Transformación territorial y potencialidades de Bastión Popular desde las percepciones comunitarias de sus residentes1

Territorial transformation and potentialities of Bastión Popular from the communitarian perceptions of its residents

Ingrid Ríos-Rivera, María Mercedes Zerega Garaycoa, Diana Vallejo-Robalino

Universidad Casa Grande,

Universidad de Guayaquil

Eötvös Loránd University (ELTE)

Recibido: 22 de mayo de 2025 –Aceptado: 6 de agosto de 2025 – Publicado: 1 de julio de 2026

Forma de citar este artículo en APA:

Ríos-Rivera, I., Zerega Garaycoa, M. M., & Vallejo Robalino, D. (2026). Transformación territorial y potencialidades de Bastión Popular desde las percepciones comunitarias de sus residentes. Revista Colombiana de Ciencias Sociales, 17(2), 436-464. https://doi.org/10.21501/22161201.5204

Resumen

Los espacios comunitarios se consolidan como escenarios clave para la transformación social en barrios populares marcados por la violencia. Este artículo reflexiona sobre la compleja relación entre territorio, violencia y vida cotidiana en Bastión Popular, un barrio de Guayaquil, Ecuador. Desde las voces de sus habitantes se exploran sus percepciones sobre el cambio de la realidad barrial frente a las violencias, y el significado transformador que asignan a espacios recreativos en sus territorios como una herramienta para enfrentar el conflicto. A través de un análisis del contexto social y educativo, así como del uso de técnicas de investigación cualitativa con herramientas proyectivas, se accedió a las percepciones de los habitantes y los usos y sentidos que le asignan a su territorio barrial de forma física y simbólica. Los resultados dan cuenta de los desafíos y oportunidades de espacios como centros comunitarios, ludotecas y mediatecas para fomentar habilidades socioemocionales, prevenir conflictos, fortalecer los lazos comunitarios y generar formas de resistencia y desestigmatización territorial.

Palabras clave

Barrios populares; Guayaquil; Ludotecas; Mediatecas; Resistencia; Transformación social; Violencia.

Abstract

Community spaces are consolidating as key settings for social transformation in marginalized neighborhoods marked by violence. This article reflects on the complex relationship between territory, violence, and daily life in Bastión Popular, a neighborhood in Guayaquil, Ecuador. Drawing on the voices of its residents, the study explores their perceptions of changes in neighborhood realities in the face of violence, as well as the transformative meaning they attribute to recreational spaces in their territories as tools for addressing conflict. Through an analysis of the social and educational context, combined with the use of qualitative research methods and projective tools, the study accessed residents’ perceptions and the uses and meanings they assign—both physically and symbolically—to their neighborhood space. The findings highlight the challenges and opportunities of spaces such as community centers, toy libraries, and media libraries to foster socio-emotional skills, prevent conflict, strengthen community ties, and generate forms of resistance and territorial de-stigmatization.

Keywords

Guayaquil; Marginalized Neighborhoods; Media Libraries; Resistance; Social Transformation; Toy Libraries; Violence.

Introducción

El periodo de industrialización en los años 60 y 70 en América Latina trajo consigo un proceso masivo de migración del campo hacia la ciudad (Cardoso & Faletto, 1975; Faletto, 2003), que cambió las dinámicas, estructura y posterior consolidación de ciertas urbes latinoamericanas. Guayaquil, la ciudad más habitada de Ecuador y su principal puerto, es un ejemplo significativo de este fenómeno. El crecimiento comercial e industrial convocó a la migración de habitantes rurales de otras zonas de la costa ecuatoriana, no obstante, sin poder ofrecer en realidad una mejor calidad de vida, y llevó a la configuración de barrios periféricos o “invasiones” que hasta el día de hoy atraviesan problemáticas estructurales (Vallejo-Robalino, et al., 2023; Ríos-Rivera et al., 2024). En la actualidad, esta ciudad enfrenta desafíos relacionados con la violencia juvenil, la desigualdad social, el acceso limitado a la educación, y la falta de espacios recreativos y culturales para la juventud. Según datos recientes, Guayaquil es una ciudad que lucha con altos niveles de pobreza y exclusión social en varios de sus barrios periféricos, lo que influye directamente en la falta de oportunidades educativas y recreativas para los jóvenes (INEC, 2020).

Guayaquil, se ha convertido en una de las ciudades más violentas de América Latina (Insight Crime, 2022; Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal, 2024). Con la escalada de la violencia en Ecuador desde el 2022, principalmente causada por la presencia de grupos delictivos vinculados al narcotráfico, las problemáticas de los barrios populares cimentaron un suelo fértil para la vinculación de niños, niñas y jóvenes al narcotráfico, convirtiendo a la mayoría de los barrios periféricos guayaquileños en espacios tomados y administrados por los grupos delincuenciales organizados. Esto se ha convertido en una suerte de círculo vicioso, ya que coarta aún más las oportunidades de los pobladores populares para cambiar sus complejas realidades, limitando su acceso a servicios básicos, y cambiando la relación con su espacio, convirtiéndolo en inseguro e inaccesible a ellos mismos. Si bien, las percepciones de los habitantes dibujan un escenario drástico con relación a la violencia (Vallejo-Robalino et al., 2023; Ríos-Rivera et al., 2024), también destacan las oportunidades de lucha que identifican la capacidad de transformación de sus espacios, y el rol potencial que asignan al trabajo en conjunto con el gobierno local/nacional, organizaciones y fundaciones, y los liderazgos barriales, para construir espacios alternativos de refugio y protección.

Diversas iniciativas desde la sociedad civil y la academia han surgido para ayudar a mitigar y encontrar canales de actuación frente a la compleja situación que enfrenta la ciudad. En este sentido, en el año 2024 la Universidad Casa Grande2 llevó a cabo una investigación para el PNUD que tuvo como objetivo explorar y desarrollar una propuesta participativa para la creación de una ludoteca-mediateca como espacio comunitario de aprendizaje y protección en el Centro ZUMAR de la M.I Municipalidad de Guayaquil en Bastión Popular.3 Además de ese proyecto, desde el año 2022 se ejecuta un proyecto de investigación formativa que trabaja en conjunto con barrios populares, siendo uno de ellos Bastión Popular. En este artículo se presentan los resultados de estas experiencias investigativas que indagan la relación entre territorio, violencia y vida cotidiana en Bastión Popular, a partir de las percepciones de actores centrales no siempre visibilizados, como los niños, niñas, adolescentes, jóvenes y madres. Desde estas voces se exploran también las expectativas y posibilidades de transformación social que se proyectan en la creación de espacios comunitarios como ludotecas y mediatecas en contextos de violencia urbana.

Antes de entrar en materia es importante señalar que la creciente urbanización y el acelerado ritmo de vida de ciudades como Guayaquil han generado cambios significativos en las dinámicas sociales, particularmente en el ámbito de la educación y la convivencia. En este contexto, es imperativo diseñar espacios que no solo ofrezcan alternativas de entretenimiento y acceso a la cultura, sino que también propicien ambientes de aprendizaje y resolución pacífica de conflictos. Las mediatecas y ludotecas, al ofrecer recursos tecnológicos, educativos y lúdicos, se presentan como herramientas potencialmente eficaces para abordar estos desafíos (Martínez, 2007). Los hallazgos destacan las necesidades de los habitantes de barrios suburbanos de espacios que se perciban como seguros y que permitan (re)configurar colaborativamente sus complejas realidades cotidianas marcadas por el miedo, la fragmentación y la exclusión.

En las últimas décadas, las mediatecas y ludotecas se han consolidado como espacios clave de educación informal, facilitando el desarrollo cognitivo y socioemocional en niños, jóvenes y adultos (Rodríguez & Lozano, 2015). Su valor radica también en la educación para la paz, al integrarse como escenarios que fomentan el aprendizaje de la convivencia y la resolución pacífica de conflictos (Martínez, 2007). Más allá de describir las percepciones de las infraestructuras consolidadas, esta investigación social parte de las voces barriales para comprender cómo, en territorios marcados por la violencia y la exclusión, emerge la necesidad de espacios comunitarios en los que el encuentro y la creación sean posibles. Así, la ludoteca-mediateca se presenta como un horizonte colectivo que expresa una forma de apuesta por habitar el barrio de otro modo, pero también como una excusa para la comprensión de los sentidos, representaciones y formas de habitar su territorio.

