Editorial

Características actuales de la práctica social de publicar ciencia

Néstor Daniel Roselli

CONICET/UCA

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Roselli, N. D. (2025). Características actuales de la práctica social de publicar ciencia [Editorial]. Revista Colombiana de Ciencias Sociales, 16(2), 418-421. https://doi.org/10.21501/22161201.5037

La publicidad del conocimiento es una exigencia científica. Implica someter a la crítica de la comunidad académica los productos de la investigación, accediendo a una suerte de validación social de los mismos. No basta con la certeza y convicción subjetiva del investigador; se necesita un cierto consenso y reconocimiento social del valor del conocimiento producido. Sin embargo, este requisito es fruto de una evolución histórica que tuvo diferentes etapas.

La invención de la imprenta, en la mitad del siglo XV, marcó sin duda un hito fundamental en la distribución del conocimiento tenido como verdadero (no podemos hablar de conocimiento científico en el sentido actual). El aumento exponencial en la extensión del conocimiento abrió las puertas a la modernidad, iniciada en los siglos XVI y XVII. La modernidad inicia un proceso de secularización del conocimiento, lo que implica recurrir a un criterio inmanente de verdad basado en la racionalidad y en los datos empíricos, y no en fuentes externas al propio ser humano (revelación divina, por ejemplo). Esto implicó considerar al método científico como único criterio válido de legitimación del conocimiento. Por supuesto que esto no tuvo una versión unívoca; la clásica disputa entre racionalismo (Descartes) y empirismo (Locke) del siglo XVII lo testimonia, pero lo cierto es que se busca una inteligibilidad inmanente del orden natural. La confianza en esta racionalidad inmanente no solo sentó las bases del progreso material, sino que también abrió las puertas al pensamiento libre y crítico, sobre todo en lo referido al cuestionamiento del orden social establecido.

Con la modernidad se asiste al surgimiento de las distintas disciplinas científicas, que cada vez más ganan en autonomía, aún a costa de una fragmentación del conocimiento y de la propia realidad. Las nuevas epistemes disciplinares van acompañadas de formas de producción y comunicación de conocimiento cada vez más autónomas y que implican desarrollos crecientes.

Sin embargo, a pesar del optimismo generado por el método científico y el desarrollo de las ciencias particulares, en la segunda mitad del siglo XX se asiste a una suerte de agotamiento del modelo lineal y continuo del progreso del conocimiento y de la idea misma de progreso. En este agotamiento influye mucho el movimiento positivista de la segunda mitad del siglo XIX, que monopolizó el pensamiento filosófico y científico hasta la tercera década del siglo XX. En lo relacionado a las ciencias sociales, el positivismo impulsó la autonomía epistemológica de la psicología, la sociología, la economía y demás disciplinas sociales, rompiendo el cordón umbilical con la filosofía, siempre siguiendo el modelo metodológico de las ciencias físico-naturales. Paralelamente, se asiste a una suerte de reacción fenomenológica que reivindica la particularidad de las ciencias humanas frente a las ciencias “duras”, diferenciando la comprensión fenomenológica de la explicación naturalista.

A partir de la segunda mitad del siglo XX se hace cada vez más presente el clamor por la transversalidad y la interdisciplinariedad del conocimiento, incluso proveniente del campo físico-natural. No se trata solo de una reivindicación de la interdisciplinariedad, sino de un fenómeno más complejo que implica nuevos paradigmas epistemológicos, como el de la complejidad, la idea de caos, azar e indeterminación y la noción de sistemas emergentes, desarrollados por Morin, Prigogine y Maturana.

Hablando ya de la actualidad, o sea de la situación presente en torno a la práctica social de la producción y publicidad del conocimiento académico-científico (porque no hay que olvidar que se trata ante todo de una práctica social), podemos señalar algunas características propias.

En primer lugar, además de la interdisciplinariedad ya aludida, que convoca a colaboraciones de distintas especialidades, hay que destacar el trabajo en equipo o colectivo en la producción del conocimiento, lo que abre las puertas a las autorías compartidas, especialmente en los artículos de las revistas, donde la autoría puede ser de más de dos autores. Esto contrasta con las autorías del siglo XIX y primera mitad del XX, que eran unipersonales y de preferencia en formato libro.

