La dinámica de la protesta social en la escala local. Río Cuarto (Argentina) en el siglo xxi
The dynamics of social protest on a local scale. Río Cuarto (Argentina) in the 21st century
María Virginia Quiroga
Universidad Nacional de Río Cuarto
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
Recibido: 18 de abril de 2024–Aceptado: 28 de mayo de 2024–Publicado: 1 de julio de 2025
Forma de citar este artículo en APA:
Quiroga, M. V. (2025). La dinámica de la protesta social en la escala local. Río Cuarto (Argentina) en el siglo XXI. Revista Colombiana de Ciencias Sociales, 16(2), 427-451. https://doi.org/10.21501/22161201.4946
Resumen
La protesta social constituye un recurso fundamental para visibilizar disensos y alternativas en las democracias contemporáneas, especialmente en coyunturas críticas. En este artículo nos interesamos por su devenir en la escala local, prestando especial atención a una ciudad intermedia de fuerte perfil agrocomercial en el interior de Argentina a lo largo de tres momentos álgidos del siglo XXI. La metodología combina técnicas cuantitativas y cualitativas, tomando como principales fuentes de información documentos y periódicos como el diario local Puntal. Para avanzar en el procesamiento de datos se confeccionaron fichas de relevamiento que atendían a la frecuencia de las protestas, sus protagonistas, demandas y formatos de acción. Como hallazgo central se destaca que, si bien la mayoría de las iniciativas respondieron a cambios o medidas de orden nacional, desde la escala local se le imprimieron rasgos específicos que contribuyeron a reafirmar el carácter situado de la protesta. Finalmente, advertimos la permanente interrelación entre las diferentes dimensiones de la dinámica protestataria y el contexto político-económico.
Palabras clave
Actores colectivos; Ciclos de protesta; Conflicto social; Contexto; Demandas; Protesta social; Repertorios de acción.
Abstract
Social protest is a fundamental tool to make dissent and alternatives visible in contemporary democracies, especially in critical moments. In this article, we focus on its evolution at the local scale, paying special attention to a mid-sized city with a strong agro-commercial profile, located in the interior of Argentina, throughout three key moments of the 21st century. The methodology combines quantitative and qualitative techniques, using documents and newspapers as main sources of information, with the local newspaper Puntal standing out. To process the data, survey sheets were created that recorded the frequency of protests, their protagonists, demands, and forms of action. The main finding highlights that although most initiatives responded to national-level changes or measures, specific traits were shaped from the local scale, reaffirming the situated nature of protest. Finally, we emphasize the constant interrelation between the different dimensions of protest dynamics and the political-economic context.
Keywords
Collective Actors; Protest cycles, Social Conflict; Context; Demands; Social Protest; Repertoires of Action.
Introducción
El presente texto recoge los resultados de una investigación colectiva cuyo objetivo ha sido estudiar la dinámica de la protesta social en la escala local durante el siglo XXI.1 Se ha tomado por caso la ciudad Río Cuarto (Córdoba, Argentina) a lo largo de tres ciclos especialmente críticos, los cuales significaron situaciones de quiebre (2001-2002), de inflexión (2008-2009) y de transición (2015-2016) en las correlaciones de fuerzas sociales, económicas y políticas que sustentaban el orden vigente.
Para llevar a cabo la investigación se recuperaron algunos trabajos que se preocupan por las diversas manifestaciones de la acción colectiva en las sociedades contemporáneas (Tilly, 1978; Laclau y Mouffe, 2004/1985; Tarrow, 1997; Traugott, 2002) y, en especial, por el devenir de la protesta social en la región latinoamericana (Caetano, 2006; Svampa, 2009; Calderón Gutiérrez, 2012). A su vez, se consideraron investigaciones centradas en el contexto argentino, muchas de las cuales se detuvieron en la reconstrucción de las protestas frente a la profundización neoliberal desde 1990 hasta la crisis del 2001 (Auyero, 2002; Lobato & Suriano, 2003; Cotarelo e Iñigo Carrera, 2004; Schuster, 2005). También se revisaron estudios contemporáneos que avanzaron sobre las dos primeras décadas del siglo XXI, sopesando las continuidades, tensiones y rupturas a lo largo del tiempo (Natalucci et al., 2013; Pérez & Pereyra, 2013; Cotarelo, 2016; Pelerman, 2017; Andújar & Bohoslavsky, 2020).
No obstante, si bien gran parte de estas producciones se presentaban como de alcance nacional, su foco radicaba en la ciudad de Buenos Aires (capital de la Argentina) o en el área metropolitana del Gran Buenos Aires. De allí la importancia de reparar en abordajes que se hayan preocupado por la conflictividad social al interior del país (Giarracca, 2001; Delamata, 2002; Gordillo, 2012; Becher & Pérez Álvarez, 2018; Laitano & Nieto, 2022) y, concretamente, en la provincia de Córdoba en la cual se ubica nuestro caso de análisis (Ciuffolini, 2008; Gordillo et al., 2012; Parisí & Peralta, 2016).
Todos estos insumos resultaron relevantes para anclar, luego, la mirada en obras recientes referidas a la protesta social y la organización colectiva en la propia ciudad de Río Cuarto (Quiroga, 2015; Hurtado, 2019; Carini, 2019; Reynoso, 2019; Forlani, 2020). Estas producciones nos ayudaron a reconocer las particularidades de la acción colectiva en localidades “del interior del interior” del país, que permanecen insertas en el modelo productivo del agronegocio2 y mantienen, simultáneamente, importantes nexos comerciales y comunicacionales con altos niveles de desigualdad social (Forlani et al., 2023).
En cuanto al marco conceptual de la investigación, vale precisar que, conforme a los antecedentes mencionados, partimos de comprender la protesta social como expresión de actores colectivos que irrumpen en el espacio público para manifestar su descontento respecto de un estado de cosas (Tilly, 1978; Tarrow, 1997; Schuster, 2005; Svampa, 2009). Tal categoría puede referir tanto a una iniciativa en un solo lugar y en único momento, como a varias acciones encadenadas y dispersas en varios espacios simultáneos. A la vez, puede abarcar acciones contenciosas guiadas por un sentido emancipatorio y protagonizadas por los sectores subalternos, como también aquellas iniciativas que opongan resistencia a cambios de carácter progresista o pretendan recuperar banderas que no implican necesariamente rechazos al sistema o al modelo imperante.
Por su parte, la noción dinámica de la protesta se entendió como aquellas lógicas o modalidades que cada acción de protesta desplegó para hacer visible el descontento-malestar-insatisfacción que le dio origen (Schuster, 2005; Natalucci, 2008). En términos operativos, esta categoría fue trabajada a partir de tres dimensiones: la primera hace referencia a los actores que protagonizaron los eventos de protesta, es decir, aquellos quienes participaron activamente de la misma; el segundo aspecto remite a las demandas, el para qué de la iniciativa; y el tercer elemento atañe a los repertorios de acción, en tanto formatos utilizados para visibilizar la protesta.3
Estas dimensiones se tradujeron en preguntas orientadoras del proceso investigativo: ¿cuántas y cuáles fueron las principales acciones de protesta en la ciudad de Río Cuarto durante los ciclos críticos del siglo XXI?, ¿quiénes protagonizaron esas iniciativas?, ¿qué demandas plantearon?, ¿a partir de qué repertorios hicieron visible sus reclamos?, ¿cuáles son los principales cambios y continuidades que pueden advertirse a lo largo del tiempo, y en relación a la dinámica nacional de protestas?
