LA VOCACIÓN DEL PROFESOR KANT: ENSEÑAR A SABER VIVIR

Professor Kant’s vocation: Educating on how to Live

Artículo de reflexión derivado de investigación

DOI: https://doi.org/10.21501/23461780.5114

Recibido: noviembre 25 de 2024. Aceptado: abril 28 de 2025. Publicado: septiembre 29 de 2025

Jesús David Cifuentes Yarce

El bien tiene un poder irresistible cuando está ante los ojos.

—Kant, Essays regarding the Philanthropinum (1776-1777)1

Resumen

Kant fue el primer gran filósofo de la modernidad que se dedicó, exclusivamente, a ser profesor. Desde temprana edad fue preceptor privado, posteriormente, Privatdozent de la universidad —recibía honorarios por el número de estudiantes matriculados— y, por último, catedrático de la universidad de Königsberg, hasta casi ocho años antes de su muerte. Por esta razón, este artículo explora las motivaciones que Kant tenía como profesor y se propone abordar los anuncios, publicados en la prensa, de sus clases y las Lecciones de Geografía y Antropología, ya que, en ellas, aplicaba el adjetivo de prudente —base fundamental de lo pragmático— como aquello que permite saber vivir con los demás al aplicar el conocimiento al mundo. En primer lugar, en este artículo se introduce la trayectoria docente de Kant (1755-1796) para luego pasar al análisis (y traducción de algunos fragmentos) de sus anuncios en la prensa y, así, dar entrada a las Lecciones de Antropología y Geografía como conocimiento del mundo y su posterior adjetivación en lo pragmático. La parte final se dedica a plantear cómo la educación es la que forma y estructura al ser humano, educación que se entiende solo en el encuentro y lo aleja de ser un ser ciclópeo para dotarlo de dos ojos que conforman el rostro de la humanidad.

Palabras clave

Antropología Filosófica; Educación; Lecciones de Antropología; Mundo; Pragmatismo; Prudencia; Sabiduría.

Abstract

Kant was the first major philosopher of modernity to dedicate himself exclusively to teaching. From an early age, he worked as a private tutor, later becoming a Privatdozent at the university—earning fees based on the number of enrolled students—and eventually a full professor at the University of Königsberg, a position he held until nearly eight years before his death. This article examines Kant’s motivations as a teacher, focusing on the public announcements of his courses in the press, as well as his Lectures on Geography and Anthropology. These lectures are particularly significant because Kant employs the term “prudent”—the foundational principle of the pragmatic—to describe the capacity to live well with others by applying knowledge to the world. The article begins by outlining Kant’s teaching career, followed by an analysis (and translation of select passages) of his course advertisements in the press. This serves as a gateway to exploring the Lectures on Anthropology and Geography as forms of world knowledge, with an emphasis on their pragmatic characterization. The concluding section argues that education shapes and structures the human being. This education, understood as an encounter with others, prevents humanity from becoming cyclopean, instead granting it the two eyes that form the face of human coexistence.

Keywords

Education; Lectures on Anthropology; Philosophical Anthropology; Pragmatism; Prudence; Wisdom; World.

Introducción

Hablar del profesor Kant es abrir un horizonte de comprensión a su compromiso vital con la educación, compromiso que ejerció durante más de la mitad de su vida, ya que, sus lecciones universitarias, están fechadas desde 1755 hasta 1796 (Clewis, 2015, p. 3). Esto, sin contar los años previos en los que impartió clases como preceptor privado (1746-1755). Es en la educación donde Kant (2014) dialoga con su contexto, con los autores que debe seleccionar para sus lecciones, pero, sobre todo, donde pone en diálogo su pensamiento2 porque comprende, al buen estilo socrático, que solo a través del encuentro es posible llegar a la verdad. Como planteó en la Antropología en sentido pragmático (a partir de este momento antropología del 98),

es una piedra de toque subjetivamente necesaria de la rectitud de nuestros juicios en general y, por lo mismo, de la sanidad de nuestro entendimiento: el que cotejemos éste [sic] con el entendimiento ajeno, y no nos aislemos con el nuestro y, por decirlo así, juzguemos públicamente con nuestra representación privada. (Kant, 2014, p. 118)3

Esta es una idea que se mantiene a lo largo de toda su vida: la importancia de poner en discusión las ideas como base de un sano entendimiento, por eso, era un gran defensor de la publicación y de la no censura de los libros, porque censurar la publicación es prohibir, en igual medida, el pensamiento, pues “¡cuánto y con qué licitud pensaríamos si no pensáramos, en cierto modo, en comunidad con los otros, a los que comunicar nuestros pensamientos y ellos a nosotros los suyos!” (Kant, 2006, p. 179)4.

Esta comunicabilidad del pensamiento es la base del encuentro en la educación, ya que “tenemos necesidad de los ojos de los otros para corregir nuestros propios ojos” (Kant, 2015b, p. 163)5. Sin la posibilidad del encuentro, lo único que queda es el sensus proprius, un sentido individual que imposibilita el sentido común6 y el conocimiento del mundo, por ello, el único resultado es el “delirio” (Kant, 2015b, pp. 163-164)7.

