Documento de reflexión no derivado de investigación
Del método cartesiano: del pensamiento complejo al sistémico. Hacia una perspectiva psicosocial
From the cartesian method: from complex to systemic thinking. Toward a psychosocial perspective
Recibido: 3 de julio de 2024 / Aceptado: 7 de septiembre de 2024 / Publicado: 21 de julio de 2025
Marisol Castaño Suárez
Forma de citar este artículo en APA:
Castaño Suárez, M. (2025). Del método cartesiano: del pensamiento complejo al sistémico. Hacia una perspectiva psicosocial. Poiésis, (48), 30-41. https://doi.org/10.21501/16920945.5011
Resumen
El presente ejercicio académico propende por investigar el pensamiento del filósofo francés Edgar Morin, en referencia al concepto de “pensamiento complejo-sistémico”. Para ello, se abordarán tres momentos fundamentales que servirán como hilo conductor: pensamiento complejo, sistémico y la idealidad científica. Se recurrió a otras obras del autor y a interpretaciones de diversos especialistas en su pensamiento, empleando una metodología de carácter interpretativo y deconstructivo. Se trató de un estudio exploratorio y descriptivo que permitió un acercamiento al ámbito psicosocial desde el pensamiento complejo.
Palabras clave:
Método cartesiano; Pensamiento complejo; Psicología social; Pensamiento sistémico; Perspectiva psicosocial; Idealidad científica; Transdisciplinariedad.
Abstract
This academic exercise aims to investigate the thought of French philosopher Edgar Morin, referring to the concept of “complex-systemic thought.” To this end, three key moments will be addressed as a guiding thread: complex thought, systemic thought, and scientific ideality. Other works by the author and interpretations of his thought by various specialists were drawn upon, employing an interpretive and deconstructive methodology. This was an exploratory and descriptive study that allowed for an approach to the psychosocial field from the perspective of complex thought.
Keywords:
Cartesian method; Complex thinking; Social psychology; Systemic thinking; Psychosocial perspective; Scientific ideality; Transdisciplinarity.
Introducción
Existe, desde hace rato, una queja sobre la educación, su cambio; girar la mirada en la formación educativa, frente a una uniformidad que aleja toda idea pedagógica de cualquier posibilidad de giro. Todos aquellos que piden a gritos cambiar de mirada formativa aún continúan esperando los cambios. Estos propósitos giratorios pueden encontrar respuesta en la idea que propone Morin en la educación: una nueva epistemología que señala el camino a seguir y abre la posibilidad de comprender la educación desde otros ángulos, como lo plantea el pensamiento complejo. Seguir a este, no es segregar o fragmentar la educación desde el párvulo hasta la universidad, por el contrario, el proceso educativo debe ser continuo para que no se traslape. El sujeto al que se educa debería de ser autárquico para alcanzar la ascesis.
Del pensamiento complejo al sistémico. La idealidad científica en Edgar Morin
En el siglo XVII nace uno de los filósofos más notables en Francia: René Descartes. Su importancia es tan relevante que aún trasciende en los tiempos actuales. Su célebre frase “Pienso, luego existo” (Descartes, 2010) lo inmortalizó como una figura clave en la historia de la filosofía. Su más fina intención fue la de construir un método o metodología indefectible para alcanzar el verdadero conocimiento, que recibe el nombre de “El método cartesiano”. Su propuesta de trabajo nace por su inconformidad de sospecha como respuesta al desasosiego que se generó en los siglos XV al XVII, debido al extravío de la validez del paradigma científico geocentrista y teocentrista en su momento.
