Ciberpereza: un mapeo de la literatura reciente
Cyberloafing: A mapping of recent literature
Sergio Morales, Oswaldo Morales
Universidad Nacional Mayor de San Marcos
Universidad ESAN
Recibido: 25 de abril de 2024–Aceptado: 31 de julio de 2024–Publicado: 15 de enero de 2026
Forma de citar este artículo en APA:
Morales, S., & Morales, O. (2026). Ciberpereza: un mapeo de la literatura reciente. Revista Colombiana de Ciencias Sociales, 17(1), 162-191. https://doi.org/10.21501/22161201.4953
Resumen
A inicio de siglo, la ciberpereza se definió como el uso personal de Internet en horario laboral. Durante dos décadas, diversas investigaciones analizaron sus causas y efectos. No obstante, en los últimos años, su estudio aumentó notablemente. Con el objetivo de comprender su desarrollo, este artículo mapea la literatura (62 artículos) publicada en los últimos tres años y medio (2021-2024). El principal hallazgo es la existencia de siete ejes temáticos: (1) definición y conceptualización, (2) factores y antecedentes, (3) efectos y consecuencias, (4) teorías, métodos y técnicas, (5) campos de estudio, (6) hallazgos, limitaciones y recomendaciones e (7) implicancias teóricas y prácticas. A diferencia de revisiones previas, esta profundiza en tópicos poco atendidos y destaca la importancia de estudiar uno de los fenómenos organizacionales más difíciles de los últimos años.
Palabras clave
Internet; Estrés laboral; Trabajo; Organización; Psicología ocupacional; TIC; Teléfono móvil.
Abstract
At the beginning of the century, cyberloafing was defined as the personal use of the Internet during work hours. For two decades, various research analyzed its causes and effects. Nevertheless, in recent years, its study has increased significantly. In order to understand its development, this paper maps the literature (57 papers) published in the last 3 and a half years (2021-2024). The main finding is the existence of 7 thematic axes: 1) definition and conceptualization, 2) factors and antecedents, 3) effects and consequences, 4) theories, methods and techniques, 5) fields of study, 6) findings, limitations and recommendations, and 7) theoretical and practical implications. Unlike previous reviews, this one delves into underserved topics and highlights the importance of studying one of the most difficult organizational phenomena in recent years.
Keywords
Internet; Work stress; Work; Organization; Occupational psychology; ICT; Mobile phone.
Introducción
La Internet es clave para el funcionamiento de toda organización. Aunque los resultados de su empleo han sido mayormente positivos, algunos son negativos. Quizá el más icónico es la ciberpereza (cyberloafing). A inicios de siglo, la ciberpereza se definió como el uso personal de Internet en horario laboral. En una época donde la Internet no se expandía, dicho fenómeno era marginal. No obstante, con la masificación de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), ella se volvió indispensable en empresas, escuelas y universidades, convirtiéndose en una “espada de doble filo” (Sarfraz et al., 2024).
Por dos décadas, diversos estudios han analizado la ciberpereza, identificándola como una tendencia en expansión. Dicha literatura no solo explora su conceptualización, sino también sus causas y efectos. Pese a ser un evento nuevo, especialmente tras la crisis sanitaria por la COVID-19, mucha literatura científica explora sus vínculos con múltiples factores psicológicos y organizacionales desde marcos teóricos y métodos diversos. Tal pluralidad se sintetiza en algunas revisiones publicadas actualmente.
Muchos estudios demuestran que la ciberpereza es un fenómeno vinculado a diversos factores y capaz de generar distintos resultados según su campo de ocurrencia. En una época donde se incrementa la presencia de la Internet, el empleo de smartphones y la inteligencia artificial, la ciberpereza requiere mayor atención. Una búsqueda simple en Mendeley arroja que el estudio de la ciberpereza ha aumentado notablemente luego del 2020, año en el que inició la pandemia. Dado que los últimos trabajos y revisiones citan literatura de años previos, es importante actualizar el estado del arte.
Método
El presente artículo mapea la literatura sobre ciberpereza de los últimos tres años (2021-2024) e identifica siete ejes temáticos: (1) definición y conceptualización, (2) factores y antecedentes, (3) efectos y consecuencias, (4) teorías, métodos y técnicas, (5) campos de estudio, (6) hallazgos, limitaciones y recomendaciones e (7) implicancias teóricas y prácticas. La búsqueda se hizo en Mendeley con el término cyberloafing y se seleccionó un total de 62 estudios (algunos previos al 2021 que no son contabilizados se incluyeron para una mejor contextualización). Asimismo, se prefirió aquellos publicados en revistas de alto impacto. Aunque este documento no conforma una revisión sistemática, sí profundiza en temas poco atendidos por investigaciones anteriores.
Ciberpereza
Definición y conceptualización
En los años noventa, Kamins (1995) acuñó el término cyberloafing para referir al uso personal de Internet en horario laboral. No obstante, fue Lim (2002) quien elaboró su primera definición: “el acto de los trabajadores que usan el acceso a Internet de sus empresas para fines personales durante horas de trabajo” (p. 675). Tomando una medida de dos factores (navegación y envío de correos), Lim (2002) planteó que la ciberpereza se genera y legitima cuando los trabajadores perciben un trato injusto. Desde tal definición, Blau et al. (2004) emplearon una medida de tres factores (navegación, envío de correos e interacción) y concluyeron que los trabajadores que percibían un trato injusto cometían mayor ciberpereza.
La definición de Lim (2002) es la más citada en estudios recientes (Alyahya & Alqahtani, 2022; Chavan et al., 2022; Çolak & Çetin, 2021; Fahad & Kistyanto, 2021; Giordano & Mercado, 2023; Güngör & Ustabulut, 2024; Hu et al., 2023; Kamila & Muafi, 2023; Korzynski & Protsiuk, 2024; Liang et al., 2022; Lu et al., 2024; Metin-Orta & DemirtepeSaygılı, 2023; Metin-Orta & Demirutku, 2022; Nweke et al., 2024; Ohana et al., 2024; Peng et al., 2023; Reizer et al., 2022; Sarfraz et al., 2024; Sijabat, 2021; Song et al., 2021; Toker & Baturay, 2021; Tsai, 2023; Usman et al., 2021; Wu et al., 2021b; Zhang et al., 2022; Zhong et al., 2022; Zhu & Zhao, 2024).