Desde nuestra óptica, la búsqueda de respuestas para estos interrogantes aporta, por un lado, a la reconstrucción de la trama de conflictividad de la ciudad de Río Cuarto. Ello implica reparar en las especificidades de cada protesta en particular (“la foto”), sin perder de vista los procesos extendidos en los que se insertan (“la película”).4 Por otro lado, la pesquisa contribuye a reafirmar el carácter situado de la protesta, pero no aislado; esto implica reconocer, a la vez, singularidades locales y conexiones con otras escalas de movilización.
En definitiva, nuestras hipótesis de trabajo sostienen que las acciones de protesta relevadas no representarían meros episodios coyunturales ni aislados; por el contrario, deberían entenderse en el marco de conflictividades más profundas, cuyas trayectorias se extienden, con reconfiguraciones y actualizaciones, durante diversos ciclos y latitudes. En Río Cuarto, la protesta pareció desenvolverse en sintonía con la dinámica nacional. Destaca la presencia activa de trabajadores y empresarios del agro y los comercios, a tono con el perfil agrocomercial de la ciudad; y el incremento de la visibilidad de las protestas en momentos de recambio gubernamental. En los apartados siguientes desarrollaremos estas ideas a partir de compartir la metodología de trabajo, los principales hallazgos y algunas discusiones emergentes.
Metodología
El diseño de la investigación apuntó a un estudio de caso con alcance descriptivo, procurando dar cuenta de algunos rasgos de las protestas sociales riocuartenses en el siglo XXI y sus posibles conexiones con la órbita nacional. Se combina una metodología cualitativa con elementos de la metodología cuantitativa, sin llegar a ser un abordaje mixto en sentido estricto. El enfoque cuantitativo es utilizado para la construcción de estadísticas sobre la frecuencia de las protestas y la incidencia porcentual de las dimensiones a indagar (actores, demandas, repertorios) a lo largo del ciclo de protesta. Por su parte, el enfoque cualitativo se emplea para vincular esos resultados con los contextos político-económicos en que se inscriben.
El período de estudio se delimitó en tres ciclos cortos de alta conflictividad social en la historia argentina reciente: 2001-2002, 2008-2009 y 2015-2016.5 Los mismos indicarían situaciones de quiebre en el modelo vigente (en torno a la crisis económica, social e institucional que tuvo su epicentro en diciembre de 20016), de inflexión (a partir de los cuestionamientos y fisuras en el marco de la denominada crisis del campo7), y de transición entre coaliciones político-sociales opositoras en el gobierno (marcado por el fin de la presidencia de Cristina Fernández y la asunción de Mauricio Macri en diciembre de 2015). Tal como profundizaremos a continuación, los cambios en las correlaciones de fuerza en el ámbito nacional se replicaron para la ciudad de Río Cuarto en los años 2008 y 2016 con alternancia en la gestión municipal.
Para avanzar en la explicitación de la metodología, desagregamos este apartado en dos ejes relevantes: coordenadas espacio-temporales para contextualizar el caso a indagar, y precisiones metodológicas en torno a la recolección y analisis de la información.
Coordenadas espaciotemporales de la indagación
Nuestro caso de estudio corresponde a una ciudad intermedia del corazón de la Argentina, situada al sur de la provincia de Córdoba y en el oeste de la región conocida como pampa húmeda por su clima templado-húmedo y la fertilidad de sus tierras. Tiene una superficie de 64.25 km2 y, según el último censo (2022), registra 279.923 habitantes (lo cual representa un crecimiento del 18,6% respecto al censo de 2010).
El entramado local se fue redefiniendo históricamente en consonancia con la dinámica del sector agropecuario (Zamanillo, 2013). El importante excedente de renta obtenido de la producción y exportación de cereales y oleaginosas en la región circundante se vuelca sobre la ciudad e influye sobre las actividades privadas de la industria, el comercio, la construcción y los servicios, así como también sobre el rol de los poderes públicos, la construcción del espacio social, y la agudización de sus problemáticas (Zamanillo, 2013; Forlani, 2020).
En términos político-institucionales, desde 1999 la ciudad de Río Cuarto se constituye en capital alterna de la provincia de Córdoba, y ha rotado su gobierno entre los dos partidos predominantes de la historia nacional del siglo XX: la Unión Cívica Radical (UCR) y el Partido Justicialista (PJ). Particularmente, durante el ciclo 2001-2002 la intendencia estuvo en manos de un exponente del PJ cordobés, Alberto Cantero (1999-2004), quien se desenvolvía en sintonía con el gobernador provincial (José Manuel de la Sota, del PJ), pero se distanciaba del presidente (Fernando de la Rúa, de la Alianza UCR-FREPASO).
A su vez, para aquel entonces Río Cuarto experimentaba problemáticas socioeconómicas que iban a tono con la “multicrisis” nacional: la recesión económica, el crecimiento de la pobreza y el desempleo (Quiroga & Baggini, 2020). En el plano local no se produjeron recambios en el poder ejecutivo, como sí sucedió en la órbita nacional,8 aunque se impulsaron algunas reformas políticas y Cantero no logró la reelección.
Tras la crisis del 2001 el proceso de expansión del cultivo de soja se intensificó en la región, acompañado por una gran rentabilidad, producto de la combinación de la devaluación del peso (2002) y la mejora de los precios internacionales (del 2003 en adelante). En el ámbito nacional, los gobiernos kirchneristas (de Néstor Kirchner & Cristina Fernández, desde 2003 hasta el 2015), se preocuparon por la recuperación de la actividad económica y la participación de los trabajadores en el ingreso (Manzanelli & Basualdo, 2016). No obstante, el año 2008 marcó una inflexión en ese proceso, dado que la pretensión de aumentar las retenciones agropecuarias, a través de la mencionada Resolución 125, desencadenó un espiral de conflictividad con importantes consecuencias políticas (Aronskind & Vommaro, 2010).
Esta situación tuvo fuerte resonancia en la ciudad de Río Cuarto, dado el perfil agrocomercial al que aludíamos, despertando múltiples voces opositoras. A su vez, para aquel entonces la intendencia local recaía en el representante de la UCR, Juan Jure (2008-2016), de signo opuesto al ejecutivo provincial y nacional, quien hizo pública su defensa por el campo.
Es necesario mencionar que el año 2008 fue, además, epicentro de la crisis financiera norteamericana que impactó en la región durante los años posteriores. Las exportaciones se redujeron en volumen y precio, al tiempo que hubo mayores restricciones para acceder al financiamiento externo y se endurecieron las condiciones crediticias internas.