El propósito o la intención de Descartes fue el de crear un método que respondiera a las dudas que surgen en las investigaciones o estudios. Se debe dudar absolutamente de todo de manera escéptica, lo que lleva a rupturas con las viejas tradiciones investigativas. El resultado de dicha pendencia es la certeza. Descartes recurre a las matemáticas, pues las consideraba la ciencia más importante. Con ellas propone un método general, con la intención de agrupar todas las ciencias alrededor de las matemáticas como eje central para todas las investigaciones. Todas las dudas que se generan en los estudios investigativos serán resueltas a través de las matemáticas porque estas producen certezas, mas no dudas. Además de lo anterior, para darle una mayor fortaleza a su disciplina metódica recurre a la razón, porque esta es el trebejo que se encarga de universalizar de manera conjunta todas las ciencias. Para afianzar su método filosófico, lo eleva a cuatro momentos: evidencia, análisis, síntesis y comprobación. Sobre la evidencia, afirma:
No admitir como verdadera cosa alguna, como no supiese con evidencia que lo es; es decir, evitar cuidadosamente la precipitación y la prevención, y no comprender en mis juicios nada más que lo que se presentase tan clara y distintamente a mi espíritu, que no hubiese ninguna ocasión de ponerlo en duda. (Descartes, 2010, p. 114)
Para Descartes, la evidencia es lo más verídico, proceso que se genera desde la intuición. Lo que se percibe de manera inminente. Todo lo que se percibe es transparente para que nada quede bajo la duda. En otras palabras, lo deductivo se deja a un lado para evitar así la antinomia.
La segunda es el análisis: “Dividir cada una de las dificultades que examinaré en cuantas partes fuere posible y en cuantas requiriese su mejor solución” (Descartes, 2010, p. 114). La totalidad de las ideas resulta enrevesada, por lo que se fracciona en otras más sencillas. Acá se desmigaja de manera compleja como concepto hasta convertirse en ideas completamente evidentes. Por ello, la mente infiere con transparencia en ellas, las ideas.
Luego, emerge la síntesis:
Conducir ordenadamente mis pensamientos, empezando por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ir ascendiendo poco a poco, gradualmente, hasta el conocimiento de los más compuestos, e incluso suponiendo un orden entre los que no se preceden naturalmente. (Descartes, 2010, p. 114)
La síntesis, como fase constructiva del pensamiento cartesiano, permite que se produzca un nuevo conocimiento. La cual se da desde la deducción.
Por último, está la comprobación. Para Descartes (2010) esta etapa consiste en “hacer en todos unos recuentos tan integrales y unas revisiones tan generales, que llegase a estar seguro de no omitir nada” (p. 114). Es el volver a revisar en sí todo el procedimiento o proceso con la idea de evitar falsaciones en la edificación del nuevo conocimiento. De este modo, dicho conocimiento se vuelve no solo evidente, sino también irrebatible.
El método cartesiano es una construcción para garantizar los estudios y las investigaciones para no caer en falsaciones que pueden torpedear los procesos para alcanzar la certeza. Evitar los errores para diferenciar lo falso de lo verdadero. Al lograrlo permite alcanzar neófitas ideas útiles para llegar a conocimientos verdaderos. Todo lo anterior lo construye Descartes para hacer ciencia confiable. Sustenta el filósofo:
Entiendo por método reglas ciertas y fáciles, mediante las cuales el que las observe exactamente no tomará nunca nada falso por verdadero, y, no empleando inútilmente ningún esfuerzo de la mente, sino aumentando siempre gradualmente su ciencia, llegará al conocimiento verdadero de todo aquello de que es capaz. (Descartes, 1984, p. 79)
De esta manera, Descartes deja por sentado la forma de obviar los errores en los estudios o investigaciones para alcanzar la certeza. Rigurosidad que va de lo más simple a lo más complejo. Es decir, el viejo proceso de lo particular a lo general.
Todo el método consiste en el orden y disposición de aquellas cosas a las que se ha de dirigir la mirada de la mente a fin de que descubramos alguna verdad. Y la observaremos exactamente si reducimos gradualmente las proposiciones complicadas y oscuras a otras más simples, y si después intentamos ascender por los mismos grados desde la intuición de las más simples hasta el conocimiento de todas las demás. (Descartes, 1984, p. 87)
La idea es saber descubrir para iluminar e interpretar y poder demostrar las cosas que la naturaleza sabe ocultar. La verdad está oculta, y el método es el medio para desocultar la verdad ante las falsaciones, otorgándole un orden esencial. Para alcanzar la verdad se debe labrar un camino a través de la razón, lo cual implica todo un método con conocimientos matemáticos y en la precisión respecto a los logros alcanzados. Por tanto:
Se trata de acrecentar la “sabiduría universal”, “la luz natural de la razón” que ilumina el mundo y lo vuelve inteligible. La unidad de las ciencias hace que ellas tengan una dependencia mutua, de tal manera que es más fácil aprenderlas todas al tiempo que cada una en forma separada, y que el conocimiento de una verdad ayuda a conocer las otras. (Paty, 1997, p. 7)
Descartes deja claro que se necesita un método para adelantar estudios o investigaciones. Y es eso lo que avala Edgar Morin. Pero Morin, propone su propio sistema investigativo.