Otra definición importante es la de Blanchard y Henle (2008): “ciberpereza es el uso personal del correo electrónico e Internet en el trabajo” (p. 1067). Ella también se cita en estudios recientes (Kamila & Muafi, 2023; Metin-Orta & DemirtepeSaygılı, 2023; Metin-Orta & Demirutku, 2022; Reizer et al., 2022; Toker & Baturay, 2021; Zhou et al., 2022). Conforme avanzó la investigación, la ciberpereza fue conocida por otros nombres: cyberslacking, online loafing, cyberbludging, non-work-related computing, personal web usage at work, internet abuse o internet addiction (Alyahya & Alqahtani, 2022; Kim & Byrne, 2011; Ozler & Polat, 2012; Tandon et al., 2022).
La ciberpereza es un fenómeno complejo y multifacético (Andel et al., 2019; Blanchard & Henle, 2008). Ello explica por qué la teoría muestra resultados conflictivos. En principio, fue tratada como una conducta laboral desviada (Lim, 2002). Aunque luego se demostró que tal adjetivo era inadecuado, sigue siendo considerada de forma negativa por sus efectos nocivos (Aqagoli et al., 2024; Korzynski & Protsiuk, 2024; Mazidi et al., 2020; Zappalà et al., 2022). Se trata de un fenómeno considerado “el método más común para que los empleados pierdan sus horas de trabajo” (Çolak & Çetin, 2021, p. 18).
Un punto central se vincula a los actos de ciberpereza y las tipologías. Por un lado, los actos no solo refieren a navegar, enviar correos o interactuar vía redes o mensajería, sino también a chatear, leer noticias, apostar, comprar, ingresar a páginas para adultos, unirse a foros, buscar trabajo, descargar música, bloguear, compartir contenidos multimedia o ver videos (Chavan et al., 2022; Mazidi et al., 2020; Metin-Orta & Demirutku, 2022; Sao et al., 2020). Dado que la ciberpereza alude a actos diversos, la literatura muestra cierta confusión (Kim & Byrne, 2011).
Por otro lado, para organizar tal variedad se han elaborado algunas tipologías. La más conocida es la de Blanchard y Henle (2008), quienes postularon que la ciberpereza se expresa en dos formas: menor (enviar y recibir correos) y seria (apostar, descargar música o visitar páginas para adultos). Tal calificación depende del acto analizado, pues no todos se consideran impropios. De hecho, algunas formas de ciberpereza menor reducen el estrés, equilibran los ámbitos laboral y familiar o estimulan la generación de ideas nuevas (Blanchard & Henle, 2008).
Establecer dimensiones también aporta a su conceptualización. Para algunos, la ciberpereza se compone de cuatro tipos de acciones: sociales (compartir información), informacionales (buscar información), de ocio (jugar o descargar música) y emocionales (comprar en línea); y cuatro conductas: de desarrollo, recuperación, desvío y adicción (Van Doorn, 2011). Esta forma de analizarla se emplea en algunos estudios (Krishna & Agrawal, 2023). Por todo ello, la ciberpereza se considera un fenómeno multidimensional (Krishna & Agrawal, 2023; Van Doorn, 2011; Zhong et al., 2022).
Factores y antecedentes
La literatura brinda varios modos de ordenar los factores y antecedentes de la ciberpereza: individuales, interpersonales y ambientales (Lim & Teo, 2024a); personales, individuales, demográficos, laborales y situacionales (Zhang et al., 2022); o individuales y organizacionales (Liang et al., 2022). Entre los primeros, hallamos factores psicológicos relativos al individuo, como compromiso y autocontrol (Mercado et al., 2017) o salud mental (Demirtepe-Saygılı & Metin-Orta, 2020), entre otros (Mazidi et al., 2020; Sheikh et al., 2019).
En los últimos años, diversos estudios han explorado cómo múltiples rasgos de personalidad influencian la ciberpereza (Çolak & Çetin, 2021; Giordano & Mercado, 2023; Koay & Poon, 2023; Lim & Teo, 2024a; Margaretha et al., 2022; Ötken et al., 2023; Toker & Baturay, 2021; Zhang et al., 2022). Asimismo, han analizado cómo impacta en la emoción, actitud y conducta de los trabajadores (Korzynski & Protsiuk, 2024; Rahaei & Salehzadeh, 2020; Sao et al., 2020; Zhong et al., 2022), así como en su salud mental (Liu & Zhang, 2023). Un elemento clave son los mecanismos cognitivos que minimizan, justifican o normalizan dicho acto (Batabyal & Bhal, 2020; Lim & Teo, 2005).
También se han explorado variables demográficas como género, edad, educación o estatus socioeconómico (Lim & Teo, 2024a; Zhang et al., 2022). De ellas, el género es la más referida; algunos trabajos la incluyen como variable y otros tratan la ciberpereza desde un enfoque de género (Lim & Teo, 2024a). Por ejemplo, en un principio, Lim y Chen (2009) y Durak (2020) hallaron que los hombres cometen mayor ciberpereza que las mujeres. Dicho hallazgo se confirma en estudios recientes (Alyahya & Alqahtani, 2022; Metin-Orta & DemirtepeSaygılı, 2023; Toker & Baturay, 2021).
Lo anterior puede deberse a que los hombres sufren mayor estrés (Sijabat, 2021), a que la mayoría de estudios utilizan muestras de varones (Tandon et al., 2022) o a otros factores (Lim & Teo, 2024a; Metin-Orta & Demirutku, 2022; Sijabat, 2021; Tandon et al., 2022; Toker & Baturay, 2021). La edad también es importante; los jóvenes cometen mayor ciberpereza por tener más conocimiento en el empleo de Internet (Lim & Teo, 2024a). Ello explica por qué los millennials tienen una mirada más positiva al respecto (Chavan et al., 2022; Nurhidayah & Wahyanti, 2021). En cuanto al estatus, los trabajadores de mayores ingresos cometen más ciberpereza (Şimşek & Şimşek, 2019).
El nivel educativo también influye. Lim y Teo (2005) señalaron que la Internet muestra un “lado oscuro” por ser un antecedente de ciberpereza (Aghaz & Sheikh, 2016; Huma et al., 2017). Actualmente, muchos estudios destacan que el empleo de redes sociales y smartphones caracteriza la ciberpereza (Chavan et al., 2022; Fu et al., 2021; Gökçearslan et al., 2023; Metin-Orta & DemirtepeSaygılı, 2023; Metin-Orta & Demirutku, 2022; Mihelič et al., 2023; Nurhidayah & Wahyanti, 2021; Ozdamli & Ercag, 2021; Reizer et al., 2022; Sao et al., 2020; Song et al., 2021; Syed et al., 2020).