Kant fue profesor de muchos cursos, “parece que algún semestre llegó hasta las veinticuatro o veintiséis horas semanales” (Granja, 2010, p. 18) de clases, en los que enseñaba desde teología natural, geografía, antropología, hasta filosofía moral, ciencia mecánica, entre otros8. Cabe destacar los cursos de lógica y metafísica, pues, en ellos, fue nombrado catedrático en la universidad de Königsberg, en 1770, tras quince años de ejercer como Privatdozent en la misma universidad, tiempo en el que recibía los honorarios de los estudiantes y no de la universidad. Por esta razón, publicaba en la prensa anuncios de los cursos que iba a impartir.

Respecto a este amplio ejercicio docente, la propuesta de este artículo es centrarse en los cursos de geografía y antropología, por las siguientes razones:

(a) Fueron cursos, como el mismo Kant (2014) indica, que dirigió en su tiempo libre —posteriormente asignados en su carga docente— durante más de treinta años9, y fueron las lecciones, junto con filosofía moral, aparte de metafísica y lógica que eran sus cursos como catedrático, que más veces dio durante su carrera10, y son de las que más manuscritos se conservan11.

(B) Son las Lecciones “que tienen como fin el conocimiento del mundo”, entendiendo por mundo la naturaleza y al ser humano.

(C) Son las que introducen el concepto de lo pragmático, que está dirigido a saber vivir con los demás. En este sentido, cabe hacerse la misma pregunta de la profesora Wilson (2006): “¿Por qué Kant, un gran filósofo trascendental, pensó que ayudar a sus alumnos a comprenderse a sí mismos y su experiencia valía tanto la pena?” (p. 1)

Por tanto, este artículo aborda, en primer lugar, los anuncios de Kant (1992) a sus cursos, a partir de 1765, y cómo buscaba, a través de la enseñanza de la geografía, suplir la falta de experiencia —por la edad— de sus estudiantes, para que aprendieran a pensar críticamente. En segundo lugar, se analizan las lecciones de antropología y geografía, como conocimiento del mundo, a partir del sentido interno, que es el ser humano, y del sentido externo, que está conformado por la naturaleza. En tercer lugar, se trabaja el sentido de lo pragmático bajo el que el filósofo definió las lecciones de antropología y geografía, ya que, el conocimiento, debe estar dirigido no a la erudición, sino al saber vivir con los demás.

Antes de las conclusiones, se analiza la definición de educación para Kant (1785/2005), pero entendida solo desde el encuentro. Sumado a esto, se presenta la traducción de un fragmento de la reflexión antropológica 903 para dar cuenta de que la erudición, sin mirar la vida, no es más que un ejercicio ciclópeo que se proyecta en el individualismo y evita el encuentro en el que es posible descubrir el rostro humano.

La importancia del ejercicio docente para Kant

En 1765, en la prensa de Königsberg, Kant (1992) publicó un anuncio sobre los cursos que iba a impartir en el semestre de 1765-1766. Respecto al curso de Geografía planteó:

Desde el principio de mi carrera académica, me di cuenta de que los estudiantes estaban gravemente desatendidos, sobre todo en este aspecto: aprendían pronto el arte de la argumentación sutil, pero carecían de un conocimiento adecuado de las cuestiones históricas que pudiera compensar su falta de experiencia. En consecuencia, concebí el proyecto de hacer de la historia del estado actual de la tierra, es decir, de la geografía en el sentido más amplio del término, un compendio ameno y fácil de las cosas que pudiera prepararles y servirles para el ejercicio de la razón práctica, y que pudiera despertar en ellos el deseo de ampliar aún más los conocimientos que habían empezado a adquirir en el estudio de la materia. (Kant, 1992, p. 298)12

Kant estaba convencido de que, a través de sus clases, tenía algo importante que enseñarles a sus estudiantes. La importancia radicaba en que, a partir de la geografía, como historia actual de la tierra —que comprendía la geografía política, teológica, moral, mercantil (Kant, 2012, pp. 451-452)13— sus estudiantes suplieran la falta de experiencia14 para pensar críticamente y pudiesen aplicar este conocimiento a la razón práctica. En este sentido, reitera que

se espera que el maestro desarrolle en su alumno, primero el hombre de entendimiento, luego el hombre de razón y finalmente el hombre de aprendizaje. Tal procedimiento tiene esta ventaja: incluso si, como suele ocurrir, el alumno nunca llegue a la fase final, se habrá beneficiado igualmente de su instrucción. Habrá adquirido más experiencia y se volverá más inteligente, si no para la escuela, al menos para toda la vida. (Kant, 1992, p. 291)15

A la vida misma es a la que deben estar dirigidos los conocimientos. Sin un ejercicio de la razón práctica, en la que se da el encuentro con los otros, los conocimientos quedan ciegos y vacíos, pues pierden —según como veremos en Kant— el propósito al que debe estar dirigida la academia, propósito que hoy ha puesto como centro no a la persona humana, sino a la economía, por eso, la reflexión académica se ha tornado en una reflexión productiva de racionalidad instrumental (Horkheimer, 1967/2010) y no en la base de la reflexión para saber vivir. En este aspecto es donde cobra relevancia y actualidad el planteamiento kantiano.

Sumado a esto, de las Lecciones de Geografía, posiblemente16, surgieron las Lecciones de Antropología, ya que, desde 1756 hasta 1772 —en las que se separa la Antropología de la Geografía— Kant (2012), incluyó una sección destinada al ser humano. Lo importante de esto es que la antropología será planteada por el filósofo de Königsberg en sentido pragmático, pero, también, como el objeto interno del compendio del conocimiento de la experiencia, es decir, el mundo. Por su parte, el objeto externo es la geografía (p. 445)17.