La creciente polarización política y social, y la agudización de las restricciones económicas, caracterizaron el escenario poscrisis del campo. En ese devenir, marcamos como hito el recambio político que tuvo lugar en el lapso 2015-2016, tanto en el plano nacional como en el local. Una nueva fuerza política de centroderecha llegó a la presidencia (la alianza Cambiemos), mientras que un renovado PJ cordobés obtuvo la victoria en las elecciones municipales (Juan Manuel Llamosas, por Hacemos por Córdoba). En esta coyuntura los indicadores económicos advertían como problemas acuciantes el estancamiento y la persistencia de la inflación (Scaletta, 2017).
Algunas precisiones metodológicas
Cada protesta social desarrollada en la ciudad de Río Cuarto durante los ciclos bajo estudio constituyó la unidad de análisis. Las mismas fueron reconocidas a partir del relevamiento hemerográfico y documental. En ese sentido, vale destacar al periódico local Puntal como la fuente principal de información; se trata de la única publicación diaria de la prensa gráfica en la ciudad editada ininterrumpidamente desde 1980 hasta la actualidad, bajo propiedad de la editorial Fundamento S.A. Para esta investigación, se consultó la totalidad de ejemplares (2172) disponibles en el Archivo Histórico Municipal de Río Cuarto para los años 2001, 2002, 2008, 2009, 2015 y 2016.
Como ya expresamos en otros trabajos, sabemos que las noticias sobre protesta pueden no constituir un reflejo fiel de la realidad; en tanto, la prensa también se desempeña como un actor con injerencia en el contexto que analiza, con intereses y posicionamientos que no son ajenos a la construcción periodística (Quiroga & Baggini, 2020).9 Sin embargo, a pesar de estas observaciones, consideramos que se trata de una fuente pertinente para un primer acercamiento al panorama protestatario, resultando posible cotejar la información proporcionada con otros documentos, indagaciones y relevamientos previos sobre la etapa en cuestión.
Luego, cada acción de protesta fue tabulada en una ficha especialmente diseñada, la cual procuraba contemplar información susceptible de interés (Figura 1).
Figura 1. Ficha de relevamiento hemerográfico
Si bien la ficha empleada nos proporcionaba vasta información, en esta instancia de trabajo nos hemos concentrado en aquella referida a las dimensiones escogidas para el análisis: actores, demandas y repertorios.
En términos generales, puede entenderse por actores de la protesta social a aquellas personas que coordinan esfuerzos en el marco de una acción colectiva para alcanzar objetivos compartidos: económicos, culturales, políticos, de reconocimiento, entre otros (Guzmán-Miranda & Caballero Rodríguez, 2016). Múltiples enfoques al interior de las ciencias sociales ofrecen perspectivas y herramientas de análisis que resultan de gran utilidad para comprender la complejidad y heterogeneidad de estos actores sociales; abarcando, por ejemplo, mujeres, trabajadores,10 estudiantes, desempleados, vecinos, etc.; e, incluso, nucleados en instancias gremiales, barriales, partidarias, espontáneas, etc.
En el marco de esta investigación hemos vinculado la dimensión actores con los siguientes interrogantes: ¿quiénes protagonizan las acciones de protesta?; ¿cómo se refiere a ellos en las noticias?; ¿los actores se autodenominan de esa manera?; ¿forman parte de organizaciones institucionalizadas con trayectoria previa, o se convocan espontáneamente a partir de una inquietud en particular?
A su vez, en la senda de reafirmar que los actores de las protestas sociales no son entidades aisladas que naturalmente se inclinaron hacia la acción común, se apeló a la noción de demanda como “la forma elemental de la construcción del vínculo social” (Laclau, 2005, p. 98). De allí que abordar la emergencia de las protestas sociales implica atender, en primer lugar, al proceso de reconocimiento y construcción de convergencias entre demandas particulares, antes que dar cuenta de ellas como iniciativas de actores aislados y homogéneos.
En adición a ello, nos pareció relevante distinguir entre un contenido específico y otro más general de la demanda (Schuster, 2005; Barros, 2006 y 2017; Retamozo, 2015). Es decir, por un lado, portan una exigencia ante un problema en particular y, por otro, también enarbolan una promesa de plenitud que va más allá de la solicitud puntual para adquirir un carácter más amplio.11
En definitiva, la reconstrucción de las demandas tiene un potencial heurístico para explicar el surgimiento de las acciones colectivas que adquirieron cierta identidad colectiva, organización, continuidad en el tiempo y extensión en el espacio (Forlani, 2020). Más aún, las demandas en tanto unidades de análisis permiten “observar una gran cantidad de elementos como el deseo, el lenguaje, la identificación y el Estado [al tiempo que] nos ofrece una herramienta fundamental para explorar la acción política, los emergentes sociales y las posibles articulaciones, sus tiempos y movimientos” (Romani, 2015, p. 3).
Por último, se han considerado los repertorios de acción que aluden a las formas o modalidades de expresión/visibilización de la protesta. Los mismos presentan variaciones y registros infinitos: desde una huelga, movilización, corte de caminos y caravanas, hasta intervenciones artísticas, entre muchos otros; y dependen de las particularidades del actor movilizado, del contexto de la situación, de los recursos disponibles, entre otros factores.
De acuerdo con Charles Tilly (1995), un autor clásico de los estudios sobre acción colectiva, el repertorio se define como “la totalidad de los medios de que dispone un grupo para plantear exigencias de distinto tipo a diferentes individuos o grupos” (p. 41). Los mismos pueden remitir a cuestiones puntuales, o pueden mezclar objetivos locales con asuntos nacionales; a su vez, también pueden distinguirse formatos convencionales (más rutinarios y aceptados por las elites), otros disruptivos (más creativos, capaces de desorientar a las elites) y algunos violentos (en abierta confrontación) (Tarrow, 1997). Vale también considerar que el repertorio es un concepto que combina elementos estructurales y culturales, por cuanto guarda relación con los canales y recursos disponibles, y con las formas culturales y costumbres propias de cada sociedad y momento (Tarrow, 1997).12
En Argentina, Schuster (2005) ha privilegiado la noción de formato de la protesta para referirse a este modo en que la protesta aparece en la escena pública, procurando abarcar, a la vez, los aspectos estratégicos y estéticos de la acción. En ese sentido, postula que los formatos “resultan una instancia de integración de los factores de la identidad y de la racionalidad de la protesta” (p. 62), cuyo análisis “resulta de valor incluso para profundizar la comprensión de las otras dimensiones planteadas” (p. 63).
En definitiva, tras la recolección y procesamiento de datos, se procedió al análisis de cada dimensión explicitada. En ese camino, se procuró poner en diálogo los eventos de protesta con sus contextos marco, tanto locales como nacionales. Para ello fue importante reparar en relevamientos de protestas nacionales,13 y en material bibliográfico y documental referido a la situación social, política y económica en cada período.
En lo sucesivo avanzamos en la exposición de los resultados alcanzados hasta el momento, siempre abierto para nuevas miradas e interrogantes.
Resultados
Como balance general cabe advertir que pudimos avanzar sustantivamente en el objetivo general de la investigación: estudiar la dinámica de la protesta social en la ciudad de Río Cuarto durante ciclos altamente conflictivos en la historia argentina del presente siglo.