En dicho contexto de dependencia tecnológica la habilidad en el uso de Internet es clave para el aumento de la ciberpereza. Tal habilidad comprende diversas formas, desde informacionales hasta operativas o interactivas (Van Deursen et al., 2012). Investigaciones anteriores evidencian que quienes poseen mayor conocimiento en el uso de Internet cometen más ciberpereza (Sawitri, 2012). En la actualidad, tanto el nivel educativo (Toker & Baturay, 2021) como las habilidades para utilizar Internet (Sarfraz et al., 2024) muestran un impacto considerable en dicho fenómeno.
Por otro lado, varios factores organizacionales moldean la ciberpereza: la cultura corporativa (Zoghbi Manrique de Lara & Viera Armas, 2017), el arraigo laboral (Mazidi et al., 2020), un entorno positivo (Hensel & Kacprzak, 2021), el compromiso (Fahad & Kistyanto, 2021), la significatividad laboral (Usman et al., 2021), la supervisión (Liang et al., 2022; Lim et al., 2021), la incivilidad comunicativa (Zhou et al., 2022), el ostracismo (Hu et al., 2023), la sobrecalificación (Khan et al., 2023), el conflicto (Giordano & Mercado, 2023), el liderazgo (Peng et al., 2023; Zhang et al., 2022; Zhu & Zhao, 2024), la sobrecarga laboral (Korzynski & Protsiuk, 2024), el agotamiento emocional (Lu et al., 2024) o la responsabilidad social (Ohana et al., 2024).
Además, se ha destacado que ciertos rasgos culturales impactan en la ciberpereza (Ugrin et al., 2018). En determinados contextos, observar a otras personas realizando dicha conducta influencia nuestra percepción de las normas, lo cual puede mediar el vínculo entre observar la ciberpereza y cometerla (Song et al., 2021). En aquel contexto algunos estudios recientes sugieren que las normas sociales en el trabajo, asociadas a la cultura, pueden aumentar la ciberpereza en lugar de reducirla (Lim & Teo, 2024a).
Sumado a lo anterior, varios estudios recientes comprueban que la ciberpereza se vincula a múltiples variables (Alyahya & Alqahtani, 2022; Aqagoli et al., 2024; Chavan et al., 2022; Çolak & Çetin, 2021; Fu et al., 2021; Giordano & Mercado, 2023; Khan et al., 2023; Batabyal & Bhal, 2023; Lim & Teo, 2024a; Metin-Orta & DemirtepeSaygılı, 2023; Mercado et al., 2017; Metin-Orta & Demirutku, 2022; Sijabat, 2021; Toker & Baturay, 2021; Tsai, 2023; Weissenfeld et al., 2019).
Por todo lo visto, estudios pioneros afirmaron que la ciberpereza era difícil de gestionar (Blanchard & Henle, 2008; Zoghbi Manrique de Lara et al., 2006). Si bien la literatura expone diversas medidas y mecanismos (Huma et al., 2017; Khansa et al., 2018), como formas de castigo (Hensel & Kacprzak, 2021), reglas de monitoreo en el uso de computadoras (Jiang et al., 2020) o políticas sobre el uso de Internet (Lim & Teo, 2024a), cierto consenso indica que la ciberpereza no debe eliminarse, sino controlarse, pues algunos de sus efectos son positivos.
Efectos y consecuencias
La ciberpereza genera efectos negativos, pero también positivos (Alyahya & Alqahtani, 2022; Korzynski & Protsiuk, 2024; Lim et al., 2021; Metin-Orta & DemirtepeSaygılı, 2023; Sijabat, 2021; Song et al., 2021; Syed et al., 2020; Şimşek & Şimşek, 2019; Tandon et al., 2022; Zhong et al., 2022). Dado que puede propiciar la recuperación de recursos en los trabajadores, se ha dicho que es una “bendición mixta” (Zhong et al., 2022) o acto “dualista” (Lim & Teo, 2024a) que posee “naturaleza dual” (Spector, 2024).
Los efectos negativos son de tipo individual y organizacional. En principio, Lim y Teo (2005) señalaron que la ciberpereza altera el equilibrio vida-trabajo. Otros estudios destacaron que afecta el desempeño laboral (Kamila & Muafi, 2023) y favorece la adicción a la Internet (Sarfraz et al., 2024). Además, hay efectos organizacionales. Los primeros estudios mostraron que su principal consecuencia negativa es el daño a la productividad (Blanchard & Henle, 2008; Lim & Teo, 2005; Zoghbi Manrique de Lara et al., 2006).
En tanto que afecta a toda la organización, resolver la ciberpereza implica atender factores organizacionales (Ozler & Polat, 2012; Zoghbi Manrique de Lara, 2012). Por ello, dicho fenómeno se ha considerado una “amenaza significativa para el desempeño organizacional” (Sheikh et al., 2015, p. 173), un “problema serio para una organización” (Huma et al., 2017, p. 98), un “fenómeno epidémico” (Baskaran et al., 2019, p. 297) o un “grave problema que hoy frena el desarrollo de las organizaciones” (Pariyanti et al., 2022, p. 2022). Su impacto organizacional lo confirman investigaciones recientes (Chavan et al., 2022; Mazidi et al., 2020; Sao et al., 2020).
La ciberpereza también es un problema global (Aqagoli et al., 2024). La expansión de Internet y las TIC destacan la necesidad de explorar su prevalencia, origen y efectos. Tal situación se agrava en contextos de crisis sanitaria. Por el empleo masivo de formatos de educación virtual, la ciberpereza aumentó considerablemente durante la pandemia por COVID-19 (Çolak & Çetin, 2021; Doğru & Kabasakal, 2023; Gökçearslan et al., 2023; Güngör & Ustabulut, 2024; Koay & Poon, 2023; Lu et al., 2024; Reizer et al., 2022; Zhong et al., 2022).
Por otro lado, la ciberpereza muestra efectos positivos, conformando una solución a entornos estresantes (Lim & Chen, 2009). Por ello dicho fenómeno también se valora como un “antídoto” (Aghaz & Sheikh, 2016). Quizá el efecto positivo mejor estudiado indica que la ciberpereza alivia el estrés laboral (Andel et al., 2019). Puesto que los trabajadores cometen ciberpereza para recuperarse del cansancio emocional y físico, eliminarla totalmente quitaría su potencial. Por tal motivo, algunos recomiendan que sea permitida a niveles mínimos (Messarra et al., 2011).