Contexto de Bastión Popular

Bastión Popular es el resultado de un asentamiento informal y masivo por invasiones iniciadas en septiembre de 1986, que ocupó tierras privadas que formaban parte de la zona industrial del norte de la ciudad. Los residentes que se asentaron y llegaron a autoconstruir Bastión Popular provenían de otras zonas costeras del país, particularmente de zonas rurales de las provincias de Los Ríos, Manabí y Esmeraldas. Cada esfuerzo organizado del asentamiento iba definiendo sus fronteras territoriales en “bloques”, es decir, a medida que un grupo de personas tomaba un sector de la tierra, lo denominaron “Bloque 1”, seguido por el Bloque 1A, y así consecuentemente, resultando en un total de 16 bloques hasta la actualidad. Treinta y ocho años después la población es de 73.655 habitantes, con aproximadamente 17.000 viviendas habitadas (Coordinación de Proyectos ZUMAR, comunicación personal, agosto 2024).

En 1992 el Congreso de Diputados (órgano legislativo estatal de la época) aprobó un proyecto de ley para la legalización y entrega de escrituras de propiedad a los habitantes (Poveda y Calderón, 2008). Aunque esto representó un paso clave para el inicio de la dotación de servicios básicos como alcantarillado, pavimentación de calles y alumbrado público, en varios sectores de Bastión estos servicios no se implementaron sino hasta el año 2004, e incluso en algunos casos hasta 2011. El proceso de urbanización estuvo fuertemente vinculado al programa municipal de regeneración urbana, y la constitución social de barrio se dio en conjunto con el que hoy se conoce como el Centro Polifuncional ZUMAR, que en ese entonces era una iniciativa promovida por la Unión Europea. Aunque ZUMAR se originó en 1999 con apoyo europeo, a partir de 2002 pasó a ser gestionado por el Municipio de Guayaquil y es administrativamente dependiente de la Empresa Pública Municipal de Acción Social y Educación de Guayaquil (DASE).

A día de hoy, los niños, adolescentes y jóvenes que habitan Bastión Popular nacieron en un barrio dotado de los servicios básicos, con escuelas y unidades educativas públicas y privadas, con un comercio creciente, sobre todo en la avenida principal que lo atraviesa (avenida Manuel Ignacio Gómez Lince), y con el Centro Polifuncional ZUMAR funcionando y ofreciendo servicios gratuitos a la población; todo ello conviviendo aún con situaciones de inseguridad y violencia, además de desafíos estructurales de pobreza y desigualdad económica, producto de los ingresos precarios del trabajo informal y el abandono estatal.

El gobierno local de la ciudad está explorando oportunidades para generar espacios dentro de los barrios populares que aporten desde una perspectiva multidimensional a manejar sus complejas problemáticas. En esta línea, surge la idea de la posible construcción de una ludoteca-mediateca dentro de ZUMAR. Diversas experiencias en América Latina evidencian el potencial de las mediatecas y ludotecas como espacios culturales y educativos que contribuyen a la transformación social desde un enfoque inclusivo y comunitario (Scaglia de Gamarra, 2022). Países como Colombia, México, Chile y Argentina son ejemplos de casos exitosos. En Ecuador, aunque el desarrollo de estos espacios es aún emergente en comparación con otros países de la región, existen iniciativas relevantes tanto desde el sector público como desde organizaciones independientes con cooperación internacional.

Marco teórico

El abordaje teórico de este artículo se alinea a la perspectiva según la cual el espacio social no debe comprenderse como un contenedor físico, sino como una construcción activa moldeada por relaciones sociales, trayectorias históricas y prácticas cotidianas (Lefebvre, 1991). Esta perspectiva permite articular lo material y lo simbólico en la configuración de la vida barrial. Lombard (2015) propone concebir el barrio como una construcción socioespacial, donde el lugar no se define únicamente por su localización geográfica, sino por los sentidos que adquiere para quienes lo habitan. Así, la localidad se presenta como un entramado de relaciones sociales que, a través de la vida cotidiana, genera un vínculo afectivo entre las personas y su entorno. En el caso de aquellos barrios que tienen historia de haber sido autoconstruidos por sus habitantes, Carvajalino (2019) señala que requieren décadas de esfuerzo colectivo, como sucede con Bastión Popular y otros barrios urbano-populares guayaquileños (Vallejo Robalino et al., 2023), condición que acentúa los vínculos afectivos y representacionales de sus residentes con su territorio. Además, estas dimensiones se traducen en prácticas de resistencia que reivindican la barrialidad mediante discursos, percepciones y acciones que reconfiguran el pasado y confrontan situaciones de exclusión (Folgar, 2019).

Asimismo, los barrios populares trascienden la delimitación urbana para constituirse como espacios significativos desde una perspectiva histórica y cultural. En ellos se condensan experiencias colectivas que permiten comprender fenómenos como los patrones de poblamiento o los modos de acceso a la vivienda (Correa, 2006; Torres-Carrillo, 1999). Estas vivencias barriales se inscriben en las identidades individuales, persistiendo incluso cuando las personas ya no residen en el barrio. La relación socioespacial de los pobladores populares con su entorno no puede entenderse únicamente desde su residencia en barrios periféricos, sino como una vinculación activa, histórica y simbólicamente cargada que se inscribe en procesos estructurales de migración, marginación y construcción de pertenencia. Lejos de ser receptores pasivos de las condiciones urbanas impuestas, los pobladores populares se constituyen en agentes fundamentales en la construcción de sus territorios (Torres-Carrillo, 1999; Folgar, 2019; Lombard, 2015; Correa, 2006), configurando colectivamente el espacio que habitan a partir de estrategias que responden tanto a la necesidad como a instancias de agencia política. Las experiencias que dieron origen a barrios populares como Bastión se articulan con prácticas de autogestión del hábitat que, ante la exclusión estructural del mercado laboral formal y del acceso regular a la vivienda (Magliano & Perissinotti, 2020), propician la creación de vínculos comunitarios sostenidos por la colaboración y la solidaridad. A ello se suma una exclusión simbólica persistente que reproduce estigmas socio-territoriales y refuerza la separación entre el centro urbano formal y sus periferias populares (Rodríguez & Grondona, 2018; Lombard, 2015). En este escenario, la construcción de una identidad barrial emerge como respuesta colectiva a dicha exclusión, y como forma de reafirmación de pertenencia, cimentando una relación en la que el territorio no es solo un espacio físico, sino un lugar de posibilidad de ciudadanía (González, 2008; Paz, 1991).

En este marco, el territorio debe entenderse como una construcción social y representacional, fruto de las prácticas de sus habitantes y de las significaciones que le otorgan. Como señala Portal (2006), el espacio, visto desde una perspectiva antropológica, da cuenta del contenido simbólico que los grupos sociales le asignan, pero también de las prácticas que se producen sobre él y por él. La identidad colectiva de los pobladores populares se configura mediante conversaciones recurrentes en torno a historias, propósitos y vínculos compartidos, así como por la práctica de ritos, símbolos, valores y creencias que cohesionan a sus miembros y garantizan la continuidad de sus acciones (Torres-Carrillo, 2006). En este sentido, el lugar es entendido como un espacio en el que se construye colectivamente una nueva organización social, posibilitando la emergencia de sujetos colectivos y la apropiación material y simbólica del territorio (Zibechi, 2008; Rodríguez-Mancilla & Grondona-Opazo, 2018). Así, las percepciones comunitarias se consolidan como formas de producción de sentido que cimentan la pertenencia y la agencia social de las comunidades populares.

De ahí que sea indispensable reconocer que el espacio y el lugar no son unidades dadas naturalmente, sino realidades construidas sociopolíticamente (Gupta & Ferguson, 2008). Para Gupta y Ferguson (2008), los estudios interesados en la relación entre residentes y territorio deben prestar especial atención a los procesos mediante los cuales se imponen, construyen, imaginan y cuestionan las nociones de espacio y lugar. Esto implica que las ciudades, territorios, paisajes, cuerpos y materialidades no pueden considerarse simples escenarios de la vida social, sino dimensiones constitutivas de ella (Hernández et al., 2012). En esta línea, Soja (1985) recuerda que “las estructuras y relaciones espaciales son la forma material de las estructuras y relaciones sociales” (p. 94), de modo que la vida social se constituye materialmente en su espacialidad. Esta perspectiva permite entender cómo los espacios reproducen diferencias y otredades, inscribiendo significados a partir de interacciones cotidianas y de vínculos con otras localidades (Gupta & Ferguson, 2008). En el caso de los barrios populares, las percepciones comunitarias sobre el espacio barrial y, sobre todo, un espacio referencial del barrio como ZUMAR y el proyecto de ludotecas-mediatecas, se convierten en un campo privilegiado para analizar cómo se construyen sentidos compartidos, cómo se disputan estigmas y cómo se generan horizontes de transformación social a partir de la experiencia territorial.