Tal como se observa en la Figura 2, el total de las protestas relevadas (identificadas a partir de la revisión de 2172 ejemplares del diario Puntal) fue de 380: 46 en 2001, 40 en 2002; 56 en 2008, 59 en 2009; 51 en 2015 y 128 en 2016.
Figura 2. Tabla de frecuencia de las protestas relevadas
|
Meses/años |
2001 |
2002 |
2008 |
2009 |
2015 |
2016 |
TOTALES S |
|
ENERO |
2 |
6 |
2 |
1 |
4 |
3 |
18 |
|
FEBRERO |
3 |
6 |
1 |
4 |
3 |
8 |
25 |
|
MARZO |
4 |
0 |
9 |
3 |
8 |
12 |
36 |
|
ABRIL |
0 |
4 |
1 |
4 |
5 |
13 |
27 |
|
MAYO |
1 |
7 |
9 |
3 |
6 |
12 |
38 |
|
JUNIO |
4 |
3 |
5 |
5 |
7 |
9 |
33 |
|
JULIO |
5 |
2 |
3 |
3 |
3 |
8 |
24 |
|
AGOSTO |
9 |
3 |
5 |
9 |
2 |
14 |
42 |
|
SEPTIEMBRE |
3 |
3 |
6 |
6 |
1 |
13 |
32 |
|
OCTUBRE |
0 |
2 |
7 |
11 |
3 |
14 |
37 |
|
NOVIEMBRE |
5 |
2 |
2 |
4 |
4 |
9 |
26 |
|
DICIEMBRE |
10 |
2 |
6 |
4 |
5 |
13 |
40 |
|
TOTAL |
46 |
40 |
56 |
|
51 |
128 |
380 |
Entre los resultados destacados vale advertir que el 2016, según la fuente consultada, fue el año de mayor conflictividad social; mientras que el 2002 resultó el de menos registros (Figura 2 y 3). Por su parte, agosto apareció como uno de los meses más álgidos en todos los años considerados (Figura 4).
Figura 3. Gráfico de frecuencia de las protestas por año
Figura 4. Gráfico de frecuencia de las protestas por meses
Concretamente las protestas registradas en el año 2001 fueron 46, con picos en agosto (reaccionando a la medida gubernamental de recorte en salarios y jubilaciones del sector público) y en diciembre (en el marco de la agudización de la crisis).
En cuanto a los actores, la mayoría de las protestas (67%) estuvieron protagonizadas por trabajadores, principalmente de la educación y de la administración pública. No es de extrañar, entonces, el predominio de instancias organizativas gremiales, tanto asociaciones de base y sindicatos provinciales, como las confederaciones nacionales. Le siguen los denominados por la fuente como vecinos (17,4%) y ciudadanos (13%).14
El rechazo a la política económica o pedido de cambio en el programa económico (23,9%) y la reivindicación salarial (21,7%) fueron las demandas más notorias del período. La defensa de la educación pública se mostró como tercera solicitud recurrente (10,8% del total), especialmente en reacción a los ajustes propuestos por el gobierno en el área.
Entre los repertorios de acción escogidos, resultaron frecuentes las movilizaciones (amplia mayoría, alcanzando el 68% de las iniciativas), muchas de ellas acompañadas de cortes de calles o del puente carretero de la ciudad. También destacaron las huelgas (26% del total) y una iniciativa de toma de espacio público (la Universidad Nacional). En diciembre de 2001, se registró el primer cacerolazo (repertorio muy popular en la ciudad de Buenos Aires y que se extenderá con más notoriedad en el ámbito local en 2002 y luego en 2008).
En 2002 se registraron 40 protestas. Los meses más álgidos fueron enero y febrero, como continuidad del estallido social de diciembre, y mayo, debido a la introducción de retenciones a los productos agrícolas de exportación. Posteriormente, se evidenció un aplanamiento de la conflictividad.
Respecto a la presencia predominante de los trabajadores (que en el 2002 alcanzaron el 27,5% del total), se incrementaron las protestas de sectores denominados como ciudadanos (35%) y de los empresarios del comercio y el agro (15%). El grupo de propietarios de comercios comenzó a movilizarse en el marco de nucleamientos espontáneos y de carácter multisectorial, aunque con el paso de los días fue sufriendo fracturas internas, especialmente entre comerciantes nucleados en el Centro Empresario Comercial, Industrial y de Servicios (CECIS) y quienes lo hacían reivindicando la autonomía. Por su parte, el conjunto vinculado al agro se expresó a través de sus instancias de representación sectorial (Sociedad Rural y Federación Agraria, principalmente, ambas de carácter nacional y con sedes locales).
La demanda por cambios en el gobierno apareció recurrentemente (15 veces, sobre todo en enero y febrero, alcanzado un 37,5%); también, el rechazo a la política económica y a la política agraria (22,5% entre ambas). A su vez, la reivindicación por los derechos humanos fue motivo de protesta (20%), especialmente en el mes de junio en reacción a la represión policial que derivó en el asesinato de dos militantes sociales en Avellaneda (conurbano bonaerense).
Los repertorios de la movilización y huelga (predominantes durante el 2001) representaron el 32,5% de las iniciativas. A ello se sumó una multiplicidad de cacerolazos y asambleas ciudadanas (20%), además de las caravanas y apagones comerciales (7,5%) y el paro empresarial agrario (7,5%). Incluso se recurrió al escrache (5%) como formato de denuncia frente al domicilio de algún funcionario local: “marchaban mientras crecía la violencia de sus reclamos. Fueron a las casas de algunos políticos y, mientras insultaban, tiraban huevos contra las viviendas” (Puntal, 2002a, p. 4).15
Para el año 2008 se registraron 56 protestas, de las cuales el 28,5% (16 iniciativas) se dieron en el marco del conflicto con el campo, distribuidas entre marzo y junio. Allí el protagonismo recayó en los productores agropecuarios (28,5%), que actuaron mancomunadamente (tanto pequeños como grandes propietarios) a través de sus asociaciones representativas con anclaje local.
No obstante, en el balance anual el predominio se mantuvo en los trabajadores (37,5%), especialmente entre los meses de septiembre y diciembre, actuando mayoritariamente a través de instancias de organización gremial. También destacó el accionar de las personas propietarias de comercios (10,7%) que, así como sucedió en el 2001-2002, se distinguieron entre pequeños/medianos y grandes propietarios y, a su vez, entre quienes se nucleaban a través del CECIS y quienes lo hacían de modo autónomo.
Las demandas estuvieron mayoritariamente referidas a la cuestión económica, puntualizando quejas contra la política agraria (28,5%) y la salarial (30,3%). Luego también se apuntó a la seguridad social (7,14%) con la resistencia a los cambios en el régimen previsional provincial. Por su parte, los repertorios predominantes fueron la movilización (32%), huelga (28,5%) y el paro patronal16 (10,7%).
De acuerdo con nuestra pesquisa, el año 2009 evidenció 59 protestas, concentradas sobre todo entre los meses de agosto y octubre. En cuanto a los actores, destaca la continuidad del protagonismo de los trabajadores (42,3%), y también los vecinos movilizados (8,47%). Emergen como novedad las protestas de mujeres (5,08%), el colectivo LGBTIQ+ (3,39%) y sectores religiosos evangelistas (3,39%).