Según la literatura reciente, la ciberpereza facilita recuperarnos del cansancio, aprender nuevas habilidades, recobrar la atención, generar nuevas ideas, sentir entusiasmo o ser productivo (Sao et al., 2020), así como promover la conducta innovadora (Rahman et al., 2022), mejorar el bienestar psicológico (Krishna & Agrawal, 2023; Liu & Zhang, 2023) y aumentar la creatividad y proactividad (Tsai, 2023). Todo ello impacta en el bienestar de la organización (Metin-Orta & DemirtepeSaygılı, 2023). Tal como es un gran problema, también es una herramienta que los líderes deben saber gestionar.
Entre ciberpereza y estrés laboral hay un vínculo fundamental. El estrés es la reacción física y psicológica negativa que presenta el trabajador en entornos laborales adversos. Los primeros estudios destacaron que el estrés incrementaba la probabilidad de ciberpereza (Mahatanankoon et al., 2004; Mastrangelo et al., 2006; Zoghbi Manrique de Lara et al., 2006). Posteriormente, otros estudios hallaron que se relacionaba positivamente con ciertas formas de ciberpereza (Ghani et al., 2018; Güğerçin, 2019; Koay et al., 2017), volviéndose un determinante clave (Aghaz & Sheikh, 2016).
Se sabe que, navegando por Internet, las personas eliminan el estrés (Leung, 2015) o el aburrimiento (Pindek et al., 2018). En ello, la ciberpereza no es la excepción. Trabajos recientes muestran que en muchos ámbitos los trabajadores emplean la Internet en horario laboral para aliviar el aburrimiento o el estrés (Aladwan et al., 2021; Chavan et al., 2022; Kamila & Muafi, 2023; Lu et al., 2024; Nweke et al., 2024; Nurhidayah & Wahyanti, 2021; Reizer et al., 2022; Sijabat, 2021; Suari & Rahyuda, 2022). Por tal motivo, no es errado suponer que, a mayor estrés, mayor ciberpereza.
Lo anterior explica por qué el estrés se considera un predictor de ciberpereza (Chen et al., 2021), así como un factor mediador (Reizer et al., 2022). En esa línea, otros han destacado que el ejercicio de cierta filosofía o espiritualidad puede afrontar el estrés y evitar la ciberpereza (Liu & Zhang, 2023; Pariyanti et al., 2022). Pese a ello, el vínculo entre ciberpereza y estrés no es consistente (Pariyanti et al., 2022), ya que el impacto de los estresores depende de su propia naturaleza (Zhou et al., 2023).
Teorías, métodos y técnicas
Con respecto a las teorías que enmarcan los estudios sobre ciberpereza cabe destacar una gran variedad: teoría de la conducta interpersonal (Huma et al., 2017), teoría cognitiva social (Zhang et al., 2019), teoría de los eventos afectivos (Jiang et al., 2020), teoría de la reactancia (Mazidi et al., 2020), teoría de la disuasión (Hensel & Kacprzak, 2021; Song et al., 2021), teoría de la conservación de recursos (Liu & Zhang, 2023; Lu et al., 2024; Tsai, 2023; Zhu & Zhao, 2024), entre otras (J-Ho et al., 2017; Lim & Teo, 2024a; Metin-Orta & DemirtepeSaygılı, 2023; Tandon et al., 2022; Weissenfeld et al., 2019).
En relación con los métodos, uno de los primeros fue el uso de escalas. A las de Lim (2002) y Lim y Teo (2005) se añadió la de Mahatanankoon et al. (2004), basada en tres factores (negocios personales, socialización y búsqueda de información personal) y la de Mastrangelo et al. (2006), sustentada en dos factores (actividades no productivas que no son destructivas para la organización y actividades contraproductivas que impiden cumplir metas en la organización). Al respecto, la escala de Blanchard y Henle (2008) es muy citada (Coşkun & Gökçearslan, 2019).
Si de enfoques hablamos, la mayoría de estudios son cuantitativos bivariados, siendo pocos los que usan modelos multivariados (Giordano & Mercado, 2023). Por otro lado, aunque son minoría, también hay estudios cualitativos que realizan análisis de contenido (Coşkun & Gökçearslan, 2019; Piotrowski, 2012), exploran percepciones (Aqagoli et al., 2024; Chavan et al., 2022; Varol & Yıldırım, 2019) o utilizan métodos descriptivos (Nurhidayah & Wahyanti, 2021).
En cuanto a los diseños de investigación, la mayoría son transversales y no-experimentales, pero también hay algunos estudios longitudinales (Durak, 2020), experimentales de campo (Jiang et al., 2020), cuasiexperimentales (Hensel & Kacprzak, 2021) y comparativos (Turan et al., 2021). Otros diseños observan que la ciberpereza media el vínculo entre carga laboral y compromiso (Aladwan et al., 2021) o que modera negativamente la relación entre agresión y conducta de abstinencia durante la pandemia (Khawaja et al., 2022).
Con respecto a las técnicas, la más empleada es la encuesta (Alyahya & Alqahtani, 2022; Tandon et al., 2022). Aunque dicha herramienta generó la mayor producción científica, muchas encuestas son autorreportes calificados de ser poco precisos (Hensel & Kacprzak, 2021). A modo de síntesis, se observa que, aunque hay una gran variedad de marcos teóricos, la cuestión metodológica es limitada y la cuestión técnica se reduce a prácticamente una sola herramienta.
Por otro lado, se reportan estudios teóricos. Aunque algunos estudios empíricos mapean la teoría (Chavan et al., 2022; Lu et al., 2024; Metin-Orta & DemirtepeSaygılı, 2023; Ozler & Polat, 2012; Song et al., 2021; Toker & Baturay, 2021), el primer esfuerzo sistemático fue hecho por Mercado et al. (2017), quienes realizaron un metaanálisis y hallaron que el aburrimiento, el compromiso y el autocontrol mostraban fuertes vínculos con la ciberpereza, a diferencia de otras variables demográficas como sexo o edad.
Posteriormente, se emprendieron revisiones sistemáticas sobre los factores de la ciberpereza (Weissenfeld et al., 2019) o su impacto en el desempeño (Syed et al., 2020). Actualmente, en una primera revisión general, Wu et al. (2021b) analizaron 116 trabajos (publicados entre 1997 y el 2019) para ilustrar el progreso científico del campo e identificar los principales estudios, corrientes, instituciones y autores. Para ello, se emplearon técnicas bibliométricas que establecieron que el estudio de la ciberpereza se encuentra en etapa floreciente, luego de pasar por las etapas emergente y exploratoria.