Método

El objetivo general de este artículo fue indagar en las percepciones de los habitantes de Bastión Popular sobre la transformación de su espacio barrial a raíz del conflicto armado interno, y cómo proyectan la construcción de espacios comunitarios como mediatecas y ludotecas a modo de respuesta hacia la violencia territorial. Con base en esto se desarrollaron tres objetivos específicos: a) Describir las percepciones de los habitantes de Bastión Popular sobre los cambios territoriales, sociales y emocionales de su barrio a partir del recrudecimiento de la violencia vinculada al conflicto armado interno en Ecuador; b) Describir cómo los miembros de la comunidad perciben el rol y la importancia del trabajo articulado con actores externos —como fundaciones, universidades y otras organizaciones— en la generación de soluciones colectivas; c) Y por último, explorar las representaciones sociales y expectativas de los habitantes respecto al potencial de mediatecas y ludotecas como espacios de protección, formación y socialización comunitaria en su entorno barrial.

Los antecedentes de la investigación están basados en estudios previos sobre violencia en entornos escolares y comunitarios, como los realizados por Chávez González (2017) en México, que exploró la violencia desde la perspectiva infantil, y los estudios de Rivera-Montero et al. (2021) en Colombia, que analizaron la percepción de niños y adolescentes sobre la violencia en entornos familiares y escolares.

Los estudios de Chávez González (2017), Rivera-Montero et al. (2021) y Veccia et al. (2012) utilizaron metodologías cualitativas y mixtas centradas en comprender las percepciones y experiencias de violencia en entornos escolares y comunitarios. Estos estudios brindaron una base para analizar la violencia en contextos urbanos como Bastión Popular en Guayaquil, y sus implicancias para el diseño de espacios seguros y educativos como la mediateca-ludoteca del Centro Polifuncional ZUMAR. También permitieron identificar antecedentes metodológicos para la investigación.

La investigación adoptó un enfoque cualitativo por su capacidad para explorar en profundidad las experiencias, percepciones y expectativas de los beneficiarios. El enfoque cualitativo permite capturar las sutilezas y complejidades de las interacciones sociales dentro del contexto de Bastión Popular. Este tipo de investigación no es generalizable, dado que se basa en un muestreo no probabilístico y en participantes institucionalizados y directamente relacionados con el proyecto. El objetivo no es extrapolar los resultados a la población general, sino poder escuchar las voces y necesidades de los beneficiarios.

La investigación utilizó la entrevista y el grupo focal junto a otras técnicas proyectivas. Los grupos focales iniciaban con una ficha sociodemográfica que identificaba características socioeconómicas y consumos de cursos y servicios de ZUMAR, y medios de comunicación de tecnologías. Posteriormente, se utilizaron técnicas proyectivas: en el caso de las madres, imágenes de niños jugando, y en el caso de niños, niñas, adolescentes y jóvenes, ilustraciones de actividades recreativas que debían ubicar dentro y fuera de “casa” para trabajar en una conversación. Cuando se identificaban percepciones de violencia, se complementaba con una tabla de situaciones violentas basada en los estudios de Chávez González (2017), Rivera-Montero et al. (2021) y Veccia et al. (2012) para identificar y conversar sobre los espacios en que ocurren. Finalmente, las expectativas de la mediateca-ludoteca se realizaron a partir de cartulinas con palabras clave de los participantes con relación a emociones y actividades proyectadas en ese espacio.

Unidad de análisis y muestra

La muestra es no probabilística y voluntaria: los participantes fueron seleccionados a través de la intermediación de los administrativos de ZUMAR. Los grupos involucrados son madres de niños de 3 a 7 años, niños y adolescentes entre 8 y 17 años, y funcionarios de la Alcaldía Ciudadana de Guayaquil. El reclutamiento se realizó de manera voluntaria mediante contacto directo entre los administrativos de ZUMAR y los posibles participantes. Se garantizaron medidas de confidencialidad y consentimiento informado. En el caso en que no existió respuesta a la convocatoria, se identificaron asistentes a cursos que se estaban dictando en ese momento que cumplieran los criterios de selección. Dada la naturaleza de las edades, en algunos casos se sumaron representantes de los menores de edad como espectadores o hermanos y hermanas que estaban a cargo de mayores. En este caso se sumaron a los grupos por motivos operativos.

Se garantizó el consentimiento informado para los representantes, mientras que se empleó el asentimiento para los niños y jóvenes (salvo en el caso de alguno que tenían la mayoría de edad recién cumplida), asegurando que todos los participantes comprendieran el propósito de la investigación y pudieran retirarse en cualquier momento. Además, se solicitaron permisos explícitos para la toma de fotografías y grabaciones en los grupos focales. Los resultados se presentarán de forma anónima.

Para aumentar la robustez de la investigación, se integra en este artículo entrevistas realizadas a habitantes de diversos bloques de Bastión Popular, que se llevaron a cabo en el marco de otro Proyecto de Investigación de las autoras en los años 2022-2024.4 En la Tabla 1 se explicitan los dos proyectos de investigación ejecutados por las autoras entre los años 2022-2024, cuyos resultados son los insumos de este artículo. Para un mayor entendimiento, se especifica cuáles técnicas de investigación fueron utilizadas en cada uno, y a cuál objetivo específico del presente artículo tributan.

Tabla 1. Proyectos de investigación ejecutados 2022-2024

Proyecto de investigación

Técnicas

Objetivos específicos

Capacidades para la paz, la seguridad y la reducción de las violencias en

Ecuador–Diseño de modelo pedagógico para la Mediateca Ludoteca del Centro Polifuncional ZUMAR 2024.

Entrevistas y grupos focales con técnicas proyectivas.

Tributa a los siguientes objetivos específicos descritos en el apartado metodológico: a, b y c.

Los barrios populares de Guayaquil-Ecuador desde las voces de sus pobladores: aproximándonos a los procesos de asentamiento popular y la identidad barrial, 2022-2025.

Para este artículo en específico se seleccionaron 4 entrevistas (P) y un grupo de discusión (G) donde se percibe con mayor claridad la identificación de los actores clave en el barrio y el rol de ZUMAR realizadas entre 2022-2023.

Tributa a los siguientes objetivos específicos descritos en el apartado metodológico: a y b.

 

 

Tabla 2. Distribución de la muestra

Código

Técnica

Año de realización

Detalles de los participantes

P8

Entrevista

2022

Hombre, 31 años

P16

Entrevista

2023

Mujer, 58 años

P17

Entrevista

2023

Hombre, 35 años

P19

Entrevista

2023

Mujer, 36 años

G4

Grupo de discusión

2023

6 mujeres entre 30 y 55 años

M1-M6

Grupo focal con técnicas proyectivas

2024

6 mujeres entre 22 y 45 años

N1-N8

Grupo focal con técnicas proyectivas

2024

8 niños entre 5 y 11 años

A1-A5

Grupo focal con técnicas proyectivas

2024

5 adolescentes entre 12 y 15 años

J1-J7

Grupo focal con técnicas proyectivas

2024

7 jóvenes entre 16 y 18 años

 

Para la descripción y análisis de los datos, se trabajó una categorización inductiva, en la cual se diseñaron categorías a partir de las propiedades de las entrevistas y luego en relación con el marco teórico-metodológico. Además, ciertas técnicas cualitativas se procesaron a través del procesador de nube de palabras freeworldcloudgenerator. Las fichas, tablas y proyectivas se sistematizaron cuantitativamente para identificar los significantes más nombrados. Las categorías finales fueron: 1) descripción del espacio físico y su relación con el mismo; 2) identificación y relación con actores externos; y 3) rol de las mediatecas y ludotecas como espacios de transformación social. Con base en estas se presentan los resultados a continuación.

Resultados

Descripción y percepciones del barrio

En cuanto a las percepciones generales del barrio notamos una tendencia negativa que evidencia una desconexión entre las familias y su entorno, marcada por la inseguridad y la falta de espacios recreativos adecuados, sectores aislados o cerrados por rejas, que limitan las interacciones sociales. Si bien el significante ZUMAR está en la centralidad de esas percepciones, les siguen de cerca los de inseguridad y violencia:

Figura 1. Sentidos del barrio Bastión

Nota. Nube de palabras de sentidos del barrio Bastión Popular (o cercano) expresado por 26 participantes de los grupos focales (2024) y generado usando wordart.