Por esta razón, no es gratuito que Kant (2014) planteara que el conocimiento del mundo es el conocimiento del ser humano, “aun cuando el hombre sólo [sic] constituya una parte de las creaturas terrenales” (p. 3)18. Esto es importante porque en la conjunción del ser humano con la naturaleza se comprende el sistema en el que “el todo es anterior a las partes” y se posibilita que surja la idea como arquitectónica, por tanto, que el juicio científico sea posible, dado que, mientras el mundo sea visto como un agregado —en el que las partes son anteriores al todo— no se podrá pensar científicamente. Un ejemplo de esto lo da el mismo Kant (2012) al plantear que, para construir una casa, es importante tener la idea del todo, para que de ella se deriven las partes (p. 446)19.

Geografía y antropología como conocimiento del mundo

Como se planteó, según Kant (2012) el mundo tiene un sentido exterior, que es la naturaleza y, uno, interior, que es el ser humano (p. 445)20, es decir, que en Kant el mundo constituye la habitación, el habitante y la relación proxémica entre estos dos factores. Un ser humano inmerso en el mundo, por esta razón, Kant (2012) propuso que

con los viajes ampliamos nuestro conocimiento del mundo exterior, lo cual, sin embargo, es de poca utilidad a menos que se haya realizado previamente un ejercicio preparatorio adecuado. Si después de esto decimos de alguien que conoce el mundo, queremos decir que conoce a la humanidad y a la naturaleza. (p. 447)21

Dicho “ejercicio preparatorio” lo brinda la antropología, no solo porque “el contacto con las personas amplía nuestro conocimiento” (Kant, 2012, p. 446)22, sino, y mucho más importante, porque “trata a los seres humanos no desde un punto de vista fisiológico, en el que se identifican los orígenes de los fenómenos, sino desde un punto de vista cosmológico” (p. 446), es decir, que hay una relación en la que todo se encuentra y tiene su lugar, lugar desde el cual el ser humano toma posición para proyectarse.

Conocer el mundo, así pues, es la posibilidad de fijar un punto de orientación para comprender tanto la condición del ser humano como su naturaleza y posibilidad de realización. Cabe precisar, en este aspecto, que la antropología Kantiana no se limita a una descripción del ser humano, sino, sobre todo, a la proyección de su máxima realización; a saber, ser un ciudadano del mundo (Kant, 2014, pp. 247-248)23. Por tanto, conocerlo implica proyectarlo en la medida de sus posibilidades.

En este sentido, el encuentro mundano (personas y naturaleza) es lo que permite ampliar los conceptos para alejarse de los mayores males que identificó Kant (1781-87/2008a) en su filosofía: el dogmatismo, escepticismo, fanatismo (p. 29)24 y egoísmo. Respecto al último, en la antropología planteó que hay un modo de pensar [Denkungsart]25 para alejarse de la centralidad del yo, el cual consiste “en no considerarse ni conducirse como encerrado en el propio sí mismo el mundo entero, sino como un simple ciudadano del mundo” (Kant, 2014, p. 13)26. En ello, reside el compromiso ético, en la forma de pensar: ampliar la experiencia de mundo con los otros. Por el contrario, como en el acontecer actual, si se continúa en la carrera lucrativa de poner la riqueza como fin último para engrosar la ya amplia ocupación del Yo, se seguirá pensando el mundo como un lugar hostil (Rosa, 2020, p. 61) para conquistar y no como un mundo en el que el ser humano se siente parte y hace parte de él.

En este sentido, los planteamientos kantianos —si bien en Kant no hay una preocupación ecológica— podrían servir de base a una reflexión que se encaminaría a dirigir los esfuerzos a un conocimiento del mundo, así como también llevarían a un cuidado de este, pues, como se planteó, pensar todo de manera vinculada, como un sistema, es lo que permite formarse una idea arquitectónica: si el ser humano es parte del mundo, cuidarse es cuidarlo, transformarse es transformarlo, aunque, también, destruirlo es destruirse.

En relación con lo anterior, en 1775 Kant (2007b) publicó, como anuncio a sus cursos, el ensayo Sobre las diferentes razas humanas, en el cual comunicaba el inicio de su curso de geografía física para el siguiente semestre. En el último párrafo, —eliminado dos años después— se reitera que, la geografía y la antropología son el conocimiento del mundo, pero, también, introduce el concepto bajo el que definirá su antropología:

Este conocimiento del mundo sirve para procurar el elemento pragmático a todas las ciencias y habilidades adquiridas de otro modo, por medio del cual se vuelven útiles no solo para la escuela, sino más bien para la vida, y a través del cual el aprendiz consumado se introduce en el escenario de su destino, a saber, el mundo. (p. 97)27

Así pues, el deber que todo estudiante tiene con su conocimiento es aplicarlo al mundo, convertirlo en algo que sea pragmático para “cumplir su destino” [Bestimmung], que es el mundo mismo. Por esta razón, “la intención (de Kant) no era solo hacerlos (a los estudiantes) científicamente competentes, sino también prepararlos para lo social, lo pragmático y las realidades prácticas” (Wilson, 2006, p. 8). Kant creyó, profundamente, en la vida práctica, no solo como una mera abstracción, sino, también, como un acto concreto (Louden, 2000).

Bajo esta misma dirección, en la Lección de antropología de Friedländer, Kant (2015a) planteó que “el conocimiento mundano es el conocimiento del escenario en el que podemos aplicar todas nuestras destrezas … en el que se puede hacer uso de todo conocimiento teórico” (p. 75)28, esto fue lo que se denominó, a partir de esta lección (1775-1776), como el conocimiento pragmático29, es decir, aquel que se aleja de la simple erudición y permite saber vivir con los demás.

