excepcionalmente vulnerables a circunstancias adversas como perturbaciones y emergencias provocadas por la crisis climática (Sierra-Barón et al., 2025). Los efectos inmediatos y a largo plazo de estas perturbaciones son aún más pronunciados para quienes se encuentran en condiciones desfavorables y con menos recursos para hacerles frente. De hecho, no cuidar y apoyar a los niños más pequeños y a sus familias perpetúa ciclos de pobreza y desventaja que pueden abarcar generaciones, socavando la fortaleza y la estabilidad de las comunidades y naciones (Harvard University Center on the Developing Child, 2022).

En términos psicosociales, numerosas problemáticas se desprenden de la crisis ambiental que merecen atención. El estrés y el aumento de trastornos mentales ocasionados por fenómenos climáticos extremos como las inundaciones, sequías e incendios forestales pueden exacerbar el riesgo de estrés postraumático, la ansiedad, la depresión y otros problemas de salud mental. Otro de los impactos se centra en la salud mental colectiva, ya que la incertidumbre, la pérdida de hogares y medios de vida, el desplazamiento forzado y la ruptura del tejido social pueden generar angustia, desesperanza y una sensación de impotencia generalizada (Doherty & Clayton, 2011).

Del mismo modo, el aumento en la escasez de recursos, como agua, alimentos y tierras cultivables, puede exacerbar los conflictos sociales y las tensiones entre grupos. Esto puede generar divisiones, discriminación, conflictos étnicos o religiosos e incluso a la violencia en situaciones extremas. La crisis climática puede conducir también a una migración masiva de personas que buscan escapar de condiciones ambientales adversas. Situación que puede generar problemas de integración cultural, xenofobia, discriminación y tensiones sociales en las comunidades de acogida (Clayton, 2020; López-Cabanas & Aragonés, 2019).

Es crucial resaltar que los efectos de la crisis climática en la salud mental no se distribuyen de manera equitativa. Las poblaciones más vulnerables, como las comunidades indígenas, los niños, jóvenes y adolescentes, las personas de bajos ingresos y los residentes de zonas costeras o áreas propensas a desastres, son significativamente más susceptibles a experimentar los impactos psicológicos adversos (Bourque & Cunsolo Willox, 2014; Fritze et al., 2008; Sierra-Barón et al., 2025). Estas poblaciones se ven afectadas de manera desproporcionada por los fenómenos climáticos extremos, tales como sequías, inundaciones y tormentas, lo que puede ocasionar traumas, pérdidas y disrupciones en sus medios de vida, generando así un mayor riesgo de problemas de salud mental (Cunsolo & Ellis, 2018). Además, suelen tener un acceso limitado a recursos y servicios de salud mental, lo que dificulta su capacidad para hacer frente y recuperarse de los efectos psicológicos.

Como se mencionó anteriormente, los cambios de comportamiento a nivel individual tienen el potencial de mitigar la crisis climática; por ello, comprender los factores psicosociales que influyen en los comportamientos es clave, ya que en ocasiones se vuelven barreras para el cambio. Son necesarias intervenciones comunitarias para lograr el cambio a comportamientos y actitudes más sostenibles (Csutora, 2012; Wannewitz & Garschagen, 2023; Wynes et al., 2020).

Barreras frente a la acción y adopción de conductas proambientales

Es importante resaltar que las barreras que enfrentan las personas para adoptar conductas proambientales y acciones para mitigar la crisis climática no se limitan únicamente a la falta de voluntad individual. En realidad, convergen una multiplicidad de factores que influyen en la capacidad y disposición de las personas para actuar de manera amigable con el planeta.

Aunque las personas son conscientes de que la problemática ambiental es una realidad, pocas son las acciones que se emprenden de forma individual y colectiva. La percepción que se tiene del riesgo (por ejemplo, la amenaza del calentamiento global) y la participación en comportamientos proambientales o amigables con el ambiente (por ejemplo, reducir el uso del carro) no tienen un ritmo proporcional que contribuya a mitigar de forma significativa los efectos de la crisis climática.

De igual manera, a pesar de la abundante evidencia científica sobre los impactos actuales y futuros de la crisis climática, la respuesta global para mitigarlo y adaptarse a sus efectos ha sido insuficiente. Esta aparente inacción o lentitud para abordar el problema no se debe únicamente a factores económicos, políticos o tecnológicos, sino que también involucra barreras psicológicas arraigadas en la cognición y el comportamiento humano (Gifford, 2011). Por lo tanto, la psicología, como disciplina dedicada al estudio de la mente y la conducta, tiene un rol fundamental que desempeñar en la crisis climática.