Las demandas predominantes remitieron a dos cuestiones centrales: salarial-laboral (con una amplia mayoría que representó el 72% del total) y género-identidades disidentes (11,86%). El primer grupo incluyó exigencias por recomposiciones de salario, en el marco del alza generalizada de los precios, y el pedido por la modificación o finalización del llamado impuesto a las ganancias. Por su parte, el segundo conjunto abarcó reclamos como el matrimonio igualitario y el cese de la violencia contra las mujeres. En cuanto a los repertorios predominantes, fueron la movilización (66,27%) y la huelga (39,32%), ambas en estrecha vinculación con las demandas arriba señaladas.
Respecto del año 2015, nuestro registro evidenció 51 protestas, especialmente entre marzo y junio. La amplia mayoría de las iniciativas estuvo protagonizada por trabajadores (47%), luego ciudadanos (15,69%), vecinos y mujeres (9,8% para cada uno de ellos). La demanda salarial-laboral resultó nuevamente predominante (43,14%), en segundo lugar, cobró visibilidad el reclamo de justicia (13,73%) ante el cuestionado suicidio de un fiscal de la nación (Alberto Nisman) y, en tercera instancia, se ubicaron las reivindicaciones de género (11,76%) en el marco del lema “Ni Una Menos”.
Nuevamente, la movilización (49,02%) y la huelga (37,25%) fueron los repertorios de acción privilegiados. En el marco del caso de Alberto Nisman, las movilizaciones se combinaron con cacerolazos, marchas de silencio y antorchas; en ocasión de las convocatorias de “Ni Una Menos” (la primera de ellas el 3 de junio de 2015, luego replicada en otros meses y años), las movilizaciones mostraron aspectos creativos con intervenciones artísticas.
Durante el 2016, según la fuente consultada, ocurrieron 128 protestas. El año entero (menos enero) mostró una sostenida multiplicidad de iniciativas, especialmente a lo largo del segundo semestre (agosto-diciembre).
La amplia mayoría de estas acciones fueron protagonizadas por trabajadores (72,66%) por ejemplo: judiciales, bancarios y contratados de la municipalidad de Río Cuarto; luego, los denominados ciudadanos (10,16%), y mujeres y disidencias (5,47% conjuntamente). Vale destacar que no se encontró ninguna protesta encabezada por el sector empresario, movilizado en otras coyunturas.
Entre las demandas predominan con notoriedad las exigencias laborales-salariales (65,63%) que agrupaban los pedidos por aumentos salariales, reapertura de mesas de negociación paritaria, eliminación/modificación del impuesto a las ganancias y, en vinculación, también el rechazo a la modificación del régimen previsional; luego, se abre un abanico de demandas variadas entre las que se ubicaban seguidamente las reivindicaciones de género (7,03%) y en defensa de los derechos humanos (5,47%).
Tal como se repitió en todos los ciclos, los repertorios predominantes fueron la movilización (en sus diferentes manifestaciones, 54,69%) y la huelga (32,03%).
Discusión
El devenir de la acción colectiva riocuartense ha estado íntimamente vinculada a los cambios políticos y económicos, sobre todo de índole nacional; aunque también mostró notas singulares con relación a sucesos propiamente locales. Así, los momentos de protesta social ascendente, en general, coinciden con la tendencia nacional, pero se exacerban cuando a los temas nacionales (política económica, mejora salarial, rechazo o exigencia de alguna medida en particular) se suman pedidos puntuales a la intendencia (por ejemplo, la atención de las demandas de los empleados municipales, los problemas con las calles y los planes de vivienda, entre otros), sobre todo en épocas de recambio gubernamental.
Algunas dimensiones de la dinámica protestataria evidenciaron continuidad pese al correr de los años, como, por ejemplo, el protagonismo del conjunto de trabajadores, y el predominio de modalidades organizativas más bien institucionalizadas de carácter gremial o sindical. A su vez, también han ocupado permanente centralidad las demandas que, vistas grosso modo, planteaban exigencias y rechazos en materia económica y política. En cuanto a los repertorios de acción, se mantuvo el protagonismo de la huelga y las movilizaciones, aunque estas últimas tuvieron notas singulares en vinculación con el actor que las motorizaba. Por ejemplo, las mujeres incluyeron generalmente expresiones artísticas y creativas a sus manifestaciones; los productores del agro lo hicieron con cacerolas, o en caravanas de autos y tractores; hubo ocasiones en que también se movilizaron familiares y amistades de un damnificado en particular, recurriendo al repertorio de la marcha de silencio o de antorchas. Algunos repertorios empleados en ciclos previos fueron recuperados y resignificados al calor del nuevo contexto, como por ejemplo los cacerolazos17 y escraches18 a políticos y funcionarios.
Al mismo tiempo, hemos podido identificar algunos rasgos característicos de cada coyuntura crítica. El ciclo que aquí comenzamos a analizar en el año 2001 registra antecedentes directos en años previos. La tónica nacional lo vincula con las movilizaciones de 1997 y el desarrollo de un nuevo ethos militante (Natalucci, 2008) más apegado al territorio y a la democracia directa. Cotarelo e Iñigo Carrera (2004) lo inscriben en una fase ascendente de luchas (diciembre de 1999 a diciembre de 2001), donde destacan la notoria incidencia de acciones de protesta protagonizadas por los trabajadores, tanto ocupados como desocupados. En el caso de Río Cuarto, la movilización y organización previa al año 2001 también se visibilizó con notoriedad desde 1999 en adelante (Hurtado, 2019; Basconzuelo & Quiroga, 2023), especialmente con la consolidación de una coordinadora de trabajadores desocupados en el ámbito local y la extensión de organizaciones comunitarias-barriales y emprendimientos cooperativos a lo largo de la ciudad (coincidiendo con la asunción del nuevo intendente Alberto Cantero en 1999). No obstante, es en el año 2001 (y con preeminencia desde agosto) que se sumaron con sistematicidad y regularidad las agrupaciones de trabajadores en sus diferentes ramas de actividad, los empresarios del comercio y del agro, y los denominados ciudadanos autoconvocados, extendiendo todos ellos su activa presencia en el espacio público riocuartense hasta abril-mayo del 2002.
De esta manera, la ciudad compartió con el plano nacional (Cotarelo & Iñigo Carrera, 2004; Schuster et al., 2006) la notoria presencia de los trabajadores en el marco de sus sindicatos, más allá del incremento de la participación espontánea y menos institucionalizada de vecinos y ciudadanos autoconvocados. En ese escenario no resulta extraña la prevalencia de demandas que, en términos generales, canalizaban el rechazo a la política económica, salarial y el descontento con el gobierno de turno. “Contra la recesión y el empobrecimiento” (Puntal, 2001a, p. 3); “Ya Basta!” (p. 3), “Fuera Cavallo” (p. 3), “Bancos y políticos, corruptos” (Puntal, 2001b, p. 18) eran algunas de las consignas que se vociferaban con vehemencia entre la ciudadanía riocuartense.