Para las madres, el barrio es percibido como un lugar inseguro, lo que limita las actividades de sus hijos al interior de sus casas:

Adentro, por lo menos en lo personal yo siento que más adentro. Y poco afuera, cuando yo veo que ya están los niñitos, que son los grandecitos, que salen en bicicleta y todo eso, yo digo, más que todo por la seguridad, porque a veces están todos jugando y uno sabe que [puede venir], o un carro, o una moto, o algo, y yo, por ejemplo, en un ratito, máximo una hora que estoy jugando, [luego] ya estoy adentro. (M1)

Las pocas veces que mencionan el exterior, lo relacionan con la falta de infraestructura recreativa adecuada y un entorno poco adecuado para el juego. Esta percepción influye en la decisión de mantener a sus hijos dentro de casa bajo supervisión constante.

En general en los barrios, estos niños o jóvenes juegan en sus casas solos, sin tener una interacción más rica o diversa, hasta que son adultos y pueden desplazarse a otros barrios a buscarlas. Tanto en adolescentes como en jóvenes, no se observan diferencias significativas por razón de género con relación a las restricciones de movilidad; ambos grupos permanecen mayoritariamente confinados. Si bien en algunos casos los varones pueden acceder con cierta frecuencia a espacios deportivos, esta posibilidad se encuentra igualmente limitada.

Los datos cuantitativos emanados de las técnicas proyectivas nos demuestran que un 66% de los entrevistados nos comentó que realiza actividades dentro de casa, con relación al 34% que lo hace fuera. A continuación, los collages de actividades realizadas dentro de casa y en espacios exteriores ofrecen una representación visual que refuerza esta percepción. En la técnica proyectiva que implicaba para los niños y niñas seleccionar imágenes de niños realizando actividades en su tiempo libre, las actividades que colocaban en el interior de la casa, duplicaron o triplicaron las del exterior.

Figura 2. Collage-selección de actividades proyectivas de la niñez

Nota. Actividades realizadas en el tiempo libre dentro-fuera de la casa. 4 dibujos seleccionados del grupo focal con niños y niñas.

En los adolescentes, su principal significante de referencia sobre el barrio es la violencia. Describen su entorno en función de palabras como seguridad o riesgo, sin mencionar lugares específicos que habiten o asistan, aunque algunos mencionan que utilizan espacios parcialmente cerrados con rejas o controlados para sentirse más seguros. Áreas abiertas como calles o parques se perciben como peligrosas.

Los jóvenes en cambio tienen percepciones divididas: algunos no asocian el barrio directamente con la violencia, sino zonas cercanas; mientras que otros describen episodios de inseguridad y descontrol. En general, sienten un desapego hacia su territorio, lo que refuerza la desconexión con el barrio.

La violencia es un tema recurrente en los relatos de todos los grupos, excepto en los niños en edad escolar, quienes no mencionan situaciones violentas en su entorno inmediato, incluso cuando se preguntó por ellas específicamente. Si se sistematizan las situaciones de violencia, prevalecen el consumo de droga, el sentirse amenazado, las muertes, la venta de drogas, agresiones verbales y los robos que se ubican en “la calle” principalmente:

Tabla 3. Distribución de situaciones de violencia según el espacio en que ocurren

Situación

Casa

Calle o barrio

Escuela

Otro

Total

Consumo de droga

1 (4.3%)

15 (65.2%)

1 (4.3%)

6 (26.1%)

23 (15,5%)

Sentirse amenazado o con miedo

0 (0.0%)

12 (57.1%)

3 (14.3%)

6 (28.6%)

21 (14,2%)

Muertes

1 (4.8%)

9 (42.9%)

2 (9.5%)

9 (42.9%)

21(14,2%)

Venta de droga

0 (0.0%)

13 (61.9%)

0 (0.0%)

8 (38.1%)

21 (14,2%)

Insulto o gritos

2 (10.5%)

9 (47.4%)

3 (15.8%)

5 (26.3%)

19 (12,8%)

Delitos, robos, extorsión o “vacunas”5

0 (0.0%)

12 (63.2%)

0 (0.0%)

7 (36.8%)

19 (12,8%)

Rechazo

1 (8.3%)

4 (33.3%)

3 (25.0%)

4 (33.3%)

12 (8,1%)

Golpes

0 (0.0%)

7 (58.3%)

3 (25.0%)

2 (16.7%)

12 (8,1%)

Total

5 (3,4%)

81(54,7%)

15(10,1%)

47 (31,7%)

148

Nota. Construida a partir de las respuestas en las cartillas de violencia llenadas por los 26 participantes de todos los grupos. Una situación violenta podía colocarse en más de un espacio.

En el caso de las madres, mencionan la violencia como un factor que condiciona su vida diaria:

Porque hubo una balacera cerca de mi casa. Ya, ok. Y las balas corrían por nuestra casa, un poco más cerca, entonces ya la gente se alborotó. ... Hace como más o menos unos cinco meses atrás, llegaron ahí a mi casa a extorsionar al marido de la prima de mi marido. En mi esquina hay una cancha donde juegan los niños y cosas así. Ahí hicieron ir la energía. (M4)

Me siento amenazada y con miedo, es cuando salimos a las calles (M2). Esta percepción de inseguridad también se extiende a espacios que tradicionalmente se consideran “protectores”, como la escuela: Y al frente de la escuela, los niños tuvieron que tirarse un poco al piso. Y ya no están seguros tampoco, igualmente. Pero están adentro de la escuela. ... Igualmente uno sabe que una bala o algo, una bala perdida, podría impactar a los niños, hasta a los profesores. (M5)

Para los adolescentes y jóvenes, la violencia aparece en sus relatos no como víctimas, sino más como observadores o consumidores de noticias que como testigos directos de robos, balaceras y peleas, aunque los relatos más extremos suelen vincularse a zonas fuera de Bastión:

Sí, por ejemplo, en algún hábito de estas personas se ve, hay chicas, por ejemplo, afuera de mi barrio que están prácticamente paradas y mi mamá me dice que esas chicas ayudan al consumo de droga, o sea, venden la droga. Y eso viene de familia o cosas así, como que el papá la manda a ella, ella la distribuye y cosas así. Y es como una red, como que hay personas que no son de tan buen ambiente ahí, y uno prefiere estar alejado porque se puede meter en algún tipo de situación que te metan y digan, tú estuviste involucrado y no es así. (J5). o “Cuando tú dices la vida fácil a qué te refieres? J3: sería la venta de drogas. Andar en malos pasos”.

Sin embargo, algunos jóvenes sí han presenciado situaciones graves, como lo menciona una joven, aunque fuera del barrio: “Yo vivo en Pascuales.6 Entonces por eso entiendo lo que dice J. Yo soy la sobreviviente de también de eso” (J4). O como también refieren otros jóvenes: “Y a veces como estamos conversando sin armar en el colegio, nos cuentan que matan al uno, que matan al otro. Y se escucha feo porque ellos son niños y no deberían de ver o escuchar ese tipo de cosas.” (J1) o “Porque estas dos madrugadas que han pasado, no sé por qué, no me preguntes, pero han habido balas. Entonces han matado a gente. Más que todo creo que es por vacunas. Y han cerrado muchas tiendas por mi casa. Y no es que les haya ido mal, sino que cuando más bien les va, es como que van las vacunas y les toca cerrar las tiendas. A veces ya ahorita ya no se ve que es nueve de la noche y ya las cosas ya están todas cerradas.” (J4). En el ámbito local, la violencia intrafamiliar es referida por los adolescentes como algo observado en el entorno. Sin embargo, prefieren mantenerse al margen de los conflictos familiares: “A veces uno no se puede meter.” (M3).

En cuanto al ámbito escolar, los niños en edad escolar no mencionan incidentes de violencia, pero los adolescentes y jóvenes comienzan a referir peleas, insultos y conflictos entre compañeros. A medida que crecen, observan más situaciones de riesgo en su entorno, como lo menciona un joven, J7: “y me viene un chico de ese segundo año de bachillerato a tipo amenazarme, algo parecido así. Amenazarme que pues, ¿qué hacía yo ahí? Pues eso, básicamente. Como que, destruyéndole el negocio, por así decirlo. ¿Y cuándo tú dices cuál era el negocio? Es el corte de cabello. Pero en todo caso, lo que hacía era cortarle el pelo a la gente. ... por lo que nos contaba el tutor, que también es uno de los profesores que me da la carrera ..., ya en otro curso ha ido y ya ha estado por varios meses ya diciendo que él es de banda ... Y un día de esto dice que ya, entre todo el curso en sí, dice que lo han agarrado y se lo han caído a golpes. Y ya es tanto tiempo de eso. Y ya pues.”