Por su lado, Tandon et al. (2022) revisaron 87 estudios e identificaron cuatro áreas: conceptualización (términos y definiciones), operacionalización (uso de escalas y dimensiones), antecedentes y stakeholders (rasgos organizacionales e impacto del trabajador, colegas y supervisor), y consecuencias (negativas o positivas). Desde un enfoque comprensivo, Tandon et al. (2022) desarrollaron un marco que guía futuras investigaciones al señalar los vacíos de dichas áreas y destacar sus implicancias teóricas y prácticas sobre cómo las organizaciones pueden manejar sus efectos adversos.
Poco después, Lim y Teo (2024a) revisaron 203 estudios y propusieron un modelo que integra la literatura. Afirmando que el trabajo de Tandon et al. (2022) consideró una cantidad pequeña de estudios, Lim y Teo (2024a) profundizaron en los antecedentes y consecuencias positivas y negativas de la ciberpereza (en campos como educación y teletrabajo), en las políticas sobre el uso de Internet, así como en sus brechas teóricas y rutas futuras de investigación. A la fecha, es la revisión más completa sobre el tema que ya ha generado algunos debates (Henle, 2024; Lim & Teo, 2024b; Spector, 2024; Zoghbi Manrique de Lara, 2024).
Campos de estudio
Un aspecto no muy profundizado en las revisiones es el estudio de la ciberpereza en diversos campos o grupos laborales (Aghaz & Sheikh, 2016). Ello también incluye el análisis sobre las diferencias de ciberpereza entre los sectores privado y público (Fahad & Kistyanto, 2021; Huma et al., 2017; Mazidi et al., 2020), en países en desarrollo (Mazidi et al., 2020) o en el teletrabajo (Lim & Teo, 2024a). En la actualidad, diversos factores presentes en múltiples organizaciones hacen que la ciberpereza muestre efectos distintos (Metin-Orta & Demirutku, 2022).
De tales ámbitos el educativo es el más investigado. Sobre educación básica, algunos estudios en escuelas secundarias confirman que los hombres, los de grados mayores, y quienes tienen mayor experiencia y habilidades de Internet cometen más ciberpereza (Toker & Baturay, 2021). El género y la experiencia son variables clave, tanto como el acceso no autorizado a redes escolares, la utilización continua de redes sociales o la adicción a los smartphones (Güngör & Ustabulut, 2024; Mihelič et al., 2023; Saritepeci, 2020). No obstante, de todos los campos el más explorado es la educación superior.
En dichos ámbitos los estudios son metodológicamente diversos. Algunos de estos hechos en universidades públicas y privadas hallaron que la ciberpereza afecta su efectividad sobre el uso de Internet (Zoghbi Manrique de Lara, 2012) y que sus formas más habituales son compartir información (Koay, 2018) o revisar correos, buscar información sobre cursos, leer noticias o blogs (Varol & Yıldırım, 2019). Asimismo, entre sus motivos figuran la carencia de métodos pedagógicos innovadores, habilidades comunicativas y contenidos interesantes (Varol & Yıldırım, 2019).
Recientemente los trabajos sobre ciberpereza en dicho campo han aumentado. Algunos de ellos hallaron vínculos entre la ciberpereza y la creatividad (Akar & Coskun, 2020), síntomas psicológicos (Demirtepe-Saygılı & Metin-Orta, 2020), experiencia y tiempo en el uso de TIC, tiempo y frecuencia de actividades en línea, autoeficacia académica, motivación y absorción cognitiva (Durak, 2020), arraigo y satisfacción laboral (Mazidi et al., 2020) y entitlement psicológico (Rahaei & Salehzadeh, 2020).
Otros estudios realizados en universidades de Turquía, China o Pakistán evidenciaron vínculos entre ciberpereza y estrés (Chen et al., 2021; Reizer et al., 2022; Suari & Rahyuda, 2022), empleo de smartphones (Ozdamli & Ercag, 2021), adicción a las redes sociales (Turan et al., 2021), significatividad laboral (Usman et al., 2021), desapego, relajación psicológica y desempeño académico (Wu et al., 2021a), orientación de valor de estimulación-hedonística (Metin-Orta & Demirutku, 2022), espiritualidad (Pariyanti et al., 2022) y procrastinación (Margaretha et al., 2022).
Investigaciones más recientes encontraron vínculos entre ciberpereza e intolerancia a la incertidumbre (Reizer et al., 2022), ostracismo laboral (Hu et al., 2023), estrés académico (Doğru & Kabasakal, 2023; Nweke et al., 2024; Simatupang & Margaretha, 2023; Zakharia & Widoatmodjo, 2024), extraversión, escrupulosidad, neuroticismo y apatía (Koay & Poon, 2023), bienestar psicológico y aprendizaje de redes sociales (Krishna & Agrawal, 2023), género y afecto (Metin-Orta & DemirtepeSaygılı, 2023), desconexión moral, normas subjetivas, desapego psicológico y compromiso cognitivo (Mihelič et al., 2023) o compromiso académico (Zakharia & Widoatmodjo, 2024).
El avance en este campo ha sido tal, que ya hay algunas revisiones sistemáticas. Una de ellas analizó 28 estudios (2013-2018) y halló que la mayoría se publicó en la revista Computers in Human Behavior, enfatizó en variables como género o grado educativo, consideró estudiantes universitarios y profesores (mayormente con muestras entre 200 y 300 personas), empleó diseños cuantitativos y escalas —como la de Blanchard y Henle (2008)— y destacó que Turquía lidera la producción científica (Coşkun & Gökçearslan, 2019).
Una segunda revisión analizó 26 estudios (2001-2019) y encontró que la mayoría son cuantitativos, enfatizan en estudiantes y profesores, y que Turquía lidera la producción científica (Alyahya & Alqahtani, 2022). A diferencia de la anterior, esta analizó sus antecedentes, efectos, factores mediadores, brechas, límites (sesgos en muestras o por el empleo de autorreportes) y recomendaciones, así como la urgencia de actualizar la definición de ciberpereza, dada la evolución tecnológica (Alyahya & Alqahtani, 2022).