Numerosos sesgos cognitivos y heurísticos han sido identificados como obstáculos para la acción climática efectiva. Por ejemplo, el sesgo de la negación, que lleva a minimizar o negar las amenazas percibidas como demasiado abrumadoras. Asimismo, la tendencia a priorizar los beneficios a corto plazo sobre los costos a largo plazo dificulta la adopción de medidas preventivas (Clayton et al., 2015). Otros factores son la falta de control percibido, la desconexión con la naturaleza y la influencia de las normas sociales.

La teoría del comportamiento proambiental postula que las acciones individuales y colectivas en respuesta a la crisis ambiental están influenciadas por una variedad de factores psicológicos, sociales y contextuales. Entre estos factores, se destacan la percepción del riesgo, las actitudes hacia el medio ambiente, las normas sociales, la autoeficacia percibida y las barreras percibidas para la acción.

Según Spence et al. (2012), la percepción del riesgo juega un papel crucial en la determinación de la respuesta de las personas ante la crisis climática. Sin embargo, las percepciones del riesgo pueden estar sesgadas por factores como la distancia temporal y espacial, la incertidumbre y la negación. Por ejemplo, la tendencia a percibir la crisis ambiental como un problema lejano en el tiempo o en el espacio puede disminuir la motivación para tomar medidas proambientales en el presente.

Además de la percepción del riesgo, las actitudes hacia el ambiente desempeñan un papel importante en la predicción de la acción climática. Las actitudes ambientales pueden variar desde la preocupación pasiva hasta el compromiso activo con la protección del ambiente. Para Clayton et al. (2017), las actitudes proambientales están influenciadas por una variedad de factores, incluidos los valores personales, la identidad ambiental y la experiencia directa con los efectos de la problemática ambiental.

Las normas sociales también juegan un papel importante en la determinación del comportamiento climático. La presión social para conformarse a las expectativas del grupo puede influir en la adopción de comportamientos proambientales. Sin embargo, las normas sociales pueden ser tanto facilitadoras como inhibidoras de la acción climática, dependiendo del contexto social y cultural en el que se encuentre el individuo.

La autoeficacia percibida, o la creencia en la propia capacidad para llevar a cabo acciones efectivas, ha sido identificada como un predictor clave del comportamiento proambiental (Gifford & Nilsson, 2014). Las personas que se sienten más seguras de su capacidad para tomar medidas proambientales son más propensas a comprometerse en comportamientos como la reducción del consumo de energía y el uso del transporte sostenible.

Por otro lado, las barreras percibidas para la acción, como la falta de recursos, el costo percibido y la falta de apoyo social, pueden obstaculizar la adopción de comportamientos proambientales. La identificación y mitigación de estas barreras son cruciales para fomentar la acción climática a nivel individual y colectivo (Barrera-Hernández et al., 2021).

Entre estos factores se encuentran las limitaciones económicas, la falta de acceso a tecnologías sostenibles, las políticas públicas inadecuadas, la desinformación y la falta de educación ambiental. Además, los hábitos arraigados, las normas sociales y culturales, así como la percepción de que los esfuerzos individuales tienen un impacto limitado, pueden actuar como barreras psicológicas significativas.

Por lo tanto, abordar estos desafíos requiere un enfoque multidimensional que involucre no solo la concientización individual, sino también la implementación de políticas públicas sólidas, incentivos económicos, inversión en investigación y desarrollo, y la creación de entornos que faciliten y promuevan la adopción de comportamientos sostenibles. Solo a través de esfuerzos coordinados y una comprensión de los factores subyacentes se podrán superar estas barreras y lograr un cambio significativo hacia un futuro más sostenible.

Retos y desafíos de la psicología ante la crisis climática

A medida que la crisis climática se intensifica, la psicología se enfrenta al desafío de abordar los factores humanos que contribuyen al problema y desarrollar soluciones efectivas. Sin embargo, también presenta oportunidades para promover el bienestar humano y la sostenibilidad ambiental. Al abordar las barreras psicológicas, promover el cambio de comportamiento, abordar los impactos psicológicos, mejorar la comunicación y colaborar con otras disciplinas, la psicología puede desempeñar un papel fundamental en la mitigación y adaptación ante la crisis climática.