Al respecto, y teniendo en cuenta la dualidad de la noción de demanda (con su carácter particular y general) cabe advertir, por un lado, una multiplicidad de reivindicaciones puntuales, y, por otro, la exigencia de un viraje rotundo que resultaba transversal a cada demanda particular. De ese modo, malestares diversos a lo largo del 2001 se encadenaban en un rechazo común al ajuste, por ejemplo: en marzo, las reacciones de estudiantes y trabajadores (sobre todo de la universidad nacional local) al plan de recortes que afectaría actividades culturales, deportivas y educativas; luego, los fuertes reclamos salariales de los trabajadores y jubilados del sector público que habían sido blanco de un recorte del 13% sobre sus haberes; finalmente, las iniciativas de diciembre frente al “corralito”,19 las cuales se extendieron durante enero y febrero de 2002.
Ahora bien, esta articulación entre actores y demandas diversas no logró sostenerse en el tiempo ni cristalizar en propuestas alternativas de trascendencia. Al interior de la ciudadanía riocuartense movilizada comenzaron a ahondarse las diferencias entre quienes manifestaban autoconvocarse espontáneamente y quienes respondían a entidades institucionalizadas, como así también entre sectores de trabajadores, propietarios de campos y comercios, y desocupados con reclamos de diversa magnitud y sentido. Vale advertir que esta observación toma distancia de los señalamientos que reconocían, en la órbita nacional, la estrecha unidad entre clase media/alta y sectores populares (lo que se popularizó en la consigna “Piquete y cacerola, la lucha es una sola”)20.
Entonces, si bien identificamos un consenso en el rechazo al estado al que se había llegado, las articulaciones fueron muy esporádicas y las propuestas de cambio se avizoraron tímidamente. Por ejemplo, algunas noticias de la prensa consultada destacaron iniciativas como el recorte en las dietas de los funcionarios y concejales locales, la incorporación de la figura del defensor del pueblo, y la proliferación de alternativas económicas sectorizadas como las redes de trueque o las huertas comunitarias. A su vez, es preciso recordar que, en el ámbito nacional, el presidente renunció a su cargo, pero en la órbita provincial y local los poderes ejecutivos y legislativos no sufrieron alteraciones.
El ciclo de movilización 2001-2002 tuvo su primer parteaguas en mayo de 2002, en tanto el protagonismo de las acciones contenciosas se desplazó hacia los sectores del agro en descontento con la introducción de las retenciones a los productos primarios de exportación, (remarcando la relevancia de este sector en una ciudad agrocomercial como Río Cuarto). Mientras que el segundo parteaguas se dio en junio de 2002, con la represión en Puente Pueyrredón (Avellaneda, Buenos Aires) que se cobró la vida de dos militantes sociales y provocó el adelantamiento de la convocatoria a elecciones nacionales para abril de 2003. Tal como sosteníamos más arriba, desde junio de 2002 hasta finales de ese año se advirtió un aplanamiento de las acciones colectivas (contabilizando solo dos o tres protestas por mes).
Así como este primer ciclo de movilizaciones (2001-2002) estuvo signado por la multicrisis de 2001, el segundo (2008-2009) corresponde a una etapa de recomposición institucional en el marco de la reactivación de la industria y el mercado de trabajo iniciado en 2003, pero que encontró su inflexión en 2008 con la crisis económica mundial y el conflicto interno con el campo. Algunos actores protagonistas continuaron altamente movilizados, aquellos que mencionábamos como característicos del perfil productivo de la ciudad: los trabajadores y los empresarios del agro y el comercio. Los principales repertorios también fueron la huelga y las movilizaciones, éstas volvieron a expresarse como cacerolazos y caravanas de autos y tractores (especialmente cuando fueron las iniciativas del agro, ya que las movilizaciones de trabajadores siempre se desarrollaron como concentraciones o marchas a pie). Curiosamente los productores agropecuarios cortaron calles y rutas, tanto en Río Cuarto como en múltiples ciudades del país, valiéndose de un repertorio que unos años atrás había caracterizado a los sectores de trabajadores desocupados (los llamados piqueteros). Otro formato que cobró fuerza y se extendió por al menos tres meses durante el 2008 fue el cese de comercialización de granos que, en nuestra investigación, hemos incluido como una modalidad de paro patronal o lockout.21
Las demandas por cuestiones económicas se mantuvieron en un primer lugar, pero ahora más que reacciones masivas a medidas de ajuste o denuncias por el deterioro de las condiciones de vida, se formularon, por un lado, como pedidos concretos para mejorar los salarios y las condiciones laborales (especialmente en el ámbito público provincial, y en los trabajadores del transporte local), y, por otro, como exigencias por cambios en las políticas tributarias para el agro. En el primer caso se destacaron las acciones mancomunadas entre diversos grupos o ramas de trabajadores, por ejemplo, las movilizaciones conjuntas entre trabajadores de la administración pública nacional y local, con mayor visibilidad a partir de la asunción del nuevo intendente en julio de 2008. En el segundo caso, tanto pequeños como medianos y grandes productores manifestaron su disconformidad ante el intento de modificación en el esquema de retenciones, constituyendo alianzas entre sus entidades representativas y logrando algunas adhesiones en la ciudadanía en general. No obstante, vale advertir que en ambos casos prevalecieron las iniciativas sectoriales con dificultades para construir alianzas transversales.
El último ciclo analizado (2015-2016) estuvo marcado por el recambio en las fuerzas de gobierno nacional y local, y el agravamiento de las problemáticas socioeconómicas. Pese a la alternancia gubernamental, los actores y las demandas mantuvieron cierta continuidad, e incluso aumentaron la frecuencia de su accionar a lo largo del año 2016 en el marco de la devaluación del peso y los fuertes aumentos en las tarifas de servicios públicos.
Para Natalucci y Fernández Mouján (2022), estas medidas explican en parte la preeminencia de los trabajadores movilizados y de la demanda por aumento salarial en el ámbito nacional. En palabras de los autores, “[el] impacto social de estas políticas iniciales significó un deterioro de las condiciones de vida de sectores populares y medios, constituyendo una oportunidad para la movilización” (p. 6). En una tónica similar, en Río Cuarto el protagonismo fue de los trabajadores del sector público, los judiciales y bancarios, quienes tenían reclamos para el Estado en materia impositiva y salarial.
Como otras observaciones del ciclo destacamos, por un lado, la escasa incidencia de los desocupados/trabajadores de la economía popular (con marcada resonancia nacional),22 y de los empresarios del agro altamente movilizados en ciclos previos (aunque también ausentes en la escena nacional). Por otra parte, desde junio de 2015 emergió con fuerza el colectivo de mujeres, cuya visibilidad se irá incrementando en los años sucesivos.
Conclusiones
La ciudad de Río Cuarto, en tanto localidad intermedia del interior de la Argentina, ha mostrado diferentes acciones colectivas contenciosas a lo largo del siglo XXI, especialmente en momentos críticos del contexto. La mayoría de las iniciativas se han desencadenado en reacción a medidas de orden nacional, replicando, con especificidades propias, las protestas que se desarrollaban en otras ciudades del país; muchas de ellas convocadas por entidades institucionalizadas de carácter gremial o sectorial con presencia en todo el territorio nacional.