La coautoría va de la mano con una fuerte democratización de la producción, en la que convergen investigadores veteranos, y jóvenes académicos y doctorandos, según la cual publicar es una exigencia para su desarrollo profesional. Esta democratización no solo se constata en la producción del conocimiento, sino también en el consumo del mismo por parte del público en general; la difusión y comunicación del conocimiento científico en la sociedad pasó a ser un aspecto sociológico importante.

La globalización del conocimiento, gracias a los desarrollos tecnológicos, permite superar barreras geográficas, culturales y lingüísticas. Las improntas transnacionales ganan terreno frente a las meramente nacionales, creando marcos ampliados de intercambio y colaboración. Por ejemplo, las revistas latinoamericanas e hispanoparlantes de ciencias sociales, en general, registran colaboraciones de distintos países; incluso varias son bilingües total o parcialmente.

La proliferación de revistas y otros canales de difusión ha conducido a una fuerte institucionalización de la producción científica, creando normas de aplicación universal, por ejemplo, las normas de la American Psychological Association (APA por sus siglas en inglés). Esta estricta regulación de la producción científica lleva, en muchos casos, a hacer prevalecer los criterios formales por sobre el contenido. La evaluación externa y anónima de los productos (doble ciego) es una de las exigencias institucionales de mayor alcance.

El incremento cuantitativo de la producción científica ha creado un verdadero marketing en torno a la misma, dando lugar al surgimiento de bases de datos, empresas de gestión colectiva de revistas, órganos de indización, redes de intercambio e información sobre la producción científica, plataformas de acceso y gestión de manuscritos, programas de detección de plagio, entre otros. Es tal el acopio de la información bibliográfica existente que la revisión del estado del arte en un determinado tema ha pasado a ser un tipo de investigación en sí misma. Muchas veces la necesidad de acreditar referencias exhaustivas y actualizadas llevan al investigador a realizar lecturas simplistas y superficiales de la producción preexistente.

Finalmente, no se puede soslayar el importante papel que han jugado y juegan los desarrollos tecnológicos de la comunicación, en especial de los medios virtuales. El libro en papel de autor único fue desplazado por el libro, y sobre todo por la revista, de autoría compartida y de formato digital. Las actas de congreso y las tesis de doctorado en formato digital también pasaron a formar parte del caudal disponible de producción científica. Los desarrollos actuales en inteligencia artificial están abriendo un campo insospechado de aplicaciones para la producción y comunicación científica.

En síntesis, las características más sobresalientes de la práctica social actual de la producción y difusión del conocimiento científico, sobre todo en relación con las ciencias sociales, conciernen a la interdisciplinariedad en la producción y en los enfoques teóricos, que permiten superar los estrechos límites disciplinares. Además, la producción convoca a equipos más que a personas individuales, por lo que las autorías compartidas de las publicaciones son una constante. Esta suerte de práctica colectiva suele adoptar formas democráticas, reuniendo a autores de diferentes trayectorias, incluidos jóvenes investigadores. La globalización del conocimiento, más allá de límites geográficos, culturales y lingüísticos, es otra característica prevaleciente relacionada con una fuerte impronta institucionalizadora, que se manifiesta en una alta normatización del proceso productivo y de la difusión del conocimiento. El alto nivel de oferta de conocimientos a escala global ha ido creando un sistema paracientífico de gestión empresarial de toda esta oferta, sobre todo a través de bases de datos y de canales de acceso a esta información. En la base de todas estas transformaciones está el impacto de las tecnologías digitales en pleno desarrollo.

Como toda práctica social, la producción y difusión del conocimiento científico es un hecho histórico, lo que significa que está en constante evolución. Esta editorial responde a un intento de exponer ciertas características actuales prevalecientes que, por cierto, no son las únicas y que cambiarán en el transcurso del tiempo.

Nota de autor

Néstor Daniel Roselli

Ph.D. en Psicología. Universidad Católica Argentina / CONICET (Buenos Aires, Argentina). https://scholar.google.com/citations?user=BRyaN5IAAAAJ&hl=en; ORCID: https://orcid.org/0000-0002-7313-4566; Contacto: nestorroselli@uca.edu.ar