De esta manera, el ser humano no es pensado desde una condición abstracta, sino que es pensado como un ser “arraigado” (Harvey, 2011, p. 271) en un espacio —finito— que comparte con los demás, por tanto, es un espacio en el que sus actos tienen consecuencias en la naturaleza y comunidad, ahí reside lo pragmático de la geografía y la antropología. Por ello, el conocimiento del mundo —urgente para el modo de vida actual— es la base para proyectar al ser humano hacia el cosmopolitismo, ya que permite dirigir la mirada más allá de los juicios extraccionistas del mercado —juicios en los que el mundo es un agregado y no un sistema— hacia la pertenencia común de la especie humana en un mismo planeta. Como planteó el profesor Durán (2023), con respecto a la Lección sobre Geografía de Kant (1802),

nada prepara mejor a las personas para una auténtica y responsable ciudadanía universal —o cosmopolita— que una buena formación en geografía física y humana, esto es, una formación que transmita esa conciencia, compartida universalmente, de pertenencia a una comunidad natural y política mucho más extensa y compleja de lo que cada uno de nosotros, desde nuestro rincón en el mundo, nos podemos imaginar. (p. 454)

El sentido de lo pragmático: saber vivir con los demás

Kant (2015a), en las Lecciones de Antropología30, define lo pragmático como lo que permite ser prudente porque “no pertenece a la antropología todo lo que carezca de relación con el comportamiento prudente del ser humano. Sólo [sic] es propio de la antropología aquello de lo que, en una situación, pueda hacerse un uso prudente en la vida”, para poder “hacer uso apropiado de todas nuestras destrezas” (p. 77)31.

En relación con lo anterior, en la Lección de Menschenkunde Kant (2015b) planteó tres teorías que contribuyen a la perfección del ser humano: las ciencias de la escuela, que permiten que sea diestro; lo práctico, que lo dirige en todas las destrezas adquiridas por la ciencia, hasta volverlo prudente y, por último, el nivel más difícil de alcanzar, lo moral, que lo vuelve sabio (p. 138)32. Así pues, quien se quede solo en el ámbito de la ciencia se vuelve diestro en ella, pero, al mismo tiempo, se convierte en un pedante, pues “sólo [sic] sabe cómo caracterizar sus conceptos meramente con expresiones técnicas de la escuela y no habla más que con giros eruditos” (Kant, 2015b, p. 135)33.

Limitar el conocimiento a descripciones y ejercicios eruditos, para Kant (2014), es tiempo perdido, ya que, como planteó en la antropología del 98, conocer la función de la memoria gracias a los “nervios encefálicos” es un conocimiento vacío si no se aplica para “ampliarla o hacerla más hábil”34 (p. 3). De nada sirve poder particularizar al ser humano respecto a los otros animales si, dicho conocimiento, no se usa para que viva mejor. Por esta razón, cabe reiterar que, una de las características fundamentales de la Antropología en sentido pragmático, es que no se limita solo a la descripción, sino que proyecta al ser humano a saber vivir con los demás como ciudadano del mundo (Kant, 2014)35.

Esta proyección, como elemento no empírico, es la que permite que en Kant la antropología sea filosófica, no como una mera especulación escolástica, sino como la que permite una cartografía existencial de realización, pues estudia las potencialidades humanas (disposiciones [Anlage]) para poderlo proyectar a su medida, de lo contrario, toda proyección quedaría relegada a la imposibilidad de su realización.

Esta realización no se entiende, en Kant (2014) a nivel individual, sino como especie. Es el destino, la determinación [Bestimmung], pero como vocación (Louden, 2014, p. 218), a la que está llamada la humanidad. Llamada en la que encuentra la respuesta a lo que se le permite esperar si pone en ejercicio la prudencia y cultiva sus disposiciones naturales.

La suma de la antropología pragmática respecto al destino del hombre y a la característica de su desarrollo es la siguiente. El hombre está destinado, por su razón, a estar en una sociedad con hombres y, en ella, por medio de las artes y las ciencias, a cultivarse, a civilizarse y a moralizarse, por grande que sea su propensión animal a abandonarse pasivamente a los atractivos de la comodidad y de la buena vida que él llama felicidad; y a hacerse más bien activamente digno de la humanidad, en lucha con los obstáculos que le depare la rudeza de su propia naturaleza. (Kant, 2014, p. 238)36

Así pues, la prudencia —lo pragmático— es un ejercicio activo que aleja a los estudiantes de un saber meramente escolástico para acercarlos al mundo de la vida, es la puerta de entrada para alejarse del egoísmo de la ciencia y encaminarse hacia la sabiduría de la reflexión moral, que, al igual que la prudencia, tiene como fin la humanidad misma (Kant, 1785/2008b, p. 114)37. De esta manera,

la prudencia constituye el ejercicio puntal, concreto, de una vida buena en el trasegar momentáneo de la propia existencia. La prudencia representa así el proyecto realizable de la moral kantiana, pero no se agota en el presentismo de lo posible, sino que siempre se proyecta en la vida plena de la humanidad, lo cual es la base de la sabiduría. (Cifuentes Yarce, 2024, p. 112)