Los actores clave en el barrio y el rol de ZUMAR

Para aterrizar en la identificación de los actores clave que trabajan en el barrio, se hizo a través de que los participantes describieron el espacio y los lugares que más concurren o más importantes para ellos. Estos resultados articulan la investigación de campo de los dos proyectos, y las narrativas de los pobladores a lo largo del 2022-2024. El lugar que más mencionaron fue el Centro Polifuncional ZUMAR, por un total de diez de los participantes. Existen muy pocos espacios físicos diferentes que sean nombrados, por ejemplo, menciona los parques locales, el bloque 8, el centro comunitario, una unidad educativa, una pastelería, un restaurante y una tienda Tía. Si bien el reclutamiento fue de un perfil de familias institucionalizadas, la falta de descripción de otros espacios físicos que no sean ZUMAR da cuenta de una experiencia territorial del barrio bastante limitada. Los niños en edad escolar no pueden describir espacios fuera de su casa, lo que refleja la falta de interacción significativa con su entorno, sin embargo, sucede también con los adultos. Al indagar en este aspecto, llama la atención la explicación de por qué ZUMAR funciona como un espacio de congregación barrial.

E: Una duda. Todas han dicho ZUMAR. ¿Dicen ZUMAR porque no hay otros lugares?

M2: No hay otra cosa divertida.

E: Ahora, ¿no hay o mejor no ir? ¿saben que sí hay un par? Pero prefiero no ir

M2: No, no hay. Es más cuidado aquí, porque hay un guardia a la entrada. Los parques aquí son peligrosos. ... Que vienen hacheros.7 La gente que duerme ahí.

M3: Robos.

M4: También porque están descuidados.

M2: No hay mantenimiento.

E: ¿Y los niños, entonces, no los llevan aquí a jugar? ...

M1: Para nada. Para nada. El único parque por aquí, que se los puede llevar es el parque Samanes.

M5: En la Ladrillera hay 2 parques. El parque metropolitano y el parque de los barrios. Pero ya no se puede estar. (G4)

En cuanto a espacios fuera del barrio, se evidencia que buscan áreas verdes y lugares recreativos que no son parte de la infraestructura de la zona como Parque Samanes, que fue el destino de recreación más popular, seguido por el Malecón 2000 y centros comerciales sin especificar. En cuanto a centros culturales, solo una persona mencionó museos o bibliotecas, esto da cuenta del déficit de acceso (solo hay una biblioteca dentro de ZUMAR), los hábitos de consumo e infraestructura cultural.

Las percepciones recogidas de los habitantes de Bastión Popular evidencian que los actores clave no se limitan a instituciones formales, sino que incluyen una red diversa de entidades públicas, religiosas y comunitarias que median la vida cotidiana. Entre los actores institucionales más reconocidos figura el Municipio de Guayaquil, cuya presencia es evocada especialmente a través de programas de intervención urbana como Regeneración Urbana o “Mejoremos Nuestra Cuadra”. Estos proyectos no solo representaron mejoras en infraestructura física, sino también espacios de participación barrial y reconocimiento simbólico: “nosotros en ese entonces ganamos el segundo lugar de los barrios” (P17). Asimismo, se mencionan programas móviles como “Más Salud”, los cuales fueron valorados por su cercanía y accesibilidad: “eso eran los contenedores que hizo el municipio ... uno se hacía atender ahí y bueno, se atendía Medicina General, dentistas, cosas así” (P17).

Otro actor institucional destacado está relacionado a la atención psicosocial, en especial en lo que respecta a la problemática del consumo de drogas. La alcaldía es mencionada como promotora de centros de rehabilitación en el barrio, percibidos por algunos residentes como un factor disuasorio frente a dinámicas delictivas: “ya hay un centro de rehabilitación y desintoxicación … eso como que mantiene a raya quizás al crimen organizado” (P8). No obstante, esta percepción coexiste con narrativas críticas hacia la desigual de cobertura de algunas fundaciones, como Children International, cuya intervención en la zona no fue vista como equitativa por todos los habitantes: “yo fui uno de los que apliqué y no salí favorecido ... casi el apoyo así de fundaciones como tal, no la vimos” (P17). Esto sugiere que, si bien la presencia de actores externos es reconocida, su legitimidad comunitaria depende de la percepción de inclusión y acceso.

Las iglesias, especialmente las católicas, emergen como actores clave en la vida barrial, no solo como espacios de culto, sino también como núcleos de organización social. Se relatan iniciativas de asistencia a la infancia, como catequesis, actividades recreativas y entrega de alimentos o juguetes: “les han dado refrigerio, juguetitos” (P16). Además, algunas iglesias ofrecen servicios de cuidado infantil mediante guarderías autogestionadas por las propias familias: “la que yo estuve era en la parte del patio de la iglesia católica … entre todos teníamos que pagar el internet, la luz, el agua” (G4). Estas formas de organización comunitaria muestran cómo el actor religioso adquiere funciones sociales que trascienden lo espiritual, convirtiéndose en una infraestructura de apoyo cotidiano en contextos populares.

No obstante, como ya se señaló anteriormente, ZUMAR, espacio en que se planea construir la mediateca-ludoteca, es el actor referente que más aparece en las narrativas de los residentes de Bastión Popular. Se posiciona como un espacio clave para el acceso a servicios públicos, capacitación y recreación. Su infraestructura incluye desde instalaciones médicas y educativas hasta canchas deportivas, piscinas, un huerto urbano y espacios culturales, lo que ha permitido que distintas generaciones encuentren en este lugar una alternativa para el desarrollo personal y colectivo. Las entrevistas indican que ZUMAR es recordado como un hito positivo en la historia del barrio, marcando un punto de inflexión en relación a etapas en las que la presencia estatal era más limitada: “cuando vino la regeneración urbana y el abogado Jaime Nebot hizo el ‘Cami’8 ... la gente por sus propios méritos buscaba para poder estudiar ahí o hacer algo” (P17). Los talleres y actividades de capacitación no solo ampliaron las posibilidades de aprendizaje, sino que promovieron una ética de autosuperación que los residentes valoran.

ZUMAR tiene amplia legitimidad y aceptación para los habitantes, tanto como espacio seguro como en la calidad de los programas desde el punto de vista de usuario y, en muchos casos, es la única oferta de espacio-actividad que permite a estas familias salir del encierro de sus casas, no solo por la inseguridad (una percepción transversal de la que se habla con cierta prudencia o vergüenza, aunque no todos los actores le dan el mismo peso), sino también y sobre todo, por la falta de infraestructura y oferta: “Es más cuidado aquí, porque hay un guardia a la entrada. Los parques aquí son peligrosos … ZUMAR es completo. Polifuncional en todo” (M2).

En términos de conversación, se identifica que estos actores reclutados son “institucionalizados”, es decir, o tienen hijos con escolaridad completa o han realizado varios cursos en ZUMAR. Las madres pueden usar palabras como “estimulación temprana”, “discapacidad”, “inclusión”, “autismo”, “emprendimiento”, “derechos”, que hablan del impacto sobre todo de ZUMAR en su calidad de vida, y sus demandas o expectativas de servicios como ciudadanas.

En el ámbito de la salud, ZUMAR cumple un rol fundamental como centro de atención primaria accesible para personas que no pueden costear servicios privados. La calidad y disponibilidad del servicio médico ofrecido en sus instalaciones contrasta, en el discurso de los entrevistados, con las experiencias negativas vividas en otros subcentros del barrio: “yo sí me acerco a hacerme ver porque yo soy enferma, mi mamá es enferma ... mes a mes para verle remedios para mi mamá porque ella es diabética” (P19). En este sentido, ZUMAR es visto como una alternativa confiable, incluso en casos de emergencia donde otros servicios no responden: “yo he ido al subcentro ... no me han querido atender para nada. Pero acá [en ZUMAR] sí me han atendido. Para qué, me han atendido bien” (P19). Estos relatos destacan no solo la apreciación del servicio recibido, sino la centralidad que adquiere el acceso gratuito y sin barreras a la salud en contextos de precariedad.