Uno de los grandes desafíos que enfrenta la psicología ante la crisis climática es la formación de profesionales con las competencias y habilidades necesarias para pensar de manera crítica y proponer acciones orientadas a promover comportamientos ambientalmente sostenibles. Esta tarea implica que los currículos académicos se ajusten y respondan a dicha necesidad, incorporando contenidos y enfoques que preparen a los futuros psicólogos a abordar los retos ambientales desde una perspectiva psicológica.

En muchos países, la psicología ambiental y la psicología de la sostenibilidad han sido áreas marginales o poco desarrolladas dentro de los currículos universitarios. Por ejemplo, en Colombia, no fue hasta el año 2022 cuando se reconoció formalmente la psicología ambiental y la sostenibilidad como un campo independiente y especializado dentro de la psicología, separado de la psicología social y comunitaria (Colegio Colombiano de Psicólogos, 2022).

Esta situación refleja la urgencia de actualizar y reestructurar los programas de formación en psicología para brindar a los estudiantes las herramientas teóricas y prácticas necesarias para comprender y abordar los factores psicológicos que influyen en la percepción, las actitudes y los comportamientos relacionados con el ambiente y su crisis. Esto implica incorporar contenidos sobre psicología ambiental, psicología de la sostenibilidad, cambio de comportamiento, comunicación efectiva y otras áreas relevantes (Millán-Otero & Sierra Barón, 2022).

Además, es fundamental promover enfoques interdisciplinarios que permitan a los futuros psicólogos colaborar de manera efectiva con profesionales de otras disciplinas, como las ciencias ambientales, la economía, la política y la educación, para abordar de manera integral los complejos desafíos que plantea la crisis climática.

Una de las áreas más prometedoras para la aplicación de la psicología radica en el diseño de comunicaciones persuasivas y estrategias que promuevan cambios en el comportamiento. Por ejemplo, los conocimientos psicológicos pueden contribuir a enmarcar los mensajes de manera más efectiva, aprovechando las tendencias cognitivas naturales, como la forma en que se presenta la información o la preferencia por mantener el statu quo, para motivar acciones sostenibles. Además, técnicas como el compromiso y la consistencia o la influencia de las normas sociales pueden ser utilizadas para fomentar la adopción y el mantenimiento de prácticas proambientales.

Otra área clave es el diseño e intervenciones y programas que ayuden a las personas y comunidades a afrontar los impactos de la problemática ambiental, fomentando la resiliencia psicológica y la capacidad de adaptación. Asimismo, la psicología puede aportar conocimientos para promover la aceptación y adopción de tecnologías y prácticas de mitigación, superando barreras psicológicas y culturales.

Otra contribución fundamental de la psicología frente a la crisis climática es promover la justicia climática. Esto implica abordar las desigualdades existentes y garantizar que todas las personas, independientemente de su raza, etnia, género, condición socioeconómica o ubicación geográfica, tengan acceso equitativo a los recursos y el apoyo necesarios para mitigar y adaptarse a los efectos de la crisis climática, incluidos los impactos en la salud mental. Esta labor puede requerir la implementación de programas de asistencia psicológica y servicios de salud mental accesibles, el fortalecimiento de las redes de apoyo comunitario y la promoción de la resiliencia psicológica a través de la educación y el cuidado del medioambiente.

La crisis climática representa un desafío sin precedentes que exige el involucramiento de la psicología. A medida que los impactos de la crisis ambiental se intensifican, es urgente abordar los factores que influyen en la percepción, la toma de decisiones y el comportamiento en relación con el medioambiente. Superar las barreras psicológicas, promover cambios de comportamiento efectivos, abordar los impactos psicológicos, mejorar la comunicación y fomentar la justicia climática son solo algunos de los retos clave que deben abordarse.

Conclusiones

La mitigación y adaptación en la crisis requieren una comprensión de los factores psicológicos que influyen en el comportamiento humano. Al desentrañar estos factores, la psicología puede desempeñar un papel importante en el diseño de intervenciones situadas para hacer frente a la crisis climática. Desde fomentar cambios de comportamiento individuales hasta promover políticas públicas y estrategias de comunicación, los conocimientos psicológicos son esenciales para abordar esta crisis global de manera integral.