La idea o pensamiento complejo fue creado por Edgar Morin. Todos los objetos, actos o acontecimientos deben estar dentro de los estudios investigativos de las ciencias, nada puede quedar por fuera del saber, porque al tener cimiento se desliga para emerger las llamadas ciencias ocultas o sabiduría popular. Todo lo contrario, todas las cosas que se presenten como un fenómeno o anormalidades emergen como un pensamiento complejo, como un abanico de ilación con los otros objetos que están fuera del sistema. Si esto se logra, se previene la fragmentación de las cosas y del conocimiento, lo cual evita la descontextualización del saber. Por tanto, es necesario que las cosas se mantengan en su conjunto, en su unidad, para poder pensarlas y construir nuevos saberes sobre los fenómenos que la naturaleza oculta. En relación con lo anterior, el filósofo francés sostiene:
Hay que enseñar que las cosas no son solamente cosas, sino también sistemas que constituyen una unidad que vincula partes diversas; no objetos cerrados, sino entidades inseparablemente unidas a su entorno y que sólo pueden ser conocidas si se las inserta en su contexto. En lo que respecta a los seres vivos, éstos se comunican entre sí y con su entorno y estas comunicaciones forman parte de su organización y de su naturaleza. (Morin, 2002, p. 81)
Esa naturaleza es la que se debe estudiar en su densidad. Él mismo lo sostiene: la misma naturaleza entre sí posee pistas o medios de comunicación, y es precisamente lo que las ciencias no deben obviar, ese entramado oculto es el que desvía o extravía las miradas científicas. En otras palabras, al girar la mirada se cambia de paradigma. Es reformar el pensamiento donde se derriban las viejas tradiciones equivocadas de sinopsis mentales. Reforma que responsabiliza a ver con los ojos del alma las cosas que nos rodean como humanos y no humanos, que nos conducen a las construcciones de relaciones complejas con otros seres que hacen parte de la naturaleza. De acuerdo con Morin (2002), se trata “de una reforma que concierne nuestra aptitud para organizar el conocimiento, es decir, para pensar” (p. 88). En otras palabras, “el conocimiento de las partes depende del conocimiento del todo” (p. 92). El conocimiento hay que asociarlo como un pensamiento vehículo que se conexiona entre sí para con las cosas. Porque “el pensamiento debe asumir dialógicamente los dos términos que tienden a excluirse entre sí” (p. 101).