Finalmente, ZUMAR también ocupa un lugar importante como escenario de socialización, recreación y pertenencia intergeneracional. Sus múltiples cursos, desde taekwondo y robótica hasta joyería e informática, ofrecen oportunidades tanto para niños como para adultos, muchas veces en momentos de transición o desempleo: “antes de empezar la universidad me metía a los cursitos que me daban … para distraerme la mente” (GFP4). Además, el centro funciona como nodo de conexión con redes institucionales más amplias, como se refleja en las visitas de autoridades municipales o en la organización de eventos conmemorativos, como el Día de la Madre, para sectores específicos de la comunidad. Las relaciones construidas en estos espacios, como los grupos de adultos mayores o comités informales de usuarias frecuentes, permiten que ZUMAR se inscriba no solo como un servicio, sino como un actor relacional que fortalece el tejido social del barrio.

Ludotecas y mediatecas: la necesidad de espacios seguros como lugares de transformación social

Las voces de los habitantes de Bastión Popular dan cuenta de cómo espacios como ZUMAR se construyen y significan como lugares transformadores y seguros. Transformadores debido a que entregan herramientas que ayudan a mejorar la calidad de vida de los pobladores populares del sector, en especial mujeres, niños, niñas y jóvenes. Seguros porque en el contexto de violencia e inseguridad se convierten en el lugar donde los habitantes pueden ir y continuar con su “cotidianidad” sin rejas ni temores. En este sentido, la necesidad de más espacios como este es imperativa, por lo que la construcción de una ludoteca-mediateca se ve como un proyecto prometedor desde la percepción de los pobladores de Bastión.

La construcción de una ludoteca implica un espacio en el que el juego es central. En términos generales se evidencia una predisposición positiva hacia el juego en todas las edades, incluyendo las madres (aunque más como promotoras que como participantes) y poca inserción tecnológica en la vida cotidiana, sobre todo de los menores de edad. La lectura casi no aparece como una práctica en los actores. Ni siquiera vinculada a la escolaridad, que al parecer está centrada en libros escolares y no en lecturas recreativas o completas.

Para las madres, el juego es visto como una parte integral del aprendizaje porque les ayuda a sus hijos a desarrollar autonomía y creatividad. Sin embargo, no participan activamente en ellos: su rol suele ser más de supervisión que de intervención. No obstante, el juego no considera espacios al aire libre: “Si una de las dos no fue, entonces no sale. No hay permiso, no puede salir. Y si hay ahí, en ese pequeño retiro, y él ahí está jugando, coge su bicicleta y todo lo demás, y él va” (M4). Aunque las madres valoran el juego como un derecho fundamental, consideran que “es cosa de niños”, y no identifican la capacidad de desarrollo de muchas áreas en la vida de sus hijos a través de la interacción adulto-niño. Los niños en edad escolar mostraron una inclinación por los juegos grupales y activos, preferiblemente al aire libre, como las congeladas o atrapadas. A pesar de que también mencionaron deportes, especialmente el fútbol. Tanto niñas como niños expresaron interés en actividades que incluyan manualidades o deportes, lo cual muestra una equidad de género en las preferencias de juego. Las niñas participan en actividades recreativas como sus compañeros; sin embargo, casi ningún niño mencionó ayudar en las tareas domésticas como actividad de fin de semana.

Entre los adolescentes, los juegos tienden a ser más estructurados, como los de mesa (naipes, parchís, damas, jenga) o videojuegos colaborativos como FIFA y Roblox, mientras que se reduce la participación en juegos al aire libre y se incorporan consumos culturales como novelas turcas o coreanas; al mismo tiempo, valoran las conversaciones familiares por encima de la interacción con pares. En la juventud, el juego pierde relevancia y las preferencias se orientan hacia deportes, música o manualidades, con los juegos de mesa solo como actividad ocasional y casi nula mención de la lectura como opción de tiempo libre. Madres y adolescentes coinciden en la importancia de contar con un espacio seguro para el juego, y se observa una baja presencia de dispositivos electrónicos en la infancia, un uso limitado de videojuegos en la adolescencia y un consumo digital escaso en general, restringido a contenidos recreativos, sin que se los vincule con aprendizajes autónomos o actividades formativas.

Expectativas sobre la ludoteca/mediateca

A pesar de que se asigna una importancia vital a la necesidad de actividades de aprendizaje y juego, en general, ninguno de los grupos comprende con claridad el concepto de ludoteca o mediateca, y lo relacionan más con la idea tradicional de una biblioteca. Es interesante que el significante “seguridad” vuelve a aparecer en esas definiciones y expectativas con fuerza. Los resultados sugieren que la ludoteca-mediateca debe ser un espacio que promueva tanto juegos concretos y manipulativos para los niños pequeños, como juegos activos y colaborativos para los adolescentes. Además, debe fomentar el desarrollo de habilidades artísticas y deportivas en los jóvenes e incluir actividades como deportes, manualidades, y el acceso a videojuegos colaborativos, además de objetos y materiales que permitan la creatividad y la exploración (por ejemplo, legos, disfraces, juegos de mesa) acorde a sus intereses y mediados por adultos.

Figura 3. Expectativas de la comunidad respecto a la ludoteca

Nota. Nube de palabras de expectativas de la comunidad respecto a la ludoteca (o cercano), expresada por 26 participantes de los grupos focales y generada usando wordart.

Las madres ven la ludoteca-mediateca como un espacio donde pueden dejar a sus hijos mientras asisten a otros cursos o actividades. “Dónde dejar a sus niños, sean niños de brazos o niños pequeños” (M5). Las madres mencionan un interés en talleres de estimulación temprana, inclusión y terapias de lenguaje, lo que implica un avance en la legitimidad de los discursos de inclusión o una sensibilidad a la diversidad. “Sería muy bueno que los espacios también sean para los niños con autismo, que hoy en día tenemos variedad de niños con autismo ... Más que todo también terapia” (M1). Además, valoran un espacio que sea seguro y cálido, con recursos como disfraces, rompecabezas, títeres y pelotas, que combine juego libre y actividades o cursos estructurados: “[que existan] rompecabezas, títeres, pelotas” (M2); “cine, teatro, danza también” (M4).

Los niños en edad escolar imaginan el espacio como un lugar para actividades interactivas, como dibujar, tocar instrumentos y cuidar animales con juegos en grupo. Sus expectativas incluyen disfraces y juegos de mesa, que plantean un entorno lúdico, donde puedan desarrollar su creatividad.

Para los adolescentes, las expectativas se centran en actividades estructuradas y creativas, como talleres escénicos, de huertos y dibujo, además de clubes y concursos. Ven a la ludoteca-mediateca como un espacio para “desahogarse”, desconectarse de tensiones y expresarse libremente. Mencionan medios de transporte como motos o bicicletas, hasta salas de cine que proyectan festivales, lo que evidencia su interés por formas de aprendizaje y entretenimiento que fomentan la interacción social.

Los jóvenes comparten expectativas similares a los adolescentes, pero con mayor énfasis en cursos específicos, más que en un espacio de aprendizaje no formal, aunque mencionaron juegos de mesa, clubes y concursos. Ven a la ludoteca-mediateca como un espacio donde se pueden realizar actividades como salas de cine o videojuegos.

Esta Tabla consolida todas las respuestas de los actores (niños, jóvenes y madres) de los distintos participantes de grupos focales:

Tabla 4. Cuadro consolidado de expectativas sobre la ludoteca-mediateca

Categoría

Expectativas de todos los participantes

Temas de talleres

Medio ambiente, violencia familiar, acoso, estimulación temprana, inclusión, educación financiera, emprendimiento, ciudadanía.

Actividades

Lectura de cuentos, talleres escénicos, escuchar música, terapias de lenguaje, dibujar, tocar instrumentos, cuidar animales, jugar en grupo, sembrar plantas, clubes, concursos, laboratorios de creación.

Emociones

Paz mental, relajación, disrupción, acogedor, cálido, seguro, espacio para desahogarse.

Recursos

Disfraces, juegos de mesa, títeres, rompecabezas, pelotas, instrumentos musicales, pintura, motos o bicicletas, plantas, libros.

Medios

Salas de cine, videojuegos en grupo.

Capacidades

Competencias sociales, crecimiento sano, interacción segura, recuperación de tejido social, aprender jugando.