La psicología ambiental ofrece herramientas claves para promover cambios de comportamiento sostenibles. Más allá de la simple difusión de información, es necesario comprender los mecanismos que motivan cambios duraderos. Las intervenciones basadas en normas sociales, establecimiento de compromisos, diseño de opciones predeterminadas y estrategias de retroalimentación han demostrado ser eficaces para reducir el consumo energético, promover el transporte sostenible y fomentar hábitos de consumo responsable. Las estrategias que fortalecen la autoeficacia y conectan las acciones climáticas con valores personales han demostrado mayor efectividad que aquellas centradas en la información, en mensajes alarmistas o punitivos.

En cuanto a la comunicación climática, la psicología tiene un papel crucial en su transformación y mejora. Los marcos comunicativos que enfatizan beneficios locales, soluciones concretas y narrativas de esperanza generan mayor compromiso que los mensajes centrados únicamente en amenazas globales distantes. Es fundamental adaptar los mensajes a los valores, identidades y preocupaciones específicas de diferentes audiencias. La investigación psicológica sobre narrativas personales, visualización de datos y comunicación del riesgo ofrece pautas para superar las barreras cognitivas que dificultan la comprensión de problemas complejos y a largo plazo como la crisis climática. Las estrategias de comunicación deben equilibrar la urgencia con la esperanza, evitando tanto la negación como la parálisis por ansiedad.

La psicología debe también integrar perspectivas de justicia en su enfoque frente a la crisis climática, reconociendo que los impactos y las capacidades de respuesta están distribuidos de manera desigual. El fomento de la justicia ambiental requiere identificar y abordar los sesgos cognitivos que perpetúan inequidades, como la tendencia a descontar impactos futuros o distantes geográficamente. Los enfoques participativos basados en principios psicológicos pueden empoderar a comunidades vulnerables en procesos de toma de decisiones ambientales, garantizando que las políticas climáticas respondan a sus necesidades específicas y aprovechen su conocimiento local.

Por otro lado, los efectos de la crisis climática en la salud mental representan un desafío que requiere una respuesta integral desde la psicología y otras disciplinas de la salud y ciencias sociales. A medida que aumentan los eventos climáticos extremos, las disrupciones ambientales y el desplazamiento forzado, es crucial abordar los impactos psicológicos asociados, como el estrés, la ansiedad, el trauma y los trastornos de salud mental. Al comprender y abordar estos impactos, la comunidad científica y los profesionales de la salud mental pueden contribuir a proteger el bienestar psicológico de las poblaciones afectadas y promover una mayor resiliencia frente a los desafíos ambientales actuales y futuros.

En última instancia, abordar la crisis climática requiere un enfoque multidisciplinario y colaborativo, donde la psicología se une a otras disciplinas para brindar soluciones integrales y duraderas. Al aprovechar los conocimientos psicológicos y trabajar en conjunto con las ciencias ambientales, la economía, la política y otras áreas, se podrá construir un futuro más resiliente y sostenible para todos. La psicología no solo debe contribuir con conocimientos sobre comportamiento individual, sino también iluminar los procesos colectivos, institucionales y sistémicos necesarios para lograr transformaciones sociales frente a los desafíos climáticos.

Conflicto de intereses

Los autores declaran la inexistencia de conflicto de interés con institución o asociación comercial de cualquier índole.

Referencias

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Notas de autor

Katy Luz Millán Otero

Doctora en Ciencias Sociales, Universidad de Antioquia. Docente investigadora de la Facultad de Psicología, Salud y Bienestar, Universidad Católica Luis Amigó. Grupo de Investigación Estudios de Fenómenos Psicosociales (Medellín, Colombia). Subdirectora del Campo Psicología Ambiental y Sostenibilidad del Colegio Colombiano de Psicólogos –COLPSI–. Contacto: katy.millanot@amigo.edu.co. ORCID: 0000-0002-8895-7098. Google Scholar: https://scholar.google.com/citations?user=C9ZdWuEAAAAJ&hl=es

Cristian Gaviria Patiño

Estudiante de psicología, Universidad Católica Luis Amigó. Integrante del semillero de Psicología Ambiental del Grupo de Investigación Estudios de Fenómenos Psicosociales (Medellín, Colombia). Contacto: cristian.gaviriapa@amigo.edu.co