Este es uno de los aspectos más hermosos de la faceta de Kant como profesor, pues todo saber exige siempre un deber de volver la mirada al mundo y, ello, consiste en buscar “el mejor modo como puede (cada saber) ser comprendid[o]38 por una persona común” (Kant, 2015b, pp. 135-136) para que, plantea el filósofo de Königsberg, “en el trato con los seres humanos sepamos cómo formarlos, o por si queremos ser amables para con ellos” (p. 136). El ejercicio académico queda vacío si no implica el mejoramiento del mundo —la naturaleza y el ser humano—, pero, también, todo ejercicio de proyección al mundo queda ciego si no se somete al encuentro académico. Por esta razón, es comprensible la afirmación de Kant (2015b) al plantear que “alguien tiene mundo cuando, aunque sepa poco, sabe cómo enseñar a otras personas lo poco [que sabe]” (pp. 135-136)39. El mundo, de esta manera, es el lugar de realización de la vida práctica en un encuentro que forma y transforma.

Por ende, se puede resumir la vocación del profesor Kant en una anotación efectuada en su obra Observaciones sobre el sentimiento de lo bello y lo sublime, en la que habla del proceso de “conversión” que sufrió tras leer a Rousseau y considerar que, el pensamiento, puede reivindicar la humanidad. Esta anotación es el claro reflejo de una vida que considera que el encuentro educativo es transformador:

Yo mismo soy, por inclinación, un investigador. Siento una gran sed de conocimientos y la inquietud afanosa de seguir adelante, y cualquier progreso produce en mí una profunda satisfacción. Hubo un tiempo en que creía que todo esto podía constituir el honor de la humanidad y en el que despreciaba a la plebe ignorante, pero Rousseau me ha sacado de mi error: aquella ilusoria superioridad ha desaparecido; he aprendido a respetar al ser humano, y me consideraría mucho más inútil que el más humilde trabajador si no creyera que los esfuerzos del pensamiento pueden dar un valor a los demás seres humanos y contribuir a restaurar los derechos de la humanidad. (Granja, 2005, pp. 20-21)

Es un profesor que enseña para vivir y vive para enseñar.

La educación: el encuentro que le da forma al ser humano

Para Kant (2013), el ser humano es el único animal que requiere educación (Kant, p. 29)40 porque “necesita una razón propia; no tiene ningún instinto, y ha de construirse él mismo el plan de su conducta” (p. 30), plan que forma en el encuentro con los demás (p. 30)41. Por tanto, es la educación la que permite que se forme y forme su mundo, pues “únicamente por la educación el hombre puede llegar a ser hombre. No es, sino lo que la educación le hace ser” (p. 31)42.

Lo interesante, como se planteó, es el sentido social de la educación. El encuentro es lo que permite la formación del ser humano. Sin encuentro serían los sentidos privados los que demarcarían el plan de la conducta, por eso, “el hombre no es educado más que por hombres, que igualmente están educados” (Kant, 2013, p. 32). Lo interesante es que Kant (2013), de manera inmediata, hace la advertencia respecto al compromiso de los profesores en su proceso de formación, “de aquí, que la falta de disciplina y de instrucción de algunos, les hace también, a su vez, ser malos educadores de sus alumnos” (p. 32)43.

Ahora bien, la posibilidad de esta formación parte, inexorablemente, de una decisión libre que Kant (1785/2005) propuso bajo el deber que le corresponde a cada ser humano, el cual consiste en “desarrollar y aumentar la propia perfección natural” [Naturvollkommenheit] con un propósito pragmático. Este deber solo es posible si se cultivan “las propias facultades naturales” [Naturkräfte] —“las facultades del espíritu del alma y del cuerpo”—, pues

el hombre se debe a sí mismo (como ser racional) no dejar desaprovechadas y —por así decirlo— oxidadas las disposiciones naturales y las facultades, de las que su razón puede hacer uso algún día sino que, dando por supuesto que el hombre pueda estar satisfecho con la adecuación innata de sus facultades a sus necesidades naturales, sin embargo, su razón tiene que instruirle mediante principios sobre esta satisfacción con la escasa adecuación de sus facultades, porque, como ser capaz de tener fines o de proponerse objetos como fines, no ha de tener que agradecer el uso de sus facultades únicamente al instinto natural, sino a la libertad con la que él determina esta adecuación. Por lo tanto, cultivar las propias facultades (entre ellas unas más que otras según la diversidad de los fines) y ser un hombre adaptado al fin de la propia existencia desde una perspectiva pragmática, no es una cuestión de la ventaja que el cultivo de las propias facultades pueda proporcionar (para toda suerte de fines), porque tal vez esto (según los principios rousseaunianos) resultara ventajoso para la rudeza de la necesidad natural: sino que es un mandato de la razón práctico-moral y un deber del hombre hacia sí mismo. (pp. 311-312)44

Así pues, en el encuentro libre es donde surge el proceso formativo del ser humano, por tanto, cuando Kant (1785/2005) plantea que es la educación la que hace al ser humano, está incluyendo la decisión de dejarse formar e interpelar para llegar a la madurez del pensamiento. En este sentido, cabe traer a colación una de las metáforas más hermosas de Kant —presente en la reflexión antropológica 903—, que habla del egoísmo de la ciencia y del erudito como formas de la no aplicación del conocimiento al mundo:

Yo llamo a tal erudito un cíclope. Es un egoísta de la ciencia, y todavía necesita un ojo que le haga mirar su tema desde el punto de vista de otras personas. Esta es la base de la humanidad de las ciencias, es decir, de la nobleza del juicio, por la que se somete al juicio de los demás.… No es la fuerza, sino el ojo único lo que hace al cíclope en este aspecto. (Worm, 2023, pp. 394-395)45

Se requieren los ojos de los otros para poder formarse, “principalmente nuestro juicio intelectual necesita siempre ser acreditado mediante el juicio de los otros, pues la verdad es la conformidad con el entendimiento humano común” (Kant, 2015b, pp. 163-164).46 De esta manera, se hace que la monstruosidad del cíclope, presente en el individualismo, se convierta en el rostro humano que acoge y se proyecta hacia la humanidad que está contenida en sí mismo y, como ya se referenció, se hace “digno” de ella, porque “el conocimiento de la humanidad es al mismo tiempo mi conocimiento” (Kant, 2015a, p. 76)47.