 

Las expectativas más repetidas incluyen talleres que desarrollen actividades creativas como dibujar, hacer teatro o representar, jugar en grupo y tocar instrumentos. En cuanto a las emociones, el espacio debe ser acogedor, seguro y un lugar para desahogarse. Los recursos mencionados más frecuentemente incluyen objetos concretos para armar, disfraces y juegos de mesa. Las capacidades a desarrollar incluyen competencias sociales y la recuperación de la palabra.

Los habitantes de Bastión proyectan el deseo de contar con un espacio barrial seguro, creativo y formativo para los niños y jóvenes, que compense la falta de infraestructura recreativa en el barrio y el debilitamiento de la calidad de la oferta educativa. Se recomienda que fomente la cohesión social y ofrezca actividades que permitan el desarrollo de habilidades en un entorno protegido, brindando a los beneficiarios un espacio donde interactuar y sentirse parte de una comunidad.

Discusión

Los barrios populares de la mayoría de las urbes latinoamericanas han pasado por procesos complejos de construcción que siguen presentes hasta el día de hoy, y que poco han sido atendidos desde la esfera pública o aproximados desde la academia. Específicamente en Ecuador y en Guayaquil, pocos estudios han abordado a profundidad el entendimiento de estas realidades desde sus propios habitantes. Desde la escalada drástica de las violencias e inseguridad en el país, el foco han sido estos espacios por ser los más afectados. No obstante, poco se reflexiona y construye en torno a soluciones; lamentablemente, las problemáticas se profundizan y también crece la estigmatización sobre los barrios y sus habitantes por ser los espacios donde se configura la violencia.

Esta ha sido una de las motivaciones para presentar los resultados de estas investigaciones que dan cuenta de las realidades y percepciones de uno de estos barrios en la coyuntura actual desde la voz de sus propios habitantes, quienes construyen narrativas de preocupación, pero a la vez de acción colectiva y resistencia. Además, Bastión Popular actúa como un caso de estudio interesante para reflexionar sobre cómo los habitantes resignifican espacios recreativos como “seguros” y con capacidad de generar transformación social.

Acercarnos a las narrativas de los habitantes de Bastión Popular nos permite visualizar lo establecido por Lefebvre (1991) cuando afirma que el territorio es una experiencia diversa y con distintos sentidos. Las “invasiones” de Guayaquil construyeron su identidad como barrio, y los habitantes su identidad individual en contraposición a la noción de la ciudad urbana. De esta forma los significados que le asignan al barrio son matizados, profundos y dan cuenta de un espacio físico, pero también simbólico (Lombard, 2015). Como una construcción social, el barrio se define con base en las interacciones y prácticas cotidianas de sus habitantes, lo cual se evidencia en Bastión Popular a causa del drástico cambio en la coyuntura de seguridad del país, las vidas individuales de sus habitantes han cambiado, y por ende, la de todo el barrio.

Nuestros entrevistados mostraron cómo su percepción y relación con su espacio se ha visto limitada y restringida. La violencia cerca y cierra el uso, experiencia e interacciones en ese territorio en detrimento de otros. La violencia organizada ha logrado ocupar un territorio a su vez olvidado por el gobierno local o Estado en términos de servicios o áreas verdes. Esto no solo transforma sus salidas, su exposición a las actividades “afuera” y los lleva a un nuevo encierro, sino que permea sus prácticas e interacciones primarias del día a día. Se puede visualizar claramente en las rutinas de los niños, niñas, jóvenes y adolescentes, quienes además son el objetivo principal de reclutamiento por parte de los grupos delincuenciales. Los entrevistados indicaron cómo se están enfrentando a una nueva pandemia, debido a la cual no pueden asistir a la escuela, no pueden jugar al aire libre, y ya sus habilidades y aprendizaje se comienzan a ver afectadas.

Por ejemplo, en los grupos focales de beneficiarios se evidenció en general un lenguaje empobrecido en términos descriptivos y dificultades de escritura (a pesar de que fueron solicitudes de palabras o ideas clave), salvo en los jóvenes. La palabra es central en procesos de crianza, interacción y resolución de conflictos. Si no se ejercita, es fácil resolver sin palabras, lo que incluye desde golpes, drogas, hasta asesinatos. Sin palabra los sujetos tienden a resolver los conflictos “pasando al acto” impulsivo, violento o destructivo (Paz, 1991), e incluso autodestructivo. En los relatos de barrio y escuela-colegio se evidencia la ausencia de la palabra como mecanismo de trabajo en situaciones o problemas, y de adultos que las promuevan. Estos adolescentes-jóvenes con otros perfiles evaden las situaciones de conflicto, las observan pasivamente o las informan para que sus padres medien —más que los docentes, por lo menos en estos relatos—.

Sin embargo, y en línea con los postulados de Carvajalino (2019) y Folgar (2019), las prácticas de exclusión histórica se convierten en modos de resistencia que reivindican la barrialidad. A pesar de que los discursos de los habitantes de Bastión dan cuenta del abandono de las instituciones públicas, existen proyectos y espacios específicos del Municipio de Guayaquil a los cuales les asignan vital importancia como ZUMAR. Es interesante comprender cómo la percepción sobre este proyecto va cambiando, ya que en un primer momento es identificado como un lugar de atención y servicios. Las personas han logrado formarse en este lugar y acceder a ciertos servicios médicos. Con el cambio coyuntural, el vínculo con ZUMAR se ha resignificado y se percibe casi como un “oasis” en medio de la violencia y el abandono.

Las historias de barrios en Guayaquil como Bastión Popular dan cuenta de una transformación, gradual y constante, que fue configurada en su mayoría de forma autónoma por sus propios habitantes y liderazgos barriales (Carvajalino, 2019; Ríos-Rivera et al., 2024) por lo cual hay que tener cuidado con las lecturas acerca de ZUMAR como proyecto del gobierno local, y evitar quitar poder de agencia a las formas en las cuales los pobladores habitaron y significaron este espacio. Las constantes demandas por servicios al gobierno local y nacional, las protestas y luchas fueron una motivación importante para la construcción de este espacio, y es una de las razones por las que los habitantes mantienen un lazo afectivo fuerte con él, ya que lo ven como una victoria propia.

ZUMAR representa una forma de resistencia simbólica frente a la situación del barrio y del abandono estatal. La legitimidad, apropiación y defensa por parte de la comunidad puede considerarse una práctica simbólica que reconfigura los sentidos del espacio de Bastión frente a la exclusión como una forma otra de constituir barrialidad (Folgar, 2019). Si bien en un primer momento acudieron a este espacio para poder formarse, prepararse, cuidarse, y eso les permitió ir cambiando su realidad y futuro, ahora lo ven como un espacio seguro donde pueden interactuar “sin miedo”, y que les puede dar herramientas para enfrentar el contexto adverso.

Se visualiza que son estas las expectativas que los habitantes proyectan sobre la ludoteca-mediateca, que trascienden su carácter de infraestructura física o simple oferta de servicios educativos. La conciben, más bien, como un espacio de encuentro, inclusión y creación colectiva. En este sentido, las mediatecas —al facilitar el acceso equitativo al conocimiento y promover la participación activa y no pasiva— pueden convertirse en escenarios clave para la formación de una ciudadanía crítica y comprometida (Sarramona, 2011) que permita construir otro polo en dicho barrio. ZUMAR puede ser un bastión para construir otro Bastión.

Puntualmente, los procesos de juego permiten imaginar e imaginarse y, por lo tanto, crear otros mundos, trayectorias, barrios posibles. El juego es también la oportunidad de colaborar, aprender sobre reglas y sobre la ley, un espacio para negociar con la palabra sobre los desacuerdos. El juego tiene una función política. Las ludotecas como espacios de juego desarrollan habilidades motrices, cognitivas y socioemocionales (Rodríguez & Lozano, 2015), en las que lo lúdico, pero también la palabra, son protagonistas. Además, una ludoteca crea experiencias que permiten a niños y jóvenes “ensayar” procesos de negociación, tomar y hacer ejercicio de la palabra para expresar sus deseos, posiciones, pero también ejercicio de la escucha y la empatía, herramientas centrales en una cultura de paz y desarrollo de una ciudadanía.

Espacios como una ludoteca-mediateca permiten construir una identidad barrial distinta que se contraponga a los estigmas de barrios populares construidos por los medios de comunicación. La exclusión social y simbólica que sufren las periferias puede resistirse desde lo comunitario (Rodríguez y Grondona, 2017), ya que pueden empezar a fundar y consolidar espacios que resistan a los significantes estigmatizadores.