Hallazgos, limitaciones y recomendaciones
La literatura reciente presenta tres hallazgos clave: primero, la ciberpereza es un acto multifactorial porque se vincula a factores individuales, organizacionales o sociales; segundo, su estudio devela un claro progreso, ya que su producción ha aumentado en los últimos años (Lim & Teo, 2024a; Tandon et al., 2022; Wu et al., 2021b); y tercero, hay una gran cantidad de literatura, materializada en la publicación de revisiones sistemáticas, lo que confirma que la ciberpereza constituye un campo de investigación vigente.
Sobre las limitaciones, estas son diversas. Los primeros estudios destacaron la presencia de sesgos por el uso de autorreportes donde los participantes describían sus propios actos (Blanchard & Henle, 2008; Lim, 2002; Lim & Chen, 2009; Mastrangelo et al., 2006; Zoghbi Manrique de Lara et al., 2006). El envío de encuestas por Internet también sembró la duda de que solo fueran respondidas por quienes cometían ciberpereza (Lim, 2002; Lim & Teo, 2005).
Otras limitaciones fueron la dificultad de hallar causalidad por el empleo de diseños transversales (Lim, 2002; Lim & Chen, 2009), el descuido de ciertas variables y constructos (Lim, 2002; Zoghbi Manrique de Lara et al., 2006), la dificultad para generalizar por el estudio de grupos concretos (Blanchard & Henle, 2008; Sheikh et al., 2019; Varol & Yıldırım, 2019; Zoghbi Manrique de Lara et al., 2006), la poca atención a variables culturales (Aghaz & Sheikh, 2016; Lim & Teo, 2005) o la carencia de estudios sobre los motivos y mecanismos de la ciberpereza (Lim & Chen, 2009).
En los últimos años la literatura muestra tres grandes limitaciones: la dificultad de hallar causalidad por la utilización de diseños transversales, la presencia de sesgos por el empleo de autorreportes y la dificultad para generalizar por el estudio de grupos laborales y poblaciones concretas (tabla 1). La dificultad para formular teoría también se observa en el análisis de ciertas variables por sobre otras (Hensel & Kacprzak, 2021) o en el uso de determinados métodos y técnicas (Chen et al., 2021; Hensel & Kacprzak, 2021; Khan et al., 2023; Liang et al., 2022; Metin-Orta & DemirtepeSaygılı, 2023; Zhang et al., 2022; Zhou et al., 2022; Zhou et al., 2023).
Tabla 1. Principales limitaciones de la literatura sobre ciberpereza
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Dificultad para hallar causalidad por el empleo de diseños transversales |
Chen et al. (2021), Giordano y Mercado (2023), Hu et al. (2023), Korzynski y Protsiuk (2024), Krishna y Agrawal (2023), Lu et al. (2024), Metin-Orta y DemirtepeSaygılı (2023), Metin-Orta y Demirutku (2022), Nweke et al. (2024), Ohana et al. (2024), Pariyanti et al. (2022), Peng et al. (2023), Usman et al. (2021), Zhang et al. (2022), Zhong et al. (2022) y Zhou et al. (2023) |
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Presencia de sesgos por el uso de autorreportes |
Chavan et al. (2022), Fu et al. (2021), Giordano y Mercado (2023), Gökçearslan et al. (2023), Hu et al. (2023), Khan et al. (2023), Korzynski y Protsiuk (2024), Krishna y Agrawal (2023), Lu et al. (2024), Margaretha et al. (2022), Metin-Orta y Demirutku (2022), Mihelič et al. (2023), Nweke et al. (2024), Ohana et al. (2024), Reizer et al. (2022), Saritepeci (2020), Toker y Baturay (2021), Usman et al. (2021), Zhong et al. (2022) y Zhou et al. (2023) |
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Dificultad para generalizar por el estudio de grupos laborales y poblaciones concretas |
Grupos laborales: Aqagoli et al. (2024), Korzynski y Protsiuk (2024), Metin-Orta y DemirtepeSaygılı (2023), Metin-Orta y Demirutku (2022), Ötken et al. (2023), Reizer et al. (2022), Toker y Baturay (2021), Turan et al. (2021) y Zhou et al. (2022) Poblaciones: Chavan et al. (2022), Chen et al. (2021), Gökçearslan et al. (2023), Hensel y Kacprzak (2021), Hu et al. (2023), Liang et al. (2022), Pariyanti et al. (2022), Peng et al. (2023), Syed et al. (2020), Wu et al. (2021a) y Zhang et al. (2022) |
Las revisiones también presentan limitaciones, como la presencia de sesgos en la selección de literatura (Alyahya & Alqahtani, 2022; Wu et al., 2021b; Syed et al., 2020; Tandon et al., 2022) o la falta de profundización en cómo la ciberpereza puede variar entre grupos de un mismo campo laboral (Alyahya & Alqahtani, 2022). Sobre la literatura general, Lim y Teo (2024a) plantearon la necesidad de integrar los métodos y técnicas, y destacaron que las escalas deben generar resultados consistentes.
Otras limitaciones refieren a una mayor presencia de muestras masculinas, la falta de distinción entre efectos y antecedentes, la dificultad para conceptualizar la ciberpereza, el tamaño de las muestras, la transversalidad del diseño o el análisis de ciertas variables (Alyahya & Alqahtani, 2022). Otra revisión evidenció problemas en la conceptualización y operacionalización de la ciberpereza, en sus antecedentes (como rasgos de personalidad de los trabajadores, cultura organizacional o estilo de liderazgo) y efectos, así como en el empleo generalizado de diseños transversales (Tandon et al., 2022).
Por otro lado, la literatura sugiere cuatro recomendaciones principales: realizar estudios longitudinales y experimentales para hallar causalidad, emplear nuevas técnicas para complementar los autorreportes, estudiar grupos laborales y poblaciones diferentes, incluir otras variables, analizar otros constructos y teorías; y desarrollar enfoques cualitativos para obtener “una comprensión más holística de la organización” (Sheikh et al., 2019, p. 1220) (tabla 2).
Otras investigaciones también recomiendan extraer datos de otras fuentes (Syed et al., 2020; Usman et al., 2021), profundizar en las variables más relevantes (Giordano & Mercado, 2023), incluir más actos de ciberpereza (Krishna & Agrawal, 2023; Syed et al., 2020; Zhong et al., 2022) y estudiar otras generaciones (Chavan et al., 2022).