Es la manera como Edgar Morin, desde su pensamiento filosófico-sociológico, enmienda el pensamiento con el fin de darle al conocimiento una estructura diferente a las tradicionales. Esta nueva propuesta constituye paradigmas de complejidad para la construcción y deconstrucción de ideas neófitas en el contexto social desde las ciencias y la filosofía. Intención clara ante las cosas que se vuelven fenómeno. Morin (1977) lo deconstruye de la siguiente manera:
No se trata aquí de contestar el conocimiento “objetivo”. Sus beneficios han sido y siguen siendo inestimables, puesto que la primacía absoluta otorgada a la concordancia de las observaciones y de las experiencias sigue siendo el medio decisivo para eliminar lo arbitrario y el juicio de autoridad. Se trata de conservar absolutamente esta objetividad, pero integrándola en un conocimiento más amplio y reflexivo, dándole el tercer ojo abierto ante aquello para lo que es ciego. (pp. 34-35)
Todo debe pasar por las diversas miradas de las ciencias sociales y naturales, cambio que muestra a Morin como todo un reformista insatisfecho desde los tiempos pasados. Él observa que la pluralidad no puede caer en extravíos seculares, ya que los adelantos científicos deben orientarse a mejorar la vida de los humanos y no humanos en dos momentos fundamentales: lo cognitivo (conocimiento científico) y lo civilizatorio (científico). En relación con esto, Mosterín (2001, como se citó en Romero, 2003) plantea:
La necesidad de estrechar nexos entre el conocimiento humanístico y el científico, no sólo en el ámbito educativo, sino en cualesquiera de otras esferas del saber constituye, hoy por hoy, una doble exigencia: cognitiva y civilizatoria. Cognitiva, en la medida que precisamos de teorías unificadas de la realidad humana y su ubicación en el Universo. Civilizatoria, en la medida en que son numerosos y complejos (dinámicos e interdependientes) los desafíos a los que el ser humano debe necesariamente dar respuesta porque lo que está en juego es nuestra «civilidad». Y nuestro grado de «civilidad» o, lo que es lo mismo, de «eticidad» o «humanización» depende, entre otros, de nuevos conocimientos y valores que nos permitan elevar nuestra «autoconciencia». (p. 5)
En lo cognitivo, se plantea como maniobra o estrategia que admite la ampliación de indagación en relación con la forma como se lee el objeto a investigar, lo dispar en correspondencia con lo observado o leído. Morin busca demostrar si existe una relación entre lo humano y el mundo que está oculto en su naturaleza, si entre ellos existen discrepancias y desemejanzas, o lo contrario. Desde lo civilizatorio, se promueve la creación de una interacción integral entre lo humano y los elementos que lo componen a su alrededor para poder interpretar o deconstruir la interacción que se traslapa en ese filo existente entre la humanidad y el mundo.
Morin deja claro que se debe superar la forma o la manera como se hacía ciencia o se investigaba en el pasado. Como lo afirma Delgado (2011):
En el pensamiento antiguo, encontramos diversidad de posiciones epistemológicas y reconocimiento de modos diversos de aprehensión de la realidad. El saber fue considerado como una entidad múltiple y un producto humano especial cuyas raíces se pierden en la mitología, en la distinción del caos y el cosmos, el desorden y el orden. Incluso las clasificaciones del saber más elevadas —como la distinción aristotélica de la experiencia, la técnica y la sabiduría—, al establecer una jerarquía y preferencia de saberes no legitima a la sabiduría mediante la exclusión del resto de los saberes, sino en relación con ellos. El conocimiento es entendido como creación humana y convive con el resto de las creaciones del hombre. El saber se reconoce como entidad indiferenciada a la que le es ajena la contraposición entre sujeto y objeto del conocimiento. Tampoco se reconoce la legitimidad de un método intelectual o práctico privilegiado que confiera validez absoluta a un saber. El saber científico especial no es todavía un saber supremo, se encuentra en gérmenes y es solamente un saber entre otros. La legitimación del saber estaba vinculada a la multilateralidad social a la que respondía. (p. 5)
Los nuevos paradigmas, al emerger, superan los anteriores, y su pensamiento complejo es eso, una nueva forma de construir para el avance de la sociedad. En palabras del profesor Delgado (2018): “La investigación desde una perspectiva compleja puede servir o no al cambio en la vida cotidiana, pero no es investigación que se realiza desde ni con las reglas de la vida cotidiana: debe aspirar a ser investigación científica” (p. 14).