Entre las notas singulares cabe resaltar que los principales actores movilizados respondieron al perfil productivo y social de la ciudad volcada al agro, el comercio y los servicios. No obstante, resultaron escasas las ocasiones en que diferentes actores lograron aunar intereses e impulsar sostenidamente demandas e iniciativas conjuntas. El accionar mancomunado, por ejemplo, fue un rasgo característico de la crisis de 2001 en el área metropolitana, pero no alcanzó notoriedad en Río Cuarto.
Si bien el escenario de 2001 trascendió en la historia argentina reciente como un período de alta convulsión social, la fuente consultada reveló que en nuestra ciudad el año de mayor movilización fue el 2016. Quizás podríamos interpretar que muchas de las acciones de 2001 se desarrollaron con formatos más espontáneos y menos institucionalizados, mientras que en 2016 hubo un fuerte protagonismo de las iniciativas de los trabajadores organizados en sus gremios o sindicatos, lo que puede resultar más fácil de captar por la prensa. Asimismo, la convulsión del 2001 fue mucho más evidente en las grandes ciudades que en las intermedias; incluso en Río Cuarto las iniciativas más visibles en el marco de la crisis del 2001 tuvieron lugar hacia medidos de enero y febrero de 2002 y no en las renombradas jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001. Adicionalmente, el año 2016 reportó una nueva gestión municipal (de signo político opuesto a la anterior) que resultó depositaria de un acumulado de demandas.
Otra cuestión singular fue la escasa presencia, en las noticias relevadas, de acciones colectivas protagonizadas por las personas desocupadas, que luego pasaron a identificarse como trabajadores de la economía popular. Ello llama la atención si consideramos, por un lado, el fuerte protagonismo de los movimientos de desocupados en la escena nacional durante los ciclos 2001-2002 y 2015-2016 y, por otro, las altas cifras de desempleo para la ciudad en dichos períodos.23 Al mismo tiempo, otro dato destacado fue que el sector empresarial (del agro, comercios, servicios) se mostró ausente en las cuantiosas protestas del 2016, esto fue compartido con la tendencia nacional, y se hizo claramente evidente en la ciudad si comparamos con la notoria movilización que habían desarrollado los empresarios en los ciclos previos.
En lo concerniente a las contribuciones de esta investigación al campo de estudios, vale resaltar que permitió trazar cruces analíticos entre las dimensiones planteadas para mostrar las complejas interrelaciones que conforman la trama de la protesta social situada. Así, nos percatamos de una estrecha vinculación entre actor, demanda y repertorio, donde muchas veces estas últimas cuestiones se modificaban según quien protagonizara la acción contenciosa. Grosso modo podríamos distinguir dos grandes grupos: sectores que contaban con una trayectoria militante previa y que apelaron principalmente a la movilización y huelga para encaminar reclamos vinculados a la política económica y salarial; y actores con poca o nula experiencia de militancia que expresaron reivindicaciones de carácter político-social o identitario a través de asambleas, marchas y cacerolazos, es decir, formatos organizativos con menor grado de institucionalización.
Otra constatación importante remite al carácter no esencialista de los repertorios de la protesta, en tanto no resultan patrimonio exclusivo de ningún sector social. Ello pudo notarse claramente cuando un mismo repertorio o formato de acción, el corte de caminos o rutas (popularizado como piquete), fue utilizado por sectores diversos con demandas particulares: tanto por los trabajadores y desocupados en un contexto de ajuste recesivo en el 2001, como por los productores del agro en el 2008 con un alza en los precios internacionales de los productos primarios de exportación.
Resultan también relevantes las constataciones que indican la imbricación entre lo “nuevo” y lo “viejo”, es decir, algo de lo ya instituido permanece, por ejemplo, en los actores, demandas o formatos catalogados como novedosos. Muchos de estos elementos no son totalmente nuevos, más bien se aprehenden de procesos previos de lucha, y se reconfiguran al calor de una coyuntura política y económica específica.
Finalmente, partiendo del reconocimiento de que los tópicos de pesquisa pueden revisarse constantemente a partir de nuevos interrogantes, cabe preguntarse: ¿la dinámica aquí analizada puede extrapolarse a otras ciudades intermedias del país y de la región latinoamericana?, ¿cuáles fueron los impactos de estas protestas, es decir, su performatividad? y ¿qué otras fuentes de información podríamos sumar para complejizar el abordaje realizado? Respuestas que, indudablemente, apuntan a líneas emergentes para continuar indagando.
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Nota de autora
María Virginia Quiroga
Doctora en Estudios Sociales de América Latina por la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina. Docente de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Río Cuarto e investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas. Contacto: mviquiro@gmail.com; ORCiD: https://orcid.org/0000-0002-1125-9283; Google Académico: https://scholar.google.com/citations?user=dH5uxwwAAAAJ&hl=es
1 Nos referimos al proyecto titulado Movilización social y articulaciones político-territoriales. Una mirada de la ciudad de Río Cuarto en el contexto de la Argentina reciente (Cod. E449), financiado por la Secretaría de Ciencia y Técnica de la Universidad Nacional de Río Cuarto para el período: 2020-2023. Dirección: María Virginia Quiroga, integrantes: Marcela Brizzio, Nicolás Forlani, Sofía Rizzo, Ana Magrini, Nery Rauch y Emilio Schachtel, colaboradores: Silvina Lucero, Aldana Cugiani, Lara Steigerwald y Rosario Palacio.
2 El agro como negocio, tal como titulan Gras y Hernández (2013), remite a una lógica de producción que, enmarcada en las prácticas extractivas, se caracteriza por la transectorialidad relacionada a la mayor interacción y extensión de la cadena productiva, la priorización de las necesidades del consumidor global, la intensificación del uso del capital, el acaparamiento de tierras y la adopción de un “paquete tecnológico” que agrupa las semillas transgénicas, los agroquímicos, la siembra directa, los softwares de gestión empresarial como los drones, etc.
3 Ampliamos estas dimensiones en el apartado siguiente.
4 Al respecto, Calderón Gutiérrez (2012) diferencia y vincula las nociones de conflicto y conflictividad. Mientras la primera categoría remite a una expresión de malestar social coyuntural, “un visitante momentáneo de la sociedad”, la segunda “da cuenta de una visión holística y de las situaciones que se producen cuando los conflictos se propagan, extienden y perpetúan” (p. 48).
5 En lo sucesivo se exponen algunas características de estos lapsos, a sabiendas de que representan un recorte analítico cuyas fronteras son claramente permeables, e incluso, podrían inscribirse en ciclos aún más extensos. En ese sentido, las protestas de un ciclo están “condicionadas por los acontecimientos de lucha precedentes”; “son parte de una historia de disputas” que es posible y deseable desentrañar (Artese, 2011, p. 124).
6 Se hace referencia a la “multicrisis” (Calderón Gutiérrez, 2012) que vivió el país hacia el año 2001, derivada en el estallido social de las jornadas del 19 y 20 de diciembre y la consecuente renuncia del entonces presidente.