Conclusiones

Los hallazgos de este estudio dan cuenta de la compleja relación entre territorio, violencia y vida cotidiana en los barrios populares de Guayaquil, específicamente en Bastión Popular. La investigación permitió visibilizar cómo la escalada de violencia vinculada al conflicto armado ha reconfigurado no solo las dinámicas barriales, sino también la percepción de los habitantes sobre su propio entorno. Frente al miedo, el encierro forzado y la falta de infraestructura segura, los espacios como ZUMAR emergen como “oasis” barriales: lugares de encuentro, socialización y acceso a servicios básicos. En este marco, la posibilidad de que el gobierno local construya una ludoteca-mediateca en el barrio es percibida por sus habitantes como algo positivo, otro espacio que tiene potencialidad para convertirse en seguro y formativo. Estos lugares, en definitiva, deben ser vistos como una necesidad sentida por la comunidad, que los proyecta como un espacio donde es posible jugar, aprender, sanar y construir nuevas formas de habitar.

La palabra y el juego aparecen como elementos clave en la reconstrucción del tejido social. El silenciamiento y la ruptura de vínculos comunitarios producto de la violencia contrastan con las potencialidades de espacios pedagógicos y lúdicos para restituir la voz, el diálogo y la convivencia. Las ludotecas y mediatecas, al articular lo recreativo con lo formativo, no solo promueven el desarrollo cognitivo y emocional, sino que también se convierten en plataformas de ejercicio ciudadano donde niños, niñas, jóvenes y adultos pueden ensayar modos alternativos de relación basados en la empatía, el respeto y la cooperación.

Este trabajo también reafirma el valor de escuchar las voces de los propios habitantes como insumo fundamental para el diseño de políticas públicas y proyectos territoriales. Las expectativas que proyectan sobre la ludoteca y mediateca no se limitan a un lugar físico, sino que expresan una demanda de dignidad, de participación y de pertenencia. Frente al abandono institucional, la experiencia de ZUMAR demuestra que cuando el Estado —o sus instituciones— se ancla en el territorio con legitimidad, los espacios pueden resignificarse como territorios de posibilidad.

Finalmente, esta investigación aporta a una reflexión más amplia sobre el rol de la educación no formal y la infraestructura comunitaria en la construcción de paz en contextos urbanos vulnerables. En un escenario regional donde la violencia desafía cada vez más las formas tradicionales de intervención social, los espacios comunitarios emergen como herramientas pedagógicas, políticas y simbólicas para imaginar y ensayar otros futuros posibles desde lo barrial, lo cotidiano y lo colectivo.

Financiamiento

Este artículo es parte del proyecto de investigación “Los barrios populares de Guayaquil-Ecuador desde las voces de sus pobladores: aproximándonos a los procesos de asentamiento popular y la identidad barrial, 2022-2025”, aprobado por el Comité de Investigación, Innovación y Creación de la Universidad Casa Grande en 2022-2024 y financiado por Fondos Concursables internos de la Universidad Casa Grande. También del proyecto “Capacidades para la paz, la seguridad y la reducción de las violencias en Ecuador–Diseño de modelo pedagógico para la mediática ludoteca del Centro Polifuncional ZUMAR”, cuyo convenio de subvención es el No. 00131130, financiado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Contribución de los autores

Ingrid Ríos-Rivera participó en la dirección y conceptualización general del artículo, la construcción del marco teórico, el diseño metodológico, levantamiento de campo y análisis de resultados de la etapa 2022-2023 y en la redacción del artículo. María Mercedes Zerega Garaycoa participó en el diseño metodológico, levantamiento de campo y análisis de resultados de la etapa y proyecto 2024, en la redacción del artículo y la corrección. Diana Vallejo Robalino participó en la construcción del marco teórico, el diseño metodológico, levantamiento de campo y análisis de resultados de la etapa 2022-2023, en la redacción del artículo y en la revisión final de las versiones.

Conflicto de intereses

Las autoras declaran la inexistencia de conflicto de intereses de cualquier índole.

Agradecimientos

Expresamos nuestro agradecimiento a las instituciones que contribuyeron a la realización de este proyecto: Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), agencia implementadora; Fondo para la consolidación de la Paz de las Naciones Unidas, institución financiadora; Municipio de Guayaquil y Centro Polifuncional ZUMAR, socios estratégicos; y Universidad Casa Grande, responsable del diseño de modelo pedagógico para la ludoteca-mediateca del Centro Polifuncional ZUMAR. Gracias a su compromiso, este proyecto se consolidó como un esfuerzo colectivo en favor del fortalecimiento comunitario.

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Notas de autores

Ingrid Ríos-Rivera

Ph.D. en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Chile. Docente investigadora de la Universidad Casa Grande y la Universidad de Guayaquil. Integrante del grupo de Investigación “Comunicación, política y liderazgos en contextos sociales y digitales latinoamericanos” de la Universidad Casa Grande, Guayaquil-Ecuador. Contacto: irios@casagrande.edu.ec; ORCiD: https://orcid.org/0000-0002-1392-1808

María Mercedes Zerega Garaycoa

Ph.D. en Teoría Crítica del Instituto 17, en México, con especialidad en estudios críticos digitales. Docente-investigadora de la UCG en áreas de comunicación, ecología humana e investigación. Integrante del grupo de investigación “Digitalidades Contemporáneas” de la Universidad Casa Grande. Contacto: tzerega@casagrande.edu.ec; ORCiD: https://orcid.org/0000-0003-3412-1188

Diana Vallejo-Robalino

PhD (c) en Estudios Internacionales, por Eötvös Loránd University ELTE, en Budapest-Hungría. Docente-investigadora, ELTE y Universidad Casa Grande. Contacto: dianavallejo@staff.elte.hu; ORCiD: https://orcid.org/0000-0002-2847-6014


  1. 1 Transformación territorial y potencialidades de Bastión Popular desde las percepciones comunitarias de sus residentes.

    Este artículo presenta resultados de los proyectos de investigación Capacidades para la paz, la seguridad y la reducción de las violencias en Ecuador - Diseño de modelo pedagógico para la Mediateca Ludoteca del Centro Polifuncional ZUMAR (2024) y Los barrios populares de Guayaquil-Ecuador desde las voces de sus pobladores: aproximándonos a los procesos de asentamiento popular y la identidad barrial (2022-2025), desarrollados por la Universidad Casa Grande (UCG), Guayaquil, Ecuador.

  2. 2 Universidad privada de la ciudad de Guayaquil con oferta de pre y posgrado en áreas de ciencias sociales y humanidades.

  3. 3 El nombre ZUMAR viene de Zona Urbano Marginal, se inició como un Proyecto del Convenio de Financiación entre la Unión Europea y la Municipalidad de Guayaquil, que se ejecutó entre 2002-2006, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de la población de Bastión Popular. Es una Unidad Ejecutora de la Dirección de Acción Social y Educación de la M.I. Municipalidad de la ciudad de Guayaquil. Fue inaugurado el 30 de julio de 2004 (Coordinación de Proyectos ZUMAR, comunicación personal, agosto 2024).

  4. 4 Este estudio fue ejecutado y financiado en el marco de las XI-XIII Convocatorias a Proyectos de Investigación Formativa Modalidad Semilleros de la Universidad Casa Grande (UCG) de Guayaquil-Ecuador. El objetivo es explorar las percepciones de los pobladores populares de barrios urbano-populares de Guayaquil sobre la construcción social de su espacio; este estudio, además, ha venido abordando temas de violencia y acción conjunta con otros actores que los habitantes identifican como relevantes.

  5. 5 “Vacuna” es el término local que se le asigna a las prácticas de extorsión a negocios, comerciantes o viviendas/vecindarios, por parte de grupos de crimen organizado. La extorsión consiste comúnmente en pagos económicos a los GDOs a cambio de “protección”.

  6. 6 A ZUMAR acuden personas que no necesariamente residen en Bastión Popular.

  7. 7 Hacheros o hacheritos es una denominación del habla local para referirse a personas consumidoras de la droga H (ache). La H es una droga sintética de bajo costo que se compone principalmente de heroína mezclada con otras sustancias psicoactivas y adulterantes.

  8. 8 Los Centros de Atención Municipal Integral fueron creados con la misión de mejorar la calidad de vida de las poblaciones vulnerables de Guayaquil, a través de una asistencia que contempla múltiples servicios que promuevan el desarrollo y bienestar individual, familiar y comunal; fortaleciendo el desarrollo local con sus actividades (DASE, 2025). Están localizados en distintas partes de la ciudad, y el de Bastión Popular está dentro de las instalaciones de ZUMAR.