Tabla 2. Principales recomendaciones de la literatura sobre ciberpereza
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Realizar investigaciones longitudinales y experimentales |
Chen et al. (2021), Fu et al. (2021), Giordano y Mercado (2023), Hu et al. (2023), Metin-Orta y DemirtepeSaygılı (2023), Metin-Orta y Demirutku (2022), Nweke et al. (2024), Ohana et al. (2024), Pariyanti et al. (2022), Peng et al. (2023), Syed et al. (2020), Usman et al. (2021), Zhong et al. (2022), Zhou et al. (2022), Zhou et al. (2023) y Zhu y Zhao (2024) |
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Emplear nuevas técnicas |
Hu et al. (2023), Korzynski y Protsiuk (2024), Krishna y Agrawal (2023), Mihelič et al. (2023), Nweke et al. (2024) y Zhou et al. (2023) |
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Estudiar grupos laborales y poblaciones diferentes |
Grupos laborales: Pariyanti et al. (2022), Reizer et al. (2022) y Toker y Baturay (2021) Poblaciones: Aqagoli et al. (2024), Chen et al. (2021), Gökçearslan et al. (2023), Hensel y Kacprzak (2021), Hu et al. (2023), Korzynski y Protsiuk (2024), Krishna y Agrawal (2023), Liang et al. (2022), Lu et al. (2024), Mihelič et al. (2023), Peng et al. (2023), Syed et al. (2020), Wu et al. (2021a), Zhang et al. (2022) y Zhu y Zhao (2024) |
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Incluir otras variables |
Chen et al. (2021), Hu et al. (2023), Liang et al. (2022), Lim (2002), Metin-Orta y Demirutku (2022), Ohana et al. (2024), Pariyanti et al. (2022), Zakharia y Widoatmodjo (2024), Zhang et al. (2022) y Zhong et al. (2022) |
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Analizar otros constructos y teorías |
Gökçearslan et al. (2023), Şahin (2021), Usman et al. (2021), Zhang et al. (2022), Zhou et al. (2022) y Zhou et al. (2023) |
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Desarrollar enfoques cualitativos |
Korzynski y Protsiuk (2024), Mihelič et al. (2023), Ötken et al. (2023) y Rahaei y Salehzadeh (2020) |
Por su lado, las revisiones sugieren vincular la ciberpereza a otras conductas nocivas (Mercado et al., 2017), profundizar su nexo con el uso de smartphones, el desempeño estudiantil y la salud mental, utilizar medidas más directas y referir a teorías psicológicas (Wu et al., 2021b), emplear medidas más objetivas, muestras equitativas y explorar su impacto en subgrupos laborales (Alyahya & Alqahtani, 2022), considerar otros términos de búsqueda, incluir estudios publicados en otros medios y servirse de criterios de evaluación más objetivos (Tandon et al., 2022), analizar su vínculo con el bienestar y el impacto de las políticas en el uso de Internet, utilizar otros diseños, desarrollar escalas más objetivas y examinar su impacto en el teletrabajo (Lim & Teo, 2024a).
Implicancias teóricas y prácticas
La literatura sobre ciberpereza también muestra implicancias teóricas y prácticas. Los primeros estudios señalaron que su análisis tenía implicancias en la teorización y en la creación de entornos que favorezcan el empleo aceptable de Internet (Blanchard & Henle, 2008; Khansa et al., 2018; Kim & Byrne, 2011; Lim, 2002; Lim & Teo, 2005; Zoghbi Manrique de Lara et al., 2006). Con el tiempo se estableció que “los investigadores deberían tratar de comprender la conducta de ciberpereza y generar sugerencias útiles para que la gestión reduzca los efectos negativos de la ciberpereza mientras se beneficia de sus efectos positivos” (Derin & Gökçe, 2016, p. 695).
Investigaciones recientes muestran implicancias teóricas en el estudio de tópicos como estrés laboral, salud mental, liderazgo, globalización, responsabilidad social, creatividad, innovación o en el desarrollo de marcos teóricos; asimismo, tienen implicancias prácticas en la gestión del estrés laboral, el cuidado de la salud mental, el uso de smartphones, el control de la Internet, el ejercicio del liderazgo y la supervisión, la gestión de la cultura organizacional, la selección de personal, la creación de entornos positivos, la gestión de conflictos, entre otros (tabla 3).
Tabla 3. Implicancias teóricas y prácticas de la literatura sobre ciberpereza
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Implicancias teóricas |
Implicancias prácticas |
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Desarrollo de marcos teóricos: Hensel y Kacprzak (2021) y Mazidi et al. (2020) Entitlement psicológico: Rahaei y Salehzadeh (2020) Salud mental: Krishna y Agrawal (2023), Lim et al. (2021), Liu y Zhang (2023), Metin-Orta y DemirtepeSaygılı (2023), Turan et al. (2021) y Wu et al. (2021a) Autoeficacia, hábito y valor de consumo: Fu et al. (2021) Compromiso afectivo: Usman et al. (2021) Supervisión: Liang et al. (2022) Innovación: Rahman et al. (2022) Globalización: Reizer et al. (2022) y Zhong et al. (2022) Liderazgo: Peng et al. (2023), Zhang et al. (2022) y Zhu y Zhao (2024) Comunicación y emociones: Zhou et al. (2022) Ostracismo laboral: Hu et al. (2023) Sobrecalificación: Khan et al. (2023) Responsabilidad social: Ohana et al. (2024) Estrés laboral: Lu et al. (2024) y Zhou et al. (2023) Gestión del tiempo: Ötken et al. (2023) Autoeficacia tecnológica: Sarfraz et al. (2024) Creatividad: Tsai (2023) Sobrecarga y satisfacción laboral: Korzynski y Protsiuk (2024) |
Supervisión: Liang et al. (2022) y Lim et al. (2021) Castigos: Hensel y Kacprzak (2021) Retención laboral: Mazidi et al. (2020) Justicia organizacional: Rahaei y Salehzadeh (2020) Empleo de smartphones: Fu et al. (2021) Manejo del estrés: Lu et al. (2024), Toker y Baturay (2021) y Wu et al. (2021a) Aprendizaje: Turan et al. (2021) Significatividad laboral: Usman et al. (2021) Manejo de trabajadores jóvenes: Chavan et al. (2022) Desempeño: Rahman et al. (2022) Control de crisis sanitarias: Reizer et al. (2022) y Zhong et al. (2022) Promoción de una filosofía orientada a las personas: Zhang et al. (2022) Gestión de la comunicación: Zhou et al. (2022) Ejercicio del liderazgo: Peng et al. (2023) y Zhu y Zhao (2024) Gestión de la cultura organizacional y selección de personal: Hu et al. (2023) Autonomía laboral y empoderamiento: Khan et al. (2023) Gestión de la responsabilidad social: Ohana et al. (2024) Creación de entornos positivos: Liu y Zhang (2023), Tsai (2023) y Zhou et al. (2023) Control de Internet: Aqagoli et al. (2024), Batabyal y Bhal (2023), Mihelič et al. (2023) y Sarfraz et al. (2024) Gestión de conflictos: Giordano y Mercado (2023) Satisfacción laboral: Korzynski y Protsiuk (2024) |
Las revisiones también muestran implicancias teóricas y prácticas en la necesidad de mayor investigación y la urgencia de que las organizaciones conozcan los factores de ciberpereza (Mercado et al., 2017); en el aprendizaje y diseño de políticas sobre el uso de tecnología en entornos educativos (Alyahya & Alqahtani, 2022); en el estudio sintético de los factores de ciberpereza y su vínculo con el bienestar, el diseño de políticas, el teletrabajo y la gestión (Lim & Teo, 2024a); y en el equilibrio vida-trabajo, la selección de personal y el diseño de políticas sobre el uso de TIC (Tandon et al., 2022).