El saber popular o cotidiano no debe imponerse al científico, ya que no posee las bases estructurales o procesos para su comprobación. Al estar sustentado en creencias, puede formar parte de un saber falso saber y hace que se vuelva indistinto a las demás cosas. Como bien diría Moscovici, hay dos formas de ver el mundo: una basada en el sentido común, que es necesaria para poder organizar las ideas frente a situaciones que pueden emerger, y otra forma de teorizar o comprender el mundo se fundamenta en el pensamiento científico, que permite la comprobación de hipótesis frente a cualquier fenómeno psicosocial. Veamos la diferencia:
Mientras la vida cotidiana se propone reproducir la vida y trabaja con lo conocido, actividades como la ciencia se proponen obtener nuevo conocimiento, y se orientan a lo desconocido. Para llegar a lo desconocido es necesario trazar el camino y dejar huella de él. Es una manera sencilla de acercarnos al problema del método. La ciencia lo necesita, precisamente, porque trabaja con lo desconocido y se orienta a la producción de nuevos conocimientos. (Delgado, 2018, p. 16)
La ciencia innova, propone, investiga y divulga. Eso la hace creíble y responsable ante la sociedad. Porque demuestra con objetividad lo investigado. Mientras que, en la vida cotidiana, lo que tienen como conocimiento son falsaciones conservadoras que se han mantenido a través del tiempo, incapacidad argumentativa para sostener las creencias como ciencia. El pensamiento complejo aporta líneas importantes a los métodos epistemológicos, por ello:
Estamos condenados al pensamiento incierto, a un pensamiento acribillado de agujeros, a un pensamiento que no tiene ningún fundamento absoluto de certidumbre. Pero somos capaces de pensar en esas condiciones dramáticas. Del mismo modo, no hay que confundir complejidad y complicación. (Morin, 2009, p. 101)
Para el pensador francés, es categórico deconstruir toda una formación educativa que haga rupturas con las miradas tradicionales del mundo. Su necesidad pedagógica promulga por una educación investigativa o metodológica con la intencionalidad que propenda por “aprehender las relaciones mutuas y las influencias recíprocas entre las partes y el todo de un mundo complejo” (Morin, 1999, p. 2). Lo anterior, permitirá existir de acuerdo con nuestra compleja condición humana.
Ahora bien, del pensamiento complejo al sistémico, ambas son percepciones que señalan necesariamente examinar las diversas posturas complejas de forma mucho más holística. En Morin, las dos emergen como sustituto de la fragilidad del pensamiento humano con los cimientos sociales entre otros. El pensamiento sistémico se utiliza especialmente en los estudios organizacionales en la cual poseen correspondencia con su ambiente dentro y fuera de la naturaleza humana.
Mientras que lo complejo usurpa de lo sistémico elementos conductuales y propende por dechados de incertidumbres. La idea de lo sistémico es “hallar el punto donde los actos y modificaciones en estructuras pueden conducir a mejoras significativas y duraderas” (Morin, 2002, p. 115). Valga decir, para desocultar lo que está oculto por la naturaleza: “Su finalidad es hallar patrones de comportamiento en los sistemas de forma clara, por lo que emplea variedad de métodos, herramientas y principios, todos orientados a determinar las interrelaciones y propiedades emergentes que existen” (Torres & Vargas, 2018, pp. 83-84).
Todos los seres vivientes, y especialmente la humanidad, gozan de una variedad actos, hechos, dinámicas y acciones que se ejerce recíprocamente entre dos o más objetos, incluso sujetos o individuos que no son producto de la causa-efecto en la dimensión adjunta. Esto se debe a que lo humano, en su práctica conductual, no tiene fronteras. En relación con lo anterior, Senge (2002) argumenta: “Es una disciplina que permite visualizar la integridad, interrelaciones y el aprendizaje de cómo estructurar dichas interrelaciones de forma más efectiva y eficiente” (p. 11).
El propósito de Morin con su teoría es propender por interpretar lo complejo existente en la naturaleza y fuera de ella como lo son los fenómenos sociales. Por lo tanto, dice Morales (2017): “De este modo, se demanda una psicología social que, desde la asunción de la complejidad del ser humano y el estudio integral de tales implicaciones, colabore en el proyecto de estudiarlo en profundidad” (p. 13). Dicho de otra manera, lo psicología social, más que preguntarse por los fenómenos psicosociales, busca comprender al ser humano desde las diferentes cosmovisiones epistemológicas y en su profundidad.