Consideraciones finales

Se ha realizado un recorrido por los anuncios de clase y los propósitos que debe buscar la educación —propósitos bajo los cuales se refleja su vocación de profesor— presentes en sus lecciones de antropología y geografía física. En ello, se ha planteado que, el fin de la formación, desde una óptica kantiana, es volver la mirada al mundo; es decir, no dejar que los conocimientos de la escuela se queden en un ejercicio de mera erudición, para que puedan permear la vida de los demás.

Kant creía profundamente en que la educación podía transformar a sus estudiantes, pero los invitaba a cumplir con el deber de aplicar su saber al mundo, por lo que la principal invitación era llevar los libros a la vida; ser buenos estudiantes, no para quedarse en la erudición, sino para poder servir mejor en un mundo que se ha olvidado de la vida y, en consecuencia, de lo humano, al volcar su mirada al silencio de las cosas. En este sentido, la principal dirección, en primer lugar, que debe tener el conocimiento recibido es a la propia vida, pues, como planteó Buber (1948/2014), “el punto de Arquímedes a partir del cual puedo yo levantar el mundo es la transformación de mí mismo” (p. 55), por lo que, de la transformación de sí mismo, se llega a la transformación del mundo.

Así pues, ante un mundo en el que se lleva a un altar las nuevas cosas que se pueden o podrán hacer con la inteligencia artificial, la genética, la biotecnología, la física cuántica, etc., en el que el fin es la riqueza que sobrepasa y destruye la vida humana, tomada como un medio, solo queda detenerse para hacer la pregunta sobre quiénes “queremos” ser a partir de lo nuevo que se puede hacer, ya que, cada nueva herramienta, configura un ethos que vincula una nueva forma de ser-estar (Montoya & Cifuentes Yarce, 2024), en ello, reside la prudencia, pues se está dirigiendo la mirada a nosotros y al cómo vincular a los otros en lo que se hace.

Sin la posibilidad de esta pregunta, solo queda la pedantería de un ser humano que se llena de herramientas y se vanagloria de ellas, mientras que, a su alrededor, la muerte, el dolor, el hambre, la guerra…, se perpetúan en la indiferencia del pensar. En este punto, cobra importancia el llamado que hace el profesor Kant: conocer el mundo físico y humano para que, iluminado por un ejercicio prudente, pueda ser transformada la realidad a partir del pensamiento de que todo está conectado con la propia existencia. Esta es la puerta de entrada del cosmopolitismo, que deja de ser una utopía para ser pensado en un gerundio: en un “siendo”, porque “el hombre no sólo [sic] es creador de realidades, sino que se crea junto con el universo que se construye” (Rodríguez, 2009, p. 147).

Agradecimientos

Mi gratitud a todos mis estudiantes ya que sin ellos no sería posible mi vocación como profesor.

Mi profundo agradecimiento con mis profesores y que sea la oportunidad para elevar un pequeño homenaje a Gustavo Muñóz Marín, La hermana Beatriz Agudelo y a Alveiro Valencia. Ellos, como Kant, han transformado el mundo en un aula de clases.

Conflicto de interés

El autor declara la inexistencia de conflicto de interés con institución o asociación de cualquier índole. Asimismo, la Universidad Católica Luis Amigó no se hace responsable por el manejo de los derechos de autor que los autores hagan en sus artículos, por tanto, la veracidad y completitud de las citas y referencias son responsabilidad del autor.

Referencias

Buber, M. (1948/2014). El camino del hombre conforme a las enseñanzas del jasidismo. José J. de Olañeta, Editor. (Obra original publicada en 1948).

Cifuentes Yarce, J. D. (2024). El concepto de prudencia en la antropología kantiana. Horizontes y técnicas para una vida buena. Co-herencia, 21(40), 93-119. https://publicaciones.eafit.edu.co/index.php/co-herencia/article/view/7668

Cifuentes Yarce, J. D. (2017). Crítica de la razón social: Una lectura de la posmodernidad a partir del concepto de enfermedad mental en Kant. Universidad Pontificia Bolivariana.

Clewis, R. R. (2015). Editor’s Introduction [Introducción del editor]. En Clewis, R. R. (Ed.)., Reading Kant’s Lectures (pp. 1-29). De Gruyter.

Durán, V. (2023). Kant y la geografía. En Gustavo Leyva (Ed.), Guía Comares de Immanuel Kant. Comares.

Granja, D. M. (2005). Estudio preliminar. En Observaciones sobre el sentimiento de lo bello y lo sublime. Fondo de Cultura Económica, Universidad Autónoma Metropolitana, Universidad Nacional Autónoma de México.

Granja, D. M. (2010). Lecciones de Kant para hoy. Anthropos.