7 Se hace alusión al contexto de enfrentamiento que se vivió en Argentina, entre los sectores vinculados al campo y el poder ejecutivo nacional, en ocasión de la sanción de la Resolución nro. 125 en marzo de 2008. Tal medida estipulaba la introducción de un esquema de retenciones móviles a la exportación de productos primarios, donde la tasa quedaría sujeta a la variabilidad del precio internacional. Dado los valores de ese momento, las retenciones a la soja y el girasol aumentarían en un 8% aproximadamente. El malestar frente a esta disposición originó diversas acciones de protesta (movilizaciones, caravanas, lock outs, cacerolazos, etc.) que se extendieron durante meses a lo largo del territorio nacional, coordinadas por las principales entidades representativas de los productores agropecuarios.
8 Tras las jornadas de protesta del 19 y 20 de diciembre de 2001, el presidente renunció a su cargo; y se desató una acalorada y compleja sucesión de mando que contó con cinco presidentes en diez días (Pucciarelli y Castellani, 2014).
9 Para ampliar esta discusión puede revisarse la síntesis que ofrecen Laitano y Nieto (2022) sobre las principales críticas y reflexiones teórico-metodológicas en torno a la recurrencia a la prensa gráfica como fuente de información para el relevamiento de conflictos sociales. Los autores concluyen que “mientras mantengamos una actitud crítica hacia la fuente y en la forma de utilizarla (reconstruyendo las condiciones de producción del periódico, identificando la identidad política de su editorial, definiendo explícitamente las variables a relevar, controlando la selección de los casos, y triangulando con otra documentación) el uso del periódico como fuente histórica no presenta problemas irresolubles en relación a [sic] sus sesgos” (Laitano y Nieto, 2022, p. 38).
10 Para agilizar la lectura y unificar las categorías empleadas en la tabulación de datos, optamos por utilizar las denominaciones en su acepción genérica masculina. Ello no implica renunciar a los recursos y estrategias en pos de visibilizar el papel de las mujeres y de las personas no binarias en la construcción de la realidad social y el pensamiento científico.
11 Al respecto, Barros (2017) recupera el ejemplo del espacio piquetero en Argentina. Su desarrollo se dio con relación a los crecientes grados de desempleo hacia finales de la década de 1990, primeramente, en algunas localidades del interior (al norte y al sur del país), y luego en el conurbano bonaerense. La demanda particular por conseguir planes de ayuda social y trabajo estuvo asociada a una idea de comunidad plena en la que todas las partes que la integraban podrían satisfacer sus necesidades, con lo que podemos imaginar que en dicho discurso el empleo (contenido particular) se transformaría en la condición para una comunidad digna en ejercicio efectivo de sus derechos (promesa de plenitud).
12 Resultan interesantes —y susceptibles de profundización a futuro— las discusiones contemporáneas sobre la noción de repertorio de contención (propuesta por Tilly (1978, 1995) y ampliada por Tarrow (1997). Rossi (2023, por ejemplo, añade la categoría de repertorio de estrategias que permite abarcar modalidades no siempre conflictivas o públicas, incluyendo también acciones privadas no conflictivas, como reuniones informales con políticos, audiencias con el presidente, entre otros. Por su parte, Gold (2022) advierte que la variación en los repertorios no es independiente de cómo los actores los interpretan y las posibilidades que tienen para innovar e improvisar sobre lo ya rutinario; de allí que proporciona un modelo teórico alternativo basado en el estudio pragmático de la relación coconstitutiva entre tácticas, estrategias e identidades/intereses de los actores y sus contextos.
13 Estos materiales fueron citados como antecedentes de la investigación, recogiendo los relevamientos del Programa de Investigación sobre el Movimiento de la Sociedad Argentina (PIMSA) en Cotarelo e Iñigo Carrera, 2004; Cotarelo, 2016. También del Grupo de Estudios sobre Protesta y Acción Colectiva (GEPSAC) y, en vinculación con este, la plataforma interinstitucional de Estudios sobre Movilización y Protesta Social que cuenta con bases de datos sobre eventos de protesta en los 40 años de democracia argentina, en Natalucci et. al., 2013; Pérez y Pereyra, 2013; Natalucci y Fernández Mouján, 2022.
14 La identificación de vecinos remite a actores que habitan en proximidad unos con otros, movilizados en torno a la cuestión territorial-barrial; mientras que los ciudadanos se nuclean a partir de reconocerse como miembros de una misma comunidad política.
15 Las noticias del periódico Puntal fueron recuperadas a partir del relevamiento realizado por el equipo de investigación en el Archivo Histórico Municipal de la ciudad e Rio Cuarto. Estas ediciones no se encuentran digitalizadas, tampoco muestran la firma de un periodista/autor en particular. De allí que se optó por dejar el título de las noticias y la fecha en que fueron publicadas en las referencias bibliográficas.
16 Se entiende como una medida que consiste en la paralización de las actividades de uno o varios establecimientos o actividades económicas, por decisión del empresario o patrón (tanto de índole agrario, comercial y/o industrial). En el caso que nos atañe se trataba del cese de la comercialización de granos por parte de los productores agrarios durante más de tres meses.
17 En el caso argentino, las manifestaciones con las cacerolas ya se habían registrado en los últimos dos años de la dictadura cívico-militar (1976-1983) y durante la presidencia de Raúl Alfonsín (1983-1989), pero adquieren masividad y repitencia cotidiana en el contexto de la crisis del 2001.
18 Si bien la modalidad de los escraches había sido popularizada en Argentina por la agrupación HIJOS, a mediados de los 90, para visibilizar y repudiar en sus domicilios a los represores de la última dictadura cívico-militar, sostenemos como novedoso que en el contexto del 2001 y 2008 tuvieron como destinatarios a políticos y funcionarios depositarios del malestar social.
19 El corralito remitía a un virtual congelamiento de los depósitos bancarios que afectó tanto las cuentas de ahorros como las de libre disposición del dinero de los salarios.
20 Ello se explica en tanto el piquete era identificado como repertorio de los trabajadores desocupados y los cacerolazos como repertorio de las clases medias (sobre todo ahorristas descontentos con el corralito). Ambos sectores actuaron mancomunadamente en las protestas del ciclo 2001-2002 (especialmente durante las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001) en el área metropolitana de Buenos Aires (Pereyra et al., 2008).
21 Ver nota 17.
22 A partir de agosto de 2016, en ocasión de la marcha por “Paz, Pan, Tierra, Techo y Trabajo” que partió del Santuario de San Cayetano en Buenos Aires, estos actores se nuclearon activamente bajo la bandera de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP).
23 Hacia octubre de 2001 la tasa de desocupación en Río Cuarto era de 12,1% (INDEC-EPH, tercer trimestre 2001) y hacia diciembre registraba un crecimiento del 35% (Puntal, 2002a). Por su parte, en el 2016 la tasa de desocupación era del 9,1% (INDEC-EPH, cuarto trimestre 2016) con una tendencia al alza, ya que un año antes era de 7,7% (INDEC-EPH, tercer trimestre 2015) y dos años antes era de 6,7% (INDEC-EPH, cuarto trimestre de 2014).