La idealidad científica en Edgar Morin
Su aporte lo construye a partir de un método convertido en sistema, como lo es el pensamiento sistémico. Su idealidad es examinar e investigar las estructuras que se consideran verdades absolutas en referencia al objeto de estudio. En conclusión:
El pensamiento sistémico busca cambios en el pensamiento lineal. No hay partes en absoluto y se debe percibir y entender de otra forma a los objetos, con atención a las relaciones. Es decir, intenta cambiar concepciones, especialmente la creencia de que el comportamiento de un sistema puede entenderse completamente desde las propiedades de sus partes (idea básica en el paradigma cartesiano, un planteamiento analítico o reduccionista pero las partes por más pequeñas que sean no pueden entenderse completamente, aun reduciéndose a partes más y más pequeñas), en particular, aplicar a sistemas complejos. No todos los sistemas pueden comprenderse mediante el pensamiento analítico, ya que las propiedades de las partes no son intrínsecas, solo pueden comprenderse en el contexto de un sistema mayor. (Torres & Vargas, 2018, pp. 88-89)
Sin embargo, esta ciencia elucidante, enriquecedora, conquistadora, triunfante, nos plantea problemas cada vez más graves referentes al conocimiento que produce, a la acción que determina, a la sociedad que transforma. Esta ciencia liberadora aporta al mismo tiempo terroríficas posibilidades de sojuzgamiento. Este conocimiento tan vivo es el que ha producido la amenaza de aniquilación de la humanidad. Para concebir y comprender este problema hay que acabar con la estúpida alternativa entre una ciencia “buena”, que solo aporta ventajas, y una ciencia “mala”, que solo aporta perjuicios. Por el contrario, y desde el comienzo, debemos disponer de un pensamiento capaz de concebir y comprender la ambivalencia, es decir, la complejidad intrínseca que se halla en el mismo corazón de la ciencia (Morin, 1984, p. 32).
Sostener que Morin es un soñador, no cuesta nada. Construirlo y ofrecerlo como método o sistema es hacer rupturas con las ideas y pensamientos que aún no avanzan ni ven más allá de sus propias narices. Se la juega como un azar o destino griego, que busca anclar en un puerto donde existan sentidos inquietos por la verdad, la ciencia y la filosofía. Búsqueda comprometida desde la razón, principio que —como una erinia o treta— asalta la razón sin sospecha en la búsqueda de la verdad oculta por la naturaleza, pero que lo humano muchas veces lo deja en manos de las divinidades religiosas que aún conservan la fe como el medio de alcanzar la felicidad en vez de auscultar la verdad. Contra todo eso, es el método cartesiano del pensamiento complejo al sistémico. Es decir, la idealidad científica en Edgar Morin.
Finalmente, Morin, con su idea de “complejidad”, obliga a la fundamentación del saber reconsiderar la evaluación de las ciencias tradicionales, para evitar los reduccionismos de las ciencias modernas y no caer en ese error. Su propuesta implica todo un complexus que debe ser pasado por la urdimbre y unificar todos los hilos, uno a uno, para construir lazos que permitan una comprensión unificada de la realidad. Porque cada una de las disciplinas construye su objeto propio en su investigación, es decir, lo tabica, evitando así el reduccionismo. Esto lo antepone al reduccionismo de Descartes. Morin propone en un paradigma de secciones, es decir, sección por sección, para discurrir la realidad en su conjunto unificados, paso por paso y llegar a un enlace verdadero. Con esta idea, se pretende simplificar o evitar que la unidad que se investiga sea separada de su objeto de estudio, lo que podría llevar a una comprensión incompleta o inconclusa.
Por su parte, Descartes establece una separación entre sujeto-objeto desde las ciencias clásicas. A partir de allí se nota que es toda una disyuntiva. Entonces, el objeto de estudio se encuentra separado, donde las leyes universales la someten. El sujeto queda excluido del cuadro cartesiano, pues el objeto adquiere una existencia autónoma, es decir, independiente de quien lo observa. Esta escisión evidencia una desunión fundamental que conduce al reduccionismo. Manifiesta Morin (1984): “Por el que el pensamiento científico, o bien pone en disyunción realidades inseparables sin poder considerar su vínculo, o bien las identifica por reducción de la realidad más compleja a la realidad menos compleja” (p. 314).
La idea es no reducir para poder demostrar que las cosas que se estudian tienen o deben tener relaciones no disyuntivas. Sin embargo, no se puede negar que se debe recurrir a Descartes con el único objetivo de que su método posee elementos que contribuyen al pensamiento complejo. Por ejemplo, la razón. Al racionalizar, se supera el dualismo, ya que se adopta un enfoque desde una óptica holística que integra las partes, evitando así la incoherencia y la indecisión, y asegurando que ni el saber ni la razón queden excluidos del conocimiento.