Harvey, D. (2011). Cosmopolitanism in the Anthropology and Geography [El cosmopolitismo en la antropología y la geografía]. En Dennis J. Schmidt (Ed.), Reading Kant’s Geography (pp. 267-284). Suny Press.

Horkheimer, M. (1967/2010). Crítica de la razón instrumental (Jacobo M, Trad.). Trotta. (Obra original publicada en 1967).

Kant, I. (1992). M. Immanuel Kant’s announcement of the programme of his lectures for the winter semester 1765-1766 (1765) [Anuncio de Kant sobre el programa de sus clases para el semestre de invierno]. En Theoretical philosophy, 1755-1770. Cambridge University Press.

Kant, I. (2003). Enciclopedia filosofica: Con un’appendice sull’attività didattica di Kant [Enciclopedia filosófica: Con un apéndice sobre la actividad docente de Kant]. Bompiani.

Kant, I. (1785/2005). La metafísica de las costumbres. Tecnos. (Obra original publicada en 1785).

Kant, I. (2006). ¿Qué significa orientarse en el pensamiento? (J. Alcoriza y A.Lastra, Trad.) En En defensa de la Ilustración (pp. 165-182). Alba editorial. (Obra original publicada en 1786).

Kant, I. (1792-93/2007a). Metafísica—Dohna. Sígueme. (Obra original publicada en 1792-93).

Kant, I. (2007b). Of the different races of human beings (1775). En Anthropology, History, and Education. Cambridge University Press.

Kant, I. (1781-87/2008a). Crítica de la razón pura (P. Ribas, Trad.). Taurus. (Obra original publicada en 1781-87)

Kant, I. (1785/2008b). Fundamentación para una metafísica de las costumbres (R. Aramayo, Trad.). Alianza. (Obra original publicada en 1785).

Kant, I. (2012). Physical geography. En Natural Science: The Cambridge edition of the works of Immanuel Kant [Geografía física. En Ciencia natural: Edición Cambridge de las obras de Immanuel Kant]. Cambridge University Press.

Kant, I. (1803/2013). Pedagogía (L. Luzuriaga y J.Pascal, Trad.). Akal. (Obra original publicada en 1803).

Kant, I. (2014). Antropología en sentido pragmático (D. Graja, G. Leyva, y P. Storandt, Trad.). Fondo de Cultura Económica. (Obra original publicada en 1798).

Kant, I. (2015a). Antropología Friedländer. Semestre de invierno de 1775/1776 (M. Sánchez, Trad.). En Lecciones de Antropología: Fragmentos de estética y antropología (pp. 75-107). Comares.

Kant, I. (2015b). Antropología Menschenkunde. Semestre de invierno de 1781/1782 (M. Sánchez, Trad.). En Lecciones de Antropología: Fragmentos de estética y antropología (pp. 135-185). Comares.

Louden, R. (2000). Kant´s impure ethics: From Rational Beings to Human Beings [La ética impura de Kant: De los seres racionales a los seres humanos]. Oxford University Press.

Louden, R. (2014). Cosmopolitical unity: The final destiny of the human species [Unidad cosmopolita: El destino final de la especie humana]. En Alix C. (Ed.), KANT’S Lectures on Anthropology: A Critical Guide (pp. 211-229). Cambridge University Press.

Montoya, A. C., & Cifuentes Yarce, J. D. (2024). Cuestionamientos a las relaciones en el metaverso. El “entre” como espacio de encuentro y significación. Perseitas, 12, 116-135. https://revistas.ucatolicaluisamigo.edu.co/index.php/perseitas/article/view/4761

Rodríguez, F. (2009). Antropología y utopía. Thémata.

Rosa, H. (2020). Resonancia: Una sociología de la relación con el mundo. Katz.

Wilson, H. L. (2006). Kant´s Pragmatic Anthropology. Its Origin, Meaning, and Critical Significance [La antropología pragmática de Kant: Su origen, significado y relevancia crítica]. State University of New York Press.

Worm, K. (2023). Kant im Kontext III (Komplettausgabe 2023) [Software]. InfoSoftWare.

Notas de autores

Jesús David Cifuentes Yarce

Doctor en Filosofía de la Universidad de Zaragoza (España). Magíster en Filosofía y licenciado en Filosofía y Letras. Profesor de la Facultad de Filosofía y Ciencias Humanas de la Universidad de la Sabana (Chía, Colombia) y miembro del grupo de investigación Nóvitas. Correos electrónicos: jesus.cifuentes@unisabana.edu.co; jesusdavidcifuentesyarce@gmail.com ORCID 0000-0003-1536-8206


  1. 1 [II 448] Respecto a la obra de Kant, usaré dos sistemas de citación: en el cuerpo de trabajo está indicada la traducción que tomo (del español o del inglés) y, a pie de página, está el Sistema internacional de la Akademieausgabe, esto con el fin de que el lector pueda acceder a las fuentes primarias. Para las fuentes primarias, utilizo el software de Kant im Kontext Komplettausgabe (Berlín: InfoSoftWare, 2023), considerado, por los especialistas, el mejor multimedia de acceso a la obra de Kant. Las traducciones del inglés y el alemán son propias.