Conclusiones: hallazgos, limitaciones y recomendaciones
El presente estudio mapeó la literatura sobre ciberpereza de los últimos tres años y halló siete ejes temáticos: definición y conceptualización; factores y antecedentes; efectos y consecuencias; teorías, métodos y técnicas; campos de estudio; hallazgos, limitaciones y recomendaciones; e implicancias teóricas y prácticas. A diferencia de otras revisiones (Alyahya & Alqahtani, 2022; Lim & Teo, 2024a; Tandon et al., 2022; Wu et al., 2021b), este mapeo analizó tópicos poco atendidos como sus campos de estudio o el empleo de teorías y métodos. Sobre tal base, es posible indicar algunos hallazgos, limitaciones y recomendaciones.
Un primer hallazgo es que el estudio de la ciberpereza tiene una definición básica: la de Lim (2022). Tanto estudios pioneros como recientes la mencionan. Ello no se opone al hecho de que la evolución de las TIC requerirá actualizar tal definición (Alyahya & Alqahtani, 2022). Un segundo hallazgo revela que el vínculo más investigado de la ciberpereza es con el estrés laboral, aunque toma formas diferentes según los campos donde ocurra. Esto tampoco contradice la importancia de otros predictores (Giordano & Mercado, 2023), sino que destaca la presencia del estrés laboral en tales resultados.
Un tercer hallazgo revela que la ciberpereza ocurre en diversos campos, sobre todo en el educativo. Ahí la publicación de revisiones muestra más cantidad de estudios y mayor profundidad analítica. Por sus resultados e implicancias (que son muy relevantes para el desarrollo educativo), la ciberpereza en el campo educativo básico y superior deberá seguir siendo explorada. En un cuarto hallazgo se aprecia que los marcos teóricos y metodológicos de la ciberpereza son diversos, ya que la literatura devela estudios cuantitativos, cualitativos y teóricos (revisiones sistemáticas).
Finalmente, en un quinto hallazgo, es notorio el aumento del estudio de la ciberpereza. Apenas hace un par de años, China, Estados Unidos, Reino Unido y Australia eran los países que lideraban su investigación (Wu et al., 2021b). No obstante, tan solo pocos años después Turquía lidera la producción científica, seguida por Estados Unidos y China (Alyahya & Alqahtani, 2022; Tandon et al., 2022). Tal escenario de cambio revela que la ciberpereza constituye un campo de investigación vigente.
Por el lado de las limitaciones, se observa una falta de pluralidad metodológica y técnica, pues la gran mayoría emplea diseños transversales. Ello hace que la encuesta sea la técnica más utilizada. Otra limitación es la dificultad para generalizar y formular teoría. Dado que la mayoría de estudios analiza pocos predictores, la literatura sobre ciberpereza se considera “poco profunda” (Giordano & Mercado, 2023). Por último, se advierte una falta de pluralidad disciplinar. Aunque la ciberpereza es un campo teóricamente rico, lo es solo en función de dos disciplinas: psicología y comportamiento organizacional. Otras como economía, sociología, politología o antropología no han tenido impacto.
Dicho lo previo, la recomendación más importante es analizar la ciberpereza desde otras ciencias. Aunque su vínculo con la psicología y el comportamiento organizacional es clave, otras ciencias podrían intervenir: la sociología podría medir el impacto de la ciberpereza a nivel regional; la antropología podría delinear cómo la cultura nacional u organizacional fomenta la ciberpereza; y la economía conductual podría analizar la toma de decisiones en el empleo de Internet. Lo anterior puede impulsar una diversidad metodológica y técnica que reduzca la dependencia de los diseños cuantitativos y transversales.
Finalmente, aunque el presente artículo no analiza una gran cantidad de estudios ni constituye una revisión sistemática, mapea la literatura sobre ciberpereza tal como se muestra, develando sus principales ejes temáticos de forma más clara que las revisiones sistemáticas previas. Ello permite entender la complejidad de un fenómeno individual y organizacional que va cambiando (Sijabat, 2021) según cambian los contextos globales, en formas que serán cada vez más difíciles de explicar, predecir y controlar.
Contribución de los autores
Oswaldo Morales (investigador principal): análisis de datos, marco teórico, redacción y revisión de la versión final del manuscrito.
Sergio Morales (coinvestigador): análisis de datos, marco teórico, redacción y revisión de la versión final del manuscrito.
Conflicto de intereses
Los autores declaran la inexistencia de conflicto de intereses con institución o asociación comercial de cualquier índole.
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Notas de autores
Sergio Morales
Licenciado en Antropología y Magíster en Epistemología (Universidad Nacional Mayor de San Marcos). Lima, Perú. Contacto: sergio.morales@unmsm.edu.pe, ORCID: https://orcid.org/0000-0001-8007-164X, https://scholar.google.com/citations?user=6yWtp-wAAAAJ
Oswaldo Morales
Ph.D. en Estudios Internacionales (Universidad de Waseda). Profesor de la ESAN Graduate School of Business. Lima, Perú. Contacto: omorales@esan.edu.pe, ORCID: https://orcid.org/0000-0002-5298-9733, https://scholar.google.es/citations?user=mxToy6kAAAAJ