Conclusiones
En este mismo orden de ideas, para el pensamiento complejo es urgente que la psicología social se implique desde una mirada transdisciplinar, como bien lo nombra Martínez (2007):
La transdisciplinariedad sería un conocimiento superior emergente, fruto de un movimiento dialéctico de retro- y pro-alimentación del pensamiento, que nos permite cruzar los linderos de diferentes áreas del conocimiento disciplinar y crear imágenes de la realidad más completas, más integradas y, por consiguiente, también más verdaderas. (p. 9)
La transdisciplinariedad resulta coherente dentro de las ciencias sociales y humanas, especialmente en la psicología, ya que no solo permite una visión más amplia, sino también una observación compleja de los fenómenos psicosociales desde múltiples perspectivas. A esto se le puede denominar complejidad, en la medida en que tener presentes otras epistemologías brinda un mayor acceso al objeto de conocimiento. Es importante considerar, además, que la sociedad y cada época están en constante movimiento; por ello, la psicología social asume la responsabilidad de ampliar su campo de acción a partir de un análisis basado en la complejidad, tal como la define Morin (1984, como se citó en Puente, 2014): “La complejidad no intenta dominar y controlar lo real, como trata de hacer la ciencia actual” (p. 70). En ese sentido, la perspectiva psicosocial abraza la complejidad como una base sólida para la comprensión de nuevas realidades que emergen en la sociedad.
De acuerdo con Morin (1984), se debe evitar caer en dogmatismos: “El dogma es inatacable por la experiencia, la teoría científica es biodegradable” (p. 39). Es decir, debe de poseer un proceso confiable donde se determine la acción investigativa.
La complejidad propuesta por Morin induce a toda una construcción para innovar el pensamiento. Es un estudio crítico y puntual lo que hace el pensador francés, porque lo conceptualiza desde las disciplinas científicas. Sostiene Morin (1999): “Según el dogma reinante, la pertinencia crece con la especialización y la abstracción. Pero un mínimo conocimiento de lo que es el conocimiento nos enseña que lo más importante es la contextualización” (p. 179). Lo cual lía con la separación completamente con la sistematicidad.
Conflicto de intereses
El autor declara la inexistencia de conflicto de interés con institución o asociación comercial de cualquier índole.
Referencias
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Descartes, R. (2010). Discurso del método. Editorial Gredos.
Martínez, M. (2007). Conceptualización de la transdisciplinariedad. Polis, 6(16), 1-17. www.redalyc.org/pdf/305/30501606.pdf
Morales, M. (2017). Conceptos básicos del paradigma de la complejidad aplicados a la cuestión del método en Psicología Social. Summa Psicológica UST, 14(1), 12-22. https://doi.org/10.18774/448x.2017.14.240
Morin, E. (1977). El método, I: La naturaleza de la naturaleza. Cátedra.
Morin, E. (1984). Ciencia con consciencia. Anthropos.
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Morin, E. (2009). Introducción al pensamiento complejo. Gedisa.
Paty, M. (1997). Mathesis Universalis e inteligibilidad en Descartes [Conferencia]. Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, Bogotá, Colombia. https://shs.hal.science/halshs-00004286v1
Puente, I. (2014). Complejidad y psicología transpersonal: caos, autoorganización y experiencias cumbres en psicoterapia. Universidad Autónoma de Barcelona.
Romero, C. (2003). Paradigma de la complejidad, modelos científicos y conocimiento. Ágora Digital, 3, 1-10. https://core.ac.uk/download/pdf/60641437.pdf
Senge, P. (2002). La quinta disciplina en la práctica. Granica.
Torres, L., & Vargas, G. (2018). Pensamiento complejo y sistémico. Universidad del Bosque.
Notas de autor
Marisol Castaño Suárez
Magíster en Intervenciones Psicosociales, Universidad Católica Luis Amigó (Medellín, Colombia). Contacto: marisolpsicologia.especialista@gmail.com