  2. 2 Un ejemplo de ello se encuentra en la Lección de Metafísica, según los apuntes de Dohna, en el curso impartido en el semestre de invierno de 1792-93, donde Kant (2007a) referencia, explicita y amplía su propia obra publicada: “Ahora hay que investigar qué es objeto propio de la razón, y qué queda fuera del dominio de ella. Eso lo hace la Crítica de la razón pura. Ella no es otra cosa, entonces, que una investigación crítica y un establecimiento de los límites de ella y de su facultad” (Kant, 2007a, p. 22) [XXVIII 619].

  3. 3 [VII 219]

  4. 4 [VIII 144]

  5. 5 [XXV 1013]

  6. 6 En un trabajo previo, exploré el sentido privado lógico como sustituto del sentido común y base fundamental de cómo Kant entendió la locura (Cifuentes Yarce, 2017).

  7. 7 [XXV 1013]

  8. 8 Para ver la lista de cursos que dirigió Kant, sugiero estas dos fuentes: Clewis (2015, p. 8); Kant (2003, pp. 245-248).

  9. 9 “En mis actividades de la filosofía pura, emprendidas inicialmente de manera libre y más tarde asignadas a mí como enseñanza oficial, he impartido, a lo largo de unos treinta años, dos lecciones que tienen como fin el conocimiento del mundo, a saber: Antropología (en el semestre de invierno) y Geografía Física (en el semestre de verano), a las cuales, como conferencias populares, también personas provenientes de otros estamentos encontraron oportuno asistir” (Kant, 2014, p. 6) [VII 122Fu].

  10. 10 Geografía física 49 veces, Filosofía moral 28 y Antropología 24 (Clewis, 2015, p. 8).

  11. 11 De Antropología 47, de Geografía física 36, de Lógica 26, de Filosofía moral 23 y de Metafísica 17 (Clewis, 2015, p. 16).

  12. 12 [II 312].

  13. 13 [IX 164].

  14. 14 La falta de experiencia estaba asociada, para Kant (2014), a la edad: “La edad en que el hombre llega al pleno uso de su razón puede colocarse respecto a su habilidad (la facultad de obrar con arte en cualquier sentido) aproximadamente hacia los veinte años; respecto a la prudencia (de emplear para los propios fines a los demás hombres), hacia los cuarenta; finalmente, respecto a la sabiduría, hacia los sesenta; época esta última en la que es más bien la sabiduría negativa de comprender todas las tonterías de las dos primeras; pudiéndose decir: ‘Es lástima tener que morir precisamente cuando se acaba de aprender cómo se hubiese debido vivir bien’, y siendo hasta este juicio aun raro, ya que el apego a la vida se torna tanto más fuerte cuanto menos valor tiene ésta, así en el hacer como en el gozar” (p. 97) [VII 201].

  15. 15 [II 305-306].

  16. 16 Existen dos grandes interpretaciones sobre el surgimiento de las lecciones de antropología: quienes plantean, como se ha indicado, que surgieron de las Lecciones de Geografía, y quienes consideran que surgieron de la Metafísica gracias al apartado de la psicología empírica. Para ampliar este debate recomiendo (Wilson, 2006, p. 17). La profesora Wilson trae una lista de los principales exponentes de este trabajo. Desde mi punto de vista comparto la propuesta del profesor Robert Louden quien sostiene que son ambas Lecciones, más un interés de la época los que permiten el origen de las Lecciones de Antropología (Louden, 2000, p. 63).

  17. 17 [IX 156].

  18. 18 [VII 119].

  19. 19 [IX 158].

  20. 20 [IX 156].

  21. 21 [IX 158]. Por otra parte, en su Lección de Pedagogía, recomendaba que el inicio de la “instrucción científica” se diera a través de la geografía física y matemática, puesto que “los relatos de viajes, explicados con grabados y mapas, conducen en seguida a la geografía política. Del estado actual de la superficie terrestre, se vuelve al primitivo y se llegará a la geografía e historia antiguas” (Kant, 2013, p. 66) [IX 474]. A partir del conocimiento del espacio común, se accede a las ciencias físicas y sociales.

  22. 22 [IX 157].

  23. 23 [VII 333].

  24. 24 [B XXXIV].

  25. 25 En una investigación previa, exploré esta técnica del pensamiento para la vida buena (Cifuentes Yarce, 2024).

  26. 26 [VII 130].

  27. 27 [II 443].

  28. 28 [XXV 469].

  29. 29 En la edición de las lecciones de Collins y Parrow (1772-73), Kant plantea la separación de la antropología con respecto a la metafísica, pero, a partir de Friedländer (1775-76), la adjetiva como pragmática (Friedländer, [XXV, 470]; Pillau, [XXV, 733]; Menschenkunde, [XXV, 855]; Mrongovius, [XXV, 1210]; Busolt, [XXV 1436]).

  30. 30 Ver pie de página 25.

  31. 31 [XXV 471-472].

  32. 32 [XXV 855-856] Sugiero ver pie de página 15.

  33. 33 [XXV 853].

  34. 34 (Kant, 2014, p. 3) [VII 119].

  35. 35 [VII 119-120].

  36. 36 [VII 324-325].

  37. 37 [IV 428].

  38. 38 En el texto citado está en femenino, pero lo asigno en masculino para la vinculación con la idea que vengo desarrollado.

  39. 39 [XXV 853-854].

  40. 40 [IX 441].

  41. 41 [IX 441].

  42. 42 [IX 443].

  43. 43 [IX 443].

  44. 44 [VI 444-445].

  45. 45 [XV 394-395] [Reflexión 903. y. M 326. 326'. E II 209].

  46. 46 [XXV 1013].

  47. 47 [